Archivo mensual: enero 2014

#YoPorquePuedo Tour: Tarjetitas

El soundtrack oficial para leer este post

¿Se va a acabar la época del papel moneda? ¿Los billetes entrarán en desuso y todo será electrónico o, en el peor de los casos, plástico? No quiero entrar ese debate al que contribuirán, con sobra de conocimientos, economistas y profesionales afines. Lo que quiero es hablar de mi experiencia sobre el uso del dinero ‘virtual’.

Empezaré por Hong Kong, donde la tarjeta Octopus es reina madre. Este sencillo pedazo de plástico es tan útil como un paraguas en medio del aguacero, pues prácticamente sirve para todo.

El ocho es el símbolo chino de la buena suerte, de ahí su uso en el nombre de la tarjeta.

El ocho es el símbolo chino de la buena suerte, de ahí su uso en el nombre de la tarjeta.

Esta tarjeta nació, principalmente, para pagar el transporte público (metro, buses, trenes, ferrys), pero su uso fue tan práctico que ahora sirve, incluso, hasta para entrar a edificios, casas o clubes.

El procedimiento es sencillo. Vas a cualquier estación del MTR (el meto de Hong Kong), pagas 150 dólares hongkoneses, cerca de USD 20, y está listo. No hace falta mostrar identificación ni otra cosa. Pero claro, si pierdes la tarjeta, te fregaste porque no te reconocen el saldo que tenías.

De esos 150 dólares hongkoneses que pagas, 50 son por concepto de la tarjeta y 100 de recarga inicial. Con esos 100 dólares andas tranquilo y sin pesares unos dos días.

Toma en cuenta que el costo del pasaje en bus (un medio de transporte por demás útil, seguro, limpio y cómodo en esta ciudad) es de  USD 50 centavos y el tramway –al que dedicaré un capítulo especial- cuesta USD 30 centavos el viaje.

El metro es un poco más caro, te cobra de acuerdo a la distancia. Cuando entras a la estación, acercas tu tarjeta al molinete, piiiiiiiiiiiii, y listo, puedes entrar. A la salida tienes que hacer lo mismo y así te van descontando de tu saldo. La ventaja es que, si pagas con Octopus, hay un descuento en relación a si tienes que comprar el boleto.

Hablaba de lo útil que es la Octopus porque con ella puedes pagar hasta en los restaurantes de comida rápida, los Seven Eleven (minisuper) y hasta los taxis. Se puede programar la tarjeta también para que sirva de llave para entrar a edificios de departamentos. Un amor (?).

"Suica" en japonés quiere decir sandía.

“Suica” en japonés quiere decir sandía.

En Tokyo pasa algo parecido. La diferencia es que acá hay varias opciones de tarjetas, pero la más popular es la Suica.

La Suica es emitida por Japan Railways y cuesta 2 mil yenes (USD 20), de los cuales 500 son por concepto de la tarjeta y 1500 de saldo. Hay máquinas dispensadoras en inglés y japonés donde compras tu tarjeta y la recargas. En estas máquinas incluso puedes averiguar el detalle de uso de la tarjeta y te lo entregan impreso en una tarjetita.

En el caso de la capital japonesa, la Suica te sirve para pagar en el metro (cualquiera de las empresas que manejan el metro, sea Toei o Tokyo Metro), en el tren, los combinis (minisuper en japonés), máquinas dispensadoras, lockers para equipaje en las estaciones y demás. En cuanto al autobús, aparte de no ser un medio de transporte friendly para el turista, hay algunas líneas que no la aceptan.

Su funcionamiento es igual al de la Suica. La posas sobre el lector a la entrada y la salida. Recuerda que acá el pasaje en metro o tren se paga de acuerdo a la distancia recorrida.

Tiene incluso una modalidad para teléfonos móviles, que es un chip que se adapta y hace que pagues con el saldo que tienes disponible en tu plan celular.

No tienes idea la forma en que evitas colas si tienes esto.

No tienes idea la forma en que evitas colas si tienes esto.

