Una noche de fútbol en Lisboa, mi experiencia

Este post tiene su historia. Hoy, mientras cerraba la edición, en la TV apareció el partido Sporting de Lisboa – Benfica, que se jugó en el estadio Alvalade. Y me acordé como el tiempo y las aguas (?) me llevaron en enero, a ese mismo estadio.

Pues recordé que grafiqué con fotos todo lo pasé ese sábado 5 de enero, porque sabía que algún día lo iba a contar.

Y ese día llegó. Tomen asiento y lean.

Toma 15 minutos trasladarse desde la estación Rossio (una de las más céntricas) del metro de Lisboa hasta la estación Campo Grande. Faltan 45 minutos para el partido cuando llego y desde la estación al estadio hay que cruzar por un paso peatonal, repleto de gente con camisetas, chompas y bufandas verdiblancas.

Juega el Sporting Club de Portugal, el equipo de las clases medias y altas de Lisboa. La antítesis del popular Benfica. No la pasa bien el Sporting. De media tabla hacia abajo, esta vez enfrenta a un peso pluma del escenario lusitano. El Paços de Ferreira, donde Vinicio Angulo es anunciado como titular.
Ya dentro del estadio, me recibe esta imagen. La Alvalaxia, un centro comercial dentro del estadio. No tuve tiempo para recorrerlo, ya les contaré el por qué.

Bem vindo a Alvalade

Bem vindo a Alvalade

Mi plan de hacer una recorrida por los alrededores, para ver toda la cultura fútbol (!) lisboeta se truncó cuando vi la mama de las filas. En realidad, habían dos: una para que los socios retiren su boleto, otra para que quienes no son socios los compren.
Maldije el no haber podido comprar el boleto por internet. Se lo podía hacer y te mandaban al mail el PDF. Lo imprimìas y, listo, con eso entrabas.
Entonces, me nació una duda muy cochina. ¿Entro o no entro? Tengo una fobia patológica a las filas. Las aborrezco. De otro lado, ir a este partido (el único que se jugó ese fin de semana que estuve en Lisboa) era parte de la planificación del viaje y no me lo iba a perder.
Prevaleció esto último y me puse a hacer fila. Mi paciencia tuvo premio, primero porque la fila transcurría civilizadamente, sin apretujones ni vivezas. Segundo, porque avanzaba raudamente, sin problemas.

Ya estamos cerca...

Ya estamos cerca…

Después de 10 minutos de cola, estaba frente a la caja. Una pantalla te informaba las localidades disponibles, con fila, columna y número disponible. Indicabas en la pantalla dónde querías ir y pagabas. Yo lo hice con tarjeta de débito. En menos de dos minutos, tenía el boleto en la mano.

18 euros para ver al Sporting

18 euros para ver al Sporting

Pagas con tarjeta de débito y te imprimen el boleto ese rato.

Pagas con tarjeta de débito y te imprimen el boleto ese rato.

Todo bien señalizado, con número y nombre de acceso para entrar. Mi puerta de ingreso coincidió con el de la barra ‘brava’ del Sporting. Nada de amedrentamientos, miradas amenazantes, empujones. El único rasgo en común de este grupo ‘radical’ era su juventud.

Un policía te recibía la entrada y te dejaba entrar al área de los torniquetes. Pasaban el boleto por un lector óptico, piiiiiiip, luz verde y pasabas por un arco de detección de metales. A los que tenían bolsas, fundas, mochilas, se las revisaban con agilidad y paciencia.

Accesos limpios

Accesos limpios

Y ya estaba adentro. Se jugaban dos minutos y tuve esta vista, desde el fondo sur del estadio.
Frío hacía, la verdad. Poco más de 20 mil personas, menos de media entrada, para ver un Sporting triste. Mientras, en la cancha, Vinicio Angulo serpenteaba, buscando siempre al peruano Paolo Hurtado. Paços de Ferreira fue la sensación de la Liga portuguesa del año pasado.

Mi primera vista, adentro

Mi primera vista, adentro

Busco la radio para sintonizar RTP 1. La transmisión es correcta, sin estridencias, con un narrador de voz añeja, pero bien modulada, un comentarista que era un ex jugador (no pude identificar quien) y periodista al borde de campo. Las publicidades eran grabadas.
Se acababa el primer tiempo, pero Paolo Hurtado marca el gol de Paços de Ferreira. En un corral del fondo sur, al lado de la barra ‘brava’ del Sporting, no más de 10 seguidores del visitante celebran en paz el gol. La gente, empieza a silbar.
La hora del descanso es la ideal para ir al baño o al bar. Ambos, tienen filas importantes. Entonces, espero para hacerme una foto, la única que testimonia mi paso por Alvalade.
Cuando ambos equipos ya están volviendo del descanso, aprovecho para ir, primero, al baño. Entro y se me hace parecido a los que hay en Mall El Jardín. Impecables. Y ojo, no olviden, estamos en la localidad más barata del estadio.

Baños impecables, "de estadio...europeo"

Baños impecables, “de estadio…europeo”

Hago lo que debo hacer y es turno de ir al bar. Hay oferta típica portuguesa, pasabocas de ocasión y, claro, cerveza. Selecciono una biela, papas y un sandes de leitao, nada menos que pedazos de hornado dentro de una palanqueta de agua mediana. Sabroso. Pago, por todo esto, 8.50 euros, unos USD 10.

A comeeeeer.

A comeeeeer.

El segundo tiempo es desesperante. Es que el Sporting es malo de verdad y sus intentos de empatar son torpes. El visitante se defiende bien y la gente se angustia, al punto de empezar a gritar ¡ole! a sus propios jugadores. Vergonzoso.
Y así transcurre el partido. En la transmisión de la RTP 1 ponen, durante los cinco minutos finales, un efecto de sonido que simula el tic –tac de un reloj para ponerle suspenso. Les sale bien.
Y se acaba el partido. Paços de Ferreira ha ganado 1-0, la gente se va molesta, fastidiada, pero nadie grita, insulta o pide la sangre de los jugadores o el técnico. Un tipo que estaba al lado mío, cuando la megafonía del estadio anuncia que habrá tour para ir al próximo partido en Olhao, dice: “¡no va a ir nadie porque son malos!”. Es lo más hostil que escucho.

Mi ùnica foto...

Mi ùnica foto…

Afuera, todo es normalidad. La gente busca salir del estadio, algunos se reúnen para irse a otro lado después (es sábado en la noche, lindo marco de tiempo) y yo aprovecho para darme una vueltita. No hay puestos ambulantes de comida, apenas unos cuatro kioscos grandes con venta de camisetas, sombreros, gorras, bufandas (todas merchandise oficial, obviamente) y el ambiente de fútbol se va disolviendo. Para eso, yo ya estoy dentro de la estación Campo Grande, buscando el centro de Lisboa y la parsimonia de sus viejas calles…

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Una respuesta a “Una noche de fútbol en Lisboa, mi experiencia

  1. Woow… El sueño de todo hincha que disfruta del futbol… Ver y llegar al espectaculo en paz! Lastima que la gente en nuestro pais es inculta y solo gusta del relajo…

    Bueno fuera poder entrar al estadio sin problemas, llegar caminando y saber que no va a aparecer un delincuente a querer quitarte la vida o uno de los tipicos parasitos a cerrarte para pedirte 1 dolar, porque si no les das te hacen pasar un mal rato.

    Buen post.

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