#YoPorquePuedo Tour: El Nippon Budokan se prende solamente para mí

¿Es cierto que los japoneses son tan considerados, respetuosos? ¿O es solamente un mito propagado por las películas? Acá les cuento una de las experiencias que tuve.

La peregrinación al Nippon Budokan era uno de los puntos clave de mi agenda en Tokyo. Tras establecer la ruta, llegué a tan mítico lugar. El post sobre esa visita vendrá el momento menos pensado.

Una vez ahí, busqué alguien que atienda. Casi cuando terminaba de rodear el contorno del coliseo, encontré la oficina. Ahí estaba una recepcionista.

Le expliqué en inglés que era mi intención poder ingresar al sitio, si no había problema. Ella ni lo dudó y llamó a una compañera suya para guiarme.  Mientras llegaba mi guía, se produjo un diálogo de este tenor con la recepcionista:

–          Where are you from?

–          Ecuador.

–          Tooooo faaaaaaaaaaaar.  Honor me you came so far to see my country.

Glup. La japonesita lo decía de una forma tan natural, lejos de las fórmulas de relaciones públicas cuyo vacío y falsedad uno detecta al paso. Lo decía, si cabe el término, desde el alma. Cada palabra era parte de su voz, su mirada, sus ojos, su respiración.

Llegó la guía, quien me llevó adentro del escenario y me explicaba detalles de la construcción, los eventos más importantes, en fin. Sin una pizca de apuro o molestia ante el extraño ojos redondos que era yo.

Era el momento de las fotos. La primera que me sacó fue esta:

La primera foto...

La primera foto…

Mientras yo seguía tomando otras, ella me dijo:

–          Hold a minute, please.

Y se fue por la misma puerta que entramos. “Tendrá que hacer algo en la oficina, le llamaron”, creí.

No demoró en venir un estallido de luces. ¡Pum! Los focos del Nippon Budokan se prendían como si fueran a pelear Hiroshi Kobayashi y Takeshi Fuji por el título del mejor boxeador nipón  de todos los tiempos.

Fue muy rápido. Mientras reaccionaba, la guía ya estaba frente a mí, diciéndome con un entusiasmo casi infantil:

–          I’ll take a better photo now!

Y el resultado fue este:

La segunda foto...

La segunda foto…

Tras esto, nada fue igual. Seguía atontado por encontrarme en un sitio tan significativo, pero también por palpar que la civilidad, respeto, cordialidad de los japoneses no son mitológicos. Son valores sencillos, reales y cotidianos.

Tras haber visto todo cuanto quise y pude, me despedí. Fui a la oficina a agradecer con innumerables y cada vez más inclinadas reverencias la amabilidad de estas funcionarias.

Y me fui pensando: ¿qué pasaría si un japonés pide que le dejen ver el coliseo Rumiñahui?

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Una respuesta a “#YoPorquePuedo Tour: El Nippon Budokan se prende solamente para mí

  1. La amabilidad es algo que nos falta en Ecuador particularmente en Quito.
    es fácil darse cuenta de lo agresivos que somos. es cuestión de salir a manejar por Quito. O pedir orientación.

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