A siete meses del #Portadazo

Es linda y profunda la estación Chiado del metro de Lisboa. Limpia e impoluta y, de remate, tiene WiFi libre.

Ese 4 de enero, el invierno no era cruel. En la capital portuguesa hacía un clima  parecido al de Quito. Eran como las 18:00 y yo me bajaba del metro.
Cuando empezaba a subir las escaleras, para llegar al Largo de Chiado, de repente…

Bip…bip…bip…bip…

El WiFi había activado el Twitter y las notificaciones llegaban con inusitada frecuencia, al punto de saturar la aplicación.

Caray. Algo pasó.

Ya en la superficie, empiezo a tener idea de lo sucedido. “Saritama”, “portada”, “Últimas”, “verguenza”, “ofensa”, “marido”, “taxista”. Y así por el estilo.

No entendí mucho, no me olvidé del asunto, pero me dediqué a lo  mío.

Ya cuando eran las 22:00 en Lisboa (16:00 en Quito), en el hotel, me interioricé del asunto. Y vaya, había sacado roncha.

Esa mañana se había materializado la contratación de Luis Fernando Saritama por Liga. La sorpresa del año, el hecho inesperado, la caída del muro de Berlín futbolístico. Y Últimas no había perdido la oportunidad de hacerse notar.

La portada de la discordia, 4 de enero de 2013.

La portada de la discordia, 4 de enero de 2013.

Me puse en contacto con la gente del Diario en Quito, me dieron detalles, cómo lo habían decidido, quién aprobó, en fin, cosas internas.

Pero las puteadas no bajaban de intensidad. Todas me sindicaban a mi como el culpable, instigador, responsable, cómplice y encubridor de la portada. Les prometo que jamás terminé de leer todos los insultos y hasta fui Tendencia en Twitter durante esa tarde.

No tuve otra opción que responder esto. No sabía lo suficiente como para argumentar.

Esta es una muestra del ‘aprecio’ recibido.

Pasaron las horas y fui conociendo detalles. El más lamentable de todos fue que dos connotados pobres diablos, en su cada vez menos importante y escuchado espacio radial de las tardes en Quito, no tuvieron mejor idea que actuar como viejas chismosas y llamar a Esteban Paz para acusarme, en vivo, como el responsable de la portada.

Cumpliendo el papel de correveidiles, cual indignadas viejas vagas, este par de oligofrénicos se la pasaron metiendo carbón en contra mío. Vergüenza ajena total.

Obviamente, cegados por su bronca hacia mí, estos bobos no tomaron en cuenta que yo, hace una semana, estaba en Portugal y no sabía nada del asunto.

Entre disculpas, bromas, debates (cuando volví a Quito, una semana después, dejé clara mi posición sobre el tema en el diario), el tiempo hizo su labor y el tema quedó reducido a una anécdota.

Todo hasta hoy, cuando Esteban Paz, en el debate que tuvimos, me sale con esto.

Caray, que pena. Esteban Paz creyó el cuento ese, montado por los dos matones ya mencionados arriba.

Decepcionante, la verdad.

Solamente diré que respeto a Saritama. Siempre nos ayudó, con la mejor voluntad posible, a producciones, notas especiales (una vez me recibió en Lima, de la forma más cordial y abierta). Mal haría en maltratar a una persona de esa calidad.

Eso fue lo que pasó.

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Una respuesta a “A siete meses del #Portadazo

  1. Bien puesto en su sitio, una vez más, al Sin Cejas.

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