En Ciudad de México, finalmente, hay la Tarjeta del Distrito Federal que te sirve exclusivamente para el metro y el metrobus. De hecho, en este último sistema de transporte solamente puedes pagar con ella, pues no aceptan dinero. Su funcionamiento es sencillo: en la misma ventanilla donde compras el boleto para el metro haces que te la recarguen y, para entrar al andén, la pasas por el lector.

En el metrobus lo haces el momento de entrar a la estación o, en el caso de las líneas que tienen parada sin puertas, pagas en el lector que está en la entrada del bus. Cuesta 10 pesos (como USD 80 centavos) y aparte lo que le cargues.

Modalidades prácticas y sencillas que tan fácil pueden hacerte la vida. ¿Cuándo algo de eso por acá?

Anuncios

#YoPorquePuedo Tour: Mirando Tokyo en la noche desde la Tokyo Tower

¿Puedo decir: “oh, que lindo es Tokyo”? Pues todo lo visto y caminado no me deja otra opción que creer que esta ciudad no es linda. ¿Y, entonces, qué es?

Este post empezará con una verdad  demoledora. Con conocimiento de causa puedo  concluir que Tokyo no es una ciudad bonita.

Hay un argumento que me faculta a ser tan terminante: la capital japonesa no tiene escenarios naturales significativos que ayuden a formar un paisaje. El monte Fuji está muy lejos y aparece solamente los días muy despejados.  Aparte, los ríos que cruzan la ciudad han sido ocultados casi con vergüenza, la bahía está más cerca de Yokohama y la isla principal de la costa (Odaiba) es… ¡artificial!

Es decir, puedo nombrar cientos de ciudades (Río de Janeiro, Quito, Hong Kong, Nueva York…) que tienen un mejor marco natural.

Pero, en el ránking de espectacularidad, Tokyo es primera en el mundo y a varios cuerpos de distancia.

La vieja Edo es impactante, un estallido de sensaciones, inabarcable con una sola mirada. Irresistible porque sabes que no te la podrás comer ni en uno ni en dos bocados.

Como no hay Panecillo, Victoria Peak o Corcovado que ayude a mirar la metrópoli, pues los japoneses elevaron la Tokyo Tower y santo remedio.

La torre, vista desde el acceso.

La torre, vista desde el acceso.

Lo primero que me sorprendió de la Tokyo Tower es su ubicación. No está, como podrías creer, en el cruce de dos grandes avenidas o en una plaza céntrica. Para nada. Este armatoste, inspirado en la Torre Eiffel de París, está metido en un vecindario fino de la zona de Azabudai. Por ahí hay un par de embajadas cerca (recuerdo haber pasado por la de Rusia).

Llama la atención que la torre esté pintada de rojo y blanco. No es ninguna alegoría a la bandera local, sino una regulación de aviación.

Metida entre edificios está la torre. En sus bajos hay cuatro pisos de locales comerciales, restaurantes  y la taquilla. La entrada al mirador cuesta 820 yenes.

Fui uno de las 3 millones de turistas que, anualmente, pasan por este sitio que no está hecho solamente para que los noveleros vayamos a tomarnos fotos. De ninguna manera. La Tokyo Tower fue levantada, básicamente, para que los canales de TV puedan desplegar sus señales lo más lejos posible.

El boleto a las alturas

El boleto a las alturas

Pagas y te suben a un ascensor que trepa 150 metros al primer mirador, el que permite una vista de 360 grados.

Es imposible no estremecerse ante el panorama que ofrece este sitio. Tienes indicadores digitales que te dicen dónde están ubicados los edificios y puntos más importantes de la ciudad.

Es embobante. Pasé media hora dando vueltas por el sitio, sacando fotos y, claro, conmoviéndome. Acá algunas de las vistas.

CAM01073

CAM01089

CAM01080

CAM01083

CAM01103

Claro, nunca puede faltar un hecho llamativo. En el mirador exhiben una pelota de béisbol que nadie sabe cómo diablos fue a parar a la antena principal de la torre, a 330 metros de altura.

