¿Por qué voté por Mauricio Rodas?

¿Qué hizo (o qué le hicieron) para que me decida a votar por él?

¿Qué hizo (o qué le hicieron) para que me decida a votar por él? (Foto El Comercio)

Las tres primeras semanas de enero las pasé fuera del país. Esa ausencia coincidió con el encendido de la campaña electoral. Esta campaña, como las últimas, poco me ha interesado por su escaso balance. Por un lado, pensaba que las candidaturas oficialistas aparecían casi destinadas al triunfo. Creía, erradamente, que sea quien sea que pose junto a Rafael Correa estaba ‘condenado’ a una victoria incontestable. Así, poco interesa la política.

Lo mismo pensaba antes de que arranque la campaña para la alcaldía de Quito. Suponía que Augusto Barrera, sin reparar en lo insufrible de su gestión, tenía la reelección garantizada ante un insípido Mauricio Rodas. Sin embargo, dos días después de haber vuelto, me tocó agarrar un taxi desde el hotel Hilton a El Comercio. Todo cambió desde ahí.

Al subirme, me di cuenta que en el parabrisas posterior había un adhesivo de “Rodas Alcalde”. No le presté mayor atención, hasta que, a la altura de El Trébol (lugar simbólico del cataclismo vial que es Quito) el taxista me consultó:

–          ¿Usted ya tiene candidato?

–          Todavía no, pero veo que usted ya…

–          Si, en la Federación (de Taxistas) todos estamos con Rodas.

Click. A partir de ese momento, entendí que las cosas iban a ser diferentes. Los taxistas agremiados en Quito son una fuerza poderosa. En los últimos diez años, no menos de dos o tres veces, pararon la ciudad a su exclusivo arbitrio.

Me interesé en el tema y el taxista me empezó a explicar las razones de este impensado apoyo. Resumiendo, les molestaba lo mismo que al resto de quiteños inconformes: invisible reforma vial, multas exageradas, exceso de presencia municipal… en fin.

Pasaron los días y veía ambas campañas a la distancia. Por un lado, Barrera aparecía desgastado gracias a su escaso carisma, excesiva dependencia del poder central y a la palpitante realidad que nos muestra una ciudad que no encuentra nada más que parches para arreglar sus problemas.

Por otro lado, Rodas se erigía como una figura nueva, distinta y lo suficientemente inteligente como para no aparecer pegado a parte de su plataforma (Antonio Ricaurte), que no es vista con confianza por importante sector de la población.

Yo, en el medio, indeciso. A Barrera lo descartaba de entrada y Rodas no me convencía lo suficiente, más que por sus vinculaciones, porque sus intenciones aún no me quedaban (y no me quedan) claras.

Igual, no le paraba mucha bola al asunto, porque pensaba que el triunfo oficialista era inminente e inevitable, aún cuando el clima era diferente al de otras elecciones por lo que expliqué arriba. Pensé, incluso, en votar por alguno de los otros candidatos, porque eso de anular no va conmigo.

Pero las encuestas aparecían poco a poco y lo que primero fue un rumor se hizo voz: Rodas estaba cerca de Barrera. La cosa se volvió interesante, sobre todo cuando quienes trabajamos en esto de los medios nos enteramos de que estaban empatados, hace unas tres semanas.

Casualmente, apareció en escena el despliegue más elocuente de política de estercolero. Tengo claro el momento en que esto empezó: cuando un alto funcionario de gobierno publicó, como que si fuera el prontuario de algún delincuente común,  la tarjeta que Rodas usaba cuando era dirigente de las Juventudes Socialcristianas.

Esa fue la descalificación que dio señal de partida a la campaña más sucia que yo recuerde, a la altura de lo que fue Borja – Bucaram en 1988 o a una réplica en escala de Vargas Llosa – Fujimori en 1990. El ventilador estaba prendido en contra de Rodas, aunque él  y su equipo tuvieron errores muy cuestionables, como el de la foto de Juan Fernando Velasco.

Estuve atento al debate. La conclusión que saqué de ese encuentro en Radio Visión fue que Rodas empezó aplomado y Barrera desesperado. También que Barrera logró cerrar mejor, ante un Rodas que ya no tenía más que decir, por culpa de la mala estructura del encuentro. Duró 2 horas y media, cuando con una hora bastaba. Ni como culparle a Diego Oquendo. Él hizo lo que tenía que hacer, desde su óptica de empresario,  y le sacó el jugo al rating.

Tras el debate, todos se soltaron las trenzas y Rodas se volvió un blanco móvil de descalificaciones absurdas y del uso inmoral de un aparato público que debería servir para mejores cosas que para salvar a un mal candidato que es incapaz de aprovechar 20 puntos porcentuales de ventaja ante un rival sin una propuesta abrumadora.

Por eso me decidí a votar por Rodas. No porque ofreciera los cambios o reformas radicales que yo creo necesita Quito. El mío fue  un voto protesta, en contra del saldo negativo que deja la alcaldía de Barrera (que tiene cosas destacables, como los programas tipo Sesenta y Piquito o la gestión de la Dirección de Deportes) y de la grotesca campaña sucia que el gobierno armó. Siento que es mi deber ponerme del lado opuesto a maquinaciones como esas.

Por lo demás, no espero que Rodas sea el salvador de Quito. Primero, porque la capital no necesita salvadores, sino mandatarios eficientes y decididos. Segundo, porque creo que más podemos hacer nosotros, en nuestra vida diaria, para que esta ciudad recupere el brillo que, indudablemente, ha perdido.

Lo que sí espero de Rodas es honradez, sinceridad y trabajo, amén de programas más claros que eso de ofrecer grandes festivales musicales. Confío en que sea capaz y que le vaya bien. Su éxito será el de la ciudad.

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Una respuesta a “¿Por qué voté por Mauricio Rodas?

  1. Ernesto Javier Paspuel Revelo

    Una historia bien relatada, pero desde un ángulo particular (lógico, cada persona mira y destaca lo que considera relevante), sin embargo decir que esta capital ha perdido el brillo es exagerar, es desconocer decisiones y acciones que en cambio las personas que están de tránsito por esta urbe, añoran tener en su ciudad; detallar las mismas en este comentario también sería equivocado, sería desconocer los errores que la Administración de Augusto Barrera sí cometió.
    Sí concordamos en que, mientras el residente en esta ciudad considere que movilizarse solo (sin compañia), en auto propio, a cualquier parte de la ciudad, a cualquier hora y sin tráfico, es su ideal de administración exitosa, no habrá Autoridad que le satisfaga.
    Al final en cuatro años veremos qué piensan los que ahora decidieron votar por Rodas.

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