Metallica y la violencia del rock

¿Qué envuelve la energía de esta música? ¿Qué es capaz de provocar? Mucho… Acá, un análisis que evita entrar en el campo de los prejuicios para explicar todo con hechos palpables.

Imposible estar contra los apetitos lícitos de la gente. (Foto El Comercio)

Imposible estar contra los apetitos lícitos de la gente. (Foto El Comercio)

Vamos a empezar con una verdad escrita sobre piedra: todos tenemos el derecho de escuchar la música que queramos, de ir a los conciertos que nos plazca. El debate NO va por ahí. El libre albedrío que no atenta contra la convivencia social es intocable.

Convivencia. La palabra base para sustentar mi análisis es esa. Quiero partir por un hecho que también me resulta innegociable: no debe existir evento masivo o concierto en el mundo que merezca alterar la paz y la integridad física de un ciudadano. Se llame este Metallica o Chicha Fest.

El reporte de José Serrano, ministro del interior, es claro: hechos alrededor del concierto Metallica dejaron un total de 44 detenidos. No voy a entrar en el debate de que “44 no son nada al lado de los 40 mil que fueron”. Obvio pues.

Estos 44 detenidos por la acción policial se encontraban subvirtiendo el orden, afectando a quienes, por desgracia, viven en la zona o a peatones. ¿Merece alguien el castigo de que “en nombre del rock” le rompan los vidrios de su casa?

Hay que estar claros en una cosa: los conciertos de rock son escenario ideal para la violencia porque el mensaje y el medio que utilizan es violento.

¿Acaso son apacibles las vibraciones de la guitarra, el volumen, la intensidad del ritmo, las letras? No lo son, expresan intensidad y energía poderosa, contagiante a la cual nadie puede reprimirse porque estimula.

Acá viene la bifurcación. Hay quienes se estimulan dentro del disfrute responsable y hasta sano. Contra ellos no tengo nada. Pertenecen a esa mayoría que gozó dentro del parque Bicentenario. Provecho.

Pero también hay quienes han utilizado el rock como un pretexto para expresar notorias taras como el odio a la autoridad, el desprecio por la ley y la propiedad privada. Es una pena que el mensaje natural y genéticamente violento de este género musical sirva de excusa para los desmanes.

Y acá viene otro punto. “Ay, Esteban, eres un prejuicioso” me han dicho. Una cosa son los prejuicios, otra las tendencias. No es de hoy que el rock ha engendrado violencia. ¿Acaso no recuerdan lo que pasó en septiembre del 2004, con Cradle of Filth? Si su memoria no lo tiene presente, acá se los recuerdo.

Destrozos en la plaza de toros, allá 2004

Destrozos en la plaza de toros, allá 2004

Y eso por no citar a Factory, un evento doloroso y triste, pero que tuvo como origen la mala interpretación del mensaje y la intensidad del género.

¿Se rompieron vidrios en las casas de La Vicentina durante el concierto de  Juan Gabriel? ¿En los conciertos de la Casa de la Música se prende, de manera torpe e insensata, bengalas? No. Esto pasa casi exclusiva y generalmente en el rock, donde malos seguidores interpretan el espíritu de rebeldía de la manera más torpe.

Trasladémonos a otro escenario: los conciertos de chicha tienen un elevado consumo alcohólico porque el mensaje (depresión, tristeza) de esta clase de música es asumido de mala manera por sus seguidores. La consecuencia está a la vista.

Son estos seguidores del rock los que asumen con gusto el papel de “víctimas”, “excluidos”, “rechazados por el sistema”. Si conviertes a los conciertos en caldo de cultivo para la violencia, no te quejes si tienes atrás a la Policía reprimiendo. Si hay una generalización, habrá que plantearse por qué se llegó hasta allá.

Esto tampoco se trata de apresar a todo aquel que use pelo largo o chompa de cuero negro. Torpeza total, esto no es cuestión de gustos o de estéticas, sino de respeto a la sociedad y a sus reglas.

¿Por dónde se arregla esto? Conozco a varios exponentes de la comunidad rockera, he trabajado con ellos y tengo la mejor impresión por su capacidad para generar ideas y estoy seguro que una identificación y expectoración de estos elementos, que tan mal hacen quedar al gremio, será un paso adelante para salvarse de esta tendencia que los identifica plenamente con la agresividad.

Mi reflexión puede ser complementada con este post de Diego Arcos, el cual adscribo plenamente.

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2 Respuestas a “Metallica y la violencia del rock

  1. Me parece una publicación muy bien escrita, centrada y sin prejuicios a los gustos musicales de las personas. Lo que rescato de lo leido es el análisis hacia las conductas antisociales de subgrupos minoritarios. Pero esta observación puede ser trasladada a otras áreas de la conducta social de masas; como puede ser el fútbol.
    En el fútbol estos subgrupos minoritarios violentos son conocidos como los “barras bravas”. Lo que se debe hacer, para elaborar un análisis más generalizado de este tipo de comportamientos, es buscar las similitudes que existen entre comportamientos vandálicos de las masas; y no encontrar la justificacióin en el factor aglomerante, que en este caso es el Rock, pero que también puede ser el fútbol, el hockey, fanatismos religiosos; y demás.
    En conclusión, no creo que la culpa sea del rock (o del fútbol p. ej.) sino en factores intrínsicos del ser humano que, en conjunto con sus pares, salen a flote; y que deberían ser análizados en mayor profundidad por sociólogos o antropólogos, expertos en el tema.

  2. Me parece una publicación muy bien escrita, centrada y sin prejuicios a los gustos musicales de las personas. Lo que rescato de lo leido es el análisis hacia las conductas antisociales de subgrupos minoritarios. Pero esta observación puede ser trasladada a otras áreas de la conducta social de masas; como puede ser el fútbol.
    En el fútbol estos subgrupos minoritarios violentos son conocidos como los “barras bravas”. Lo que se debe hacer, para elaborar un análisis más generalizado de este tipo de comportamientos, es buscar las similitudes que existen entre comportamientos vandálicos de las masas; y no encontrar la justificacióin en el factor aglomerante, que en este caso es el Rock, pero que también puede ser el fútbol, el hockey, fanatismos religiosos; y demás.
    En conclusión, no creo que la culpa sea del rock (o del fútbol p. ej.) sino en factores intrínsicos del ser humano que, en conjunto con sus pares, salen a flote; y que deberían ser análizados en mayor profundidad por sociólogos o antropólogos, expertos en el tema.

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