La pelotita de marras

La pelotita de marras

Así fue que encontraron la pelota.

Así fue que encontraron la pelota.

Hay un segundo mirador, más alto, a 250 metros del piso. Cuesta como 250 yenes más acceder allá, pero ya no me hizo falta. Con lo que observé, tenía suficiente.

Y desde ese día tengo en la cabeza el debate sobre qué prefiero. No me decido entre lo naturalmente bonito o aquello que está hecho para impactar.  Hablo en todos los órdenes de la vida…

#YoPorquePuedo Tour: Una cena con carne de serpiente en Shanghai

Si no es aquí donde voy a probar cosas inusuales, fuera de programa, ¿dónde más lo haré? Pues sacrifiqué mis temores -y algo de plata también, todo hay que decirlo- para vivir una experiencia gastronómica diferente.

Efectivamente, en Asia se come cosas inusuales. Pero no es que en cada esquina te ofrezcan un pincho de alacranes o filete de medusa. De ninguna manera. Las preparaciones que para los occidentales  pueden ser tabú se encuentran en lugares y circunstancias específicas.

Así, empecemos por uno de los platos que más chocantes pueden resultar para nuestra mentalidad: el perro. La carne de este animal doméstico es de consumo usual, sobre todo, en Vietnam, China y Corea durante el verano.

En invierno no la encuentras, a diferencia de la carne de serpiente. El ofidio es uno de los platos preferidos para enfrentar el frío.

Estoy en el Bund de Shanghai, es domingo a la noche y hace hambre. Me da ganas de algo tradicional. Un patito a la laca puede ser. Hay restaurantes abiertos, pero no ofrecen lo que quiero.

Hasta que, tras un cuarto de hora de andar, encuentro lo que busco: un sitio tradicional, nada turístico, pero bien decorado y fino, donde mi presencia desconcierta. Aparte de un tipo europeo que habla con quien aparente ser el dueño del si tio, el único occidental es su servidor y amigo.

El sitio está lleno, pero eso no suele ser problema en China. Apenas entras, los camareros te  ubican en la primera silla que esté desocupada, así  la mesa esté ocupada por una familia que festeja el cumpleaños de la abuela. Si ellos no se hacen problema, yo tampoco.

Me toca sentarme junto a una pareja que ni me regresa a ver. En eso llega la carta. Oh sorpresa, me hallo con esto:

¡Serpiente!

¡Serpiente!

Serpiente en muchas variantes. En salsa, frita, a la brasa. Claro, no era barato, los precios de esta sección de la carta eran el 50% más caros que el resto.

Me enfrento a la disyuntiva: o pido algo más convencional o me expongo a la aventura. La respuesta fue: chulla vida, a probar algo que, probablemente, no comeré nunca más.

Me inclino por “Fried sliced snake whit sliced bamboo shoot, lotus root, water chestnut and celery”, es decir: serpiente en rodajas con brote de bambú, raíz de loto, castañas de agua y apio (mismo que pedí que omitan). Arroz aparte, naturalmente. ¿Comida asiática sin arroz? Nunca.

Ansioso, apenas puedo beber el té que te pasan apenas te sientas. Caray, me arrepiento, no me vaya a caer mal y me arruina los días que queda… ¿Qué sabor tendrá?….En fin, no se demoran y llega el pedido:

Primera impresión: el plato no resultó tan grande como pensaba. Mientras, me da la noica y creo que el mesero y la pareja que está en la mesa se burlan de mí. ¡Qué me importa! Los palillos empiezan a trabajar y, tras el primer pedazo de carne, la primera sensación: la carne es grasosa.

El banquete

El banquete

¿El sabor? Fuerte, pero no desagradable. Es distinto, no sabe ni a res, ni a pollo, ni a pescado. Puede decirse que se parece una carne apanada algo dura y gruesa, muy sazonada. Tiene una estructura dura, casi como de embutido tipo salami y no se deshace, hay que masticar para obtener el jugo de la carne.

Los brotes de bambú y loto son una buena mezcla, que suaviza la intensidad del plato. Unos sorbos de té y, listo, la experiencia acabó.

Llega el momento de pagar. El chistesito salió por 450 renminbi, unos USD 73. Como experiencia, valió la pena. Tener algo que contar y recordar es invaluable.

De todas maneras, no recomiendo este plato a los espíritus débiles o impresionables.

¡Manos a la obra!

¡Manos a la obra!

#YoPorquePuedo Tour: El Nippon Budokan se prende solamente para mí

¿Es cierto que los japoneses son tan considerados, respetuosos? ¿O es solamente un mito propagado por las películas? Acá les cuento una de las experiencias que tuve.

La peregrinación al Nippon Budokan era uno de los puntos clave de mi agenda en Tokyo. Tras establecer la ruta, llegué a tan mítico lugar. El post sobre esa visita vendrá el momento menos pensado.

Una vez ahí, busqué alguien que atienda. Casi cuando terminaba de rodear el contorno del coliseo, encontré la oficina. Ahí estaba una recepcionista.

Le expliqué en inglés que era mi intención poder ingresar al sitio, si no había problema. Ella ni lo dudó y llamó a una compañera suya para guiarme.  Mientras llegaba mi guía, se produjo un diálogo de este tenor con la recepcionista:

–          Where are you from?

–          Ecuador.

–          Tooooo faaaaaaaaaaaar.  Honor me you came so far to see my country.

Glup. La japonesita lo decía de una forma tan natural, lejos de las fórmulas de relaciones públicas cuyo vacío y falsedad uno detecta al paso. Lo decía, si cabe el término, desde el alma. Cada palabra era parte de su voz, su mirada, sus ojos, su respiración.

Llegó la guía, quien me llevó adentro del escenario y me explicaba detalles de la construcción, los eventos más importantes, en fin. Sin una pizca de apuro o molestia ante el extraño ojos redondos que era yo.

Era el momento de las fotos. La primera que me sacó fue esta:

La primera foto...

La primera foto…

Mientras yo seguía tomando otras, ella me dijo:

–          Hold a minute, please.

Y se fue por la misma puerta que entramos. “Tendrá que hacer algo en la oficina, le llamaron”, creí.

No demoró en venir un estallido de luces. ¡Pum! Los focos del Nippon Budokan se prendían como si fueran a pelear Hiroshi Kobayashi y Takeshi Fuji por el título del mejor boxeador nipón  de todos los tiempos.

Fue muy rápido. Mientras reaccionaba, la guía ya estaba frente a mí, diciéndome con un entusiasmo casi infantil:

–          I’ll take a better photo now!

Y el resultado fue este:

La segunda foto...

La segunda foto…

Tras esto, nada fue igual. Seguía atontado por encontrarme en un sitio tan significativo, pero también por palpar que la civilidad, respeto, cordialidad de los japoneses no son mitológicos. Son valores sencillos, reales y cotidianos.

Tras haber visto todo cuanto quise y pude, me despedí. Fui a la oficina a agradecer con innumerables y cada vez más inclinadas reverencias la amabilidad de estas funcionarias.

Y me fui pensando: ¿qué pasaría si un japonés pide que le dejen ver el coliseo Rumiñahui?

#YoPorquePuedo Tour: Mi encuentro íntimo con un inodoro japonés

“Los inodoros en Japón son extraños, electrónicos y hasta con música”. Ese es el mito divulgado en occidente. Con mis propias palabras y experiencias, intentaré explicarles de qué mismo se trata.

Llegué a Tokio un lunes, a las 00:00. Tras algunas horas de descanso en un hotel cabina (estancia que exige una crónica propia), tenía la mañana para el más noble oficio viajero: deambular. Pero también era la hora del desayuno.

Pasé entonces por una cafetería muy discreta, de tipo occidental, en el barrio de Ikebukuro. El desayuno, sin ser espléndido, fue satisfactorio.

Entonces, la naturaleza me llevó a uno de los encuentros que más esperaba: con un inodoro de tipo japonés.

El famoso adminículo

El famoso adminículo

La primera impresión fue mala. Los baños, en general, son estrechos en Japón. El espacio para maniobrar adentro es mínimo. Pero, todo se borró el momento de sentarme en el inodoro.

Ni bien te posesionas (¿?) del sitio, el sistema de calefacción interno de la taza se pone en funcionamiento y provoca una sensación bienhechora, reconfortante, sobre todo si tomas en cuenta que afuera no tenemos más que  5 grados centígrados de temperatura.

Era pues el momento de analizar qué opciones nos ofrece el control remoto que está a la derecha, a ver qué mágicas cosas es capaz de hacer.

Pues tras un largo y exhaustivo análisis de varios inodoros a lo largo de la geografía de Tokio y prefecturas aledañas, llegué a la conclusión que todos hacen básicamente lo mismo. Paso a enumerar.

–          Limpieza posterior (quien quiere entender, entienda)

–          Limpieza anterior y posterior (recomendable para damas)

–          Chorro de agua caliente o fría

Nótese el botón que dispara la música.

Nótese el botón que dispara la música.

Sin embargo, ha llegado el momento de esclarecer un mito: si, existen los inodoros con “música”.  No es que aprietes el botón con la corchea y se escuche esto. En el caso del que a mí me tocó, en un McDonalds de Roppongi, lo que sonaban eran cantos de pajaritos, arrullo de hojas al viento.

El encuentro más íntimo lo tuve en las cuatro paredes de mi cuarto de hotel. Llegado el momento de utilizar el inodoro, puse en uso los botones que disponía.

El botón de limpieza posterior pone en marcha un adminículo que, creo yo, será algo parecido a un cepillo de dientes. El cepillo, o lo que diablos sea, entra sin pudor y ejecuta su función.

El control remoto puede estar ubicado también a un lado.

El control remoto puede estar ubicado también a un lado.

¿Cuál es la sensación? Invasivamente refrescante. A la primera ocasión, vas a sentir… que te puedo decir… una suerte de miniviolación. Pero una vez que te acostumbras, ya no te sorprenderá.

Intenté ver de qué se trataba el tal cepillo, pero el mecanismo no se acciona si no hay alguien sentado. Una prueba más que Japón es país de misterios…

El hecho es que, tras algunos minutos, más de los que estamos acostumbrados a estar en un retrete occidental, vas a salir limpio y fresquito como un bebe recién talqueado.

Hoy, en Quito, me siento en el baño y algo de mí espera que esa sensación se repita…

#YoPorquePuedo Tour: Las calles de Macao

La herencia portuguesa de Macao se siente en sus calles. Todas las vías del centro de esta ciudad – estado asiática tienen nombres que, perfectamente, calzarían en Lisboa. Coimbra, Sao Paulo o Río. 

Pero, cuidado. A un taxista no le vayas a pedir que te lleve a la “Praça Luís de Camões”. No. El portugués, pese a ser lengua oficial, es privilegio de alguna élite y descendientes directos de los conquistadores (menos de 2% de la población, según cifras oficiales).  El pueblo llano habla cantonés y las calles, plazas y demás lugares tienen su nombre de uso diario en este idioma.

Acá, algunas señalizaciones viales:

CAM00608

CAM00609

CAM00610

CAM00612

CAM00615

CAM00619

CAM00620

… y, por último, la calle por la que todos deberíamos procurar transitar:

CAM00623

#YoPorquePuedo Tour: Macao, Europa en Asia

CAM00617

Macao es el símbolo del poderío conquistador de Portugal. La expresión de las ambiciones de esos marinos provenientes del más pequeño rincón de Europa. Desde Lisboa hasta la China y más lejos. ¿Qué tiene de pintoresco este rincón enclavado en la zona de mayor crecimiento del mundo?

Peino con mi vista el mapa de Asia, desde Estambul hasta Tokio, y no encuentro un rincón con sabor europeo más acentuado que Macao. De repente, el Beirut de los años 70 (llamada la “París de Medio Oriente”) podía tener ese calificativo. Pero las bombas hicieron su parte y muy poco de eso queda.

Ponte que te secuestran, te dopan y te meten en un avión. Una vez despierto, apareces al pie de este edificio.

El Largo do Senado.

El Largo do Senado.

“Caray”, dirás, “estoy en el centro de Sao Paulo, Río de Janeiro o Lisboa”. Vas a caminar una cuadra y seguirás pensando lo mismo, hasta que esos rostros amarillos y de ojos rasgados te confundirán.

Ensayas un “desculpe, senhor…” y nadie te va a entender, pero te invitarán a entenderse por el universal y casi infalible lenguaje de las señas.

Sonríe: no estás ni en Brasil, ni en Portugal. Estás en Macao.

Conquistada por portugueses en 1553, esta ciudad – estado tuvo el dominio de su metrópoli hasta 1999. Ni siquiera el colapso del imperio  (1974) en Lisboa provocó su independencia o anexión a China. Legalmente, Macao fue el penúltimo territorio colonial liberado del planeta. (Timor fue el último).

Y la herencia es evidente, no tanto por el idioma (acá se habla cantonés, pese a que el portugués es idioma oficial y utilizado en el sector público), sino por la arquitectura.

Para entenderse bien en cantonés, portugués e inglés

Para entenderse bien en cantonés, portugués e inglés

Iglesias de estructura colonial, edificios de tipo peninsular europeo, pisos de piedra baldosa portuguesa mimetizan a esta ciudad de casi 600 mil habitantes.

Macao es famosa por sus casinos, que poco me importan pero que igual visité por cultura general. Resumiendo:  lujo asiático y artificial, todo muy producido. Igual, atendiendo a ese mismo concepto de cultura general, les dejo un par de fotos.

Centro comercial copia, buena pero copia al fin, de un escenario europeo.

Centro comercial copia, buena pero copia al fin, de un escenario europeo.

Esperpénticos 58 pisos del Grand Lisboa Casino Hotel

Esperpénticos 58 pisos del Grand Lisboa Casino Hotel

Hotel Sands, en Cotai

Hotel Sands, en Cotai

El Venetian Hotel

El Venetian Hotel

Entrada del Hotel Sands, fácil era de 3-4 pisos.

Entrada del Hotel Sands, fácil era de 3-4 pisos.

Pero la realidad innata de Macao está en sus calles viejas, estrechas y atestadas:

CAM00602

CAM00607

Las Ruinas de Sao Paulo, el punto emblemático de la ciudad.

Las Ruinas de Sao Paulo, el punto emblemático de la ciudad.

A Macao llegas fácil. Tiene su propio aeropuerto internacional y está a 75 minutos de Hong Kong en ferry, habiendo dos puertos (el central y el de Cotai, más cerca de los centros comerciales y los casinos) a los que puedes llegar.

La moneda es la Pataca (7.75 por 1 USD), pero se aceptan tambien renminbis chinos y dólares de Hong Kong. No es tan caro, en comparación a su vecino y a Japón.. Por ejemplo, tienes desayuno buffet en un hotel 5 estrellas por 10 USD, almuerzas con todas las de la ley por USD 5.

Pese a que es una ciudad pequeña, el transporte puede ser complicado. Los taxis,extrañamente, dejan de circular en la noche y debes regirte por el autobús que, al menos, tiene sus paradas y rutas en portugués. No hay metro. Cuídate del tráfico, porque hay una plaga de langostas en forma de motonetas que se meten por cualquier lugar, hasta las veredas.

Si eres ecuatoriano, vas a necesitar visa. Pero no te preocupes, en el puerto de llegada, en la ventanilla de migración, debes pagar 100 dólares de Hong Kong (USD 12,90) y te la expiden en el acto.

Venta de carne seca de chancho, pollo, res y serpiente.

Venta de carne seca de chancho, pollo, res y serpiente.

Tengo un segundo capítulo para Macao. Dedicado en integridad a sus calles y sus nombres. No se lo pierdan.