Teherán, mi casa

“Oh enemigo, si tu estás hecho de piedra
yo estoy hecho de acero”.
Parte de la letra del Himno Nacional de Irán

Hace rato tenía ganas de escribir este post. Solamente traslado la experiencia de B, a quien la vida llevó hasta Teherán, la capital de Irán. Aquí, su voz.

B. en la Torre Azadi, el Panecillo (?) de Teherán.

B. en la Torre Azadi, el Panecillo (?) de Teherán.

“Estudié en Estados Unidos, hice un año  de intercambio en el colegio cuando tenía 17 años. Desde ahí aprendí a estar lejos de casa. La ausencia nunca me afectó después, cuando por mi trabajo tuve que vivir  dos o tres semanas de cada mes en Nueva York o Houston.

Esa es una cosa que, digamos, está dentro de las posibilidades de mi medio laboral. Pero lo que nunca pensé fue estar en Irán. No se diga pasar allá hasta un mes completo. Yo era niña y, de repente, en los noticieros internacionales, alguna vez oía la mención a ese país. Luego, los colegas comentaban alguna experiencia al paso en ese país, que es algo recurrente para nuestro mercado. 

Todo empezó cuando, por hacer un favor, reemplacé a una compañera que tenía que trabajar en la seccional en Teherán. Creí que era cosa de una vez, dos semanas y listo. Luego, una serie de acontecimientos me fueron dejando casi sin otra opción que trabajar ahí.

Hay cosas que son ciertas, otras que no. Es un país muy endógeno, donde los turistas no llegan en bandadas, ni hay casi infraestructura para este fin. La primera vez que fui, me quedé en un hotel cuatro estrellas que, para estándares occidentales, no sería ni de dos. El concepto de mobiliario de lujo data de finales de los 70. Todo es muy old fashion.

Quienes creen que es un país de fanáticos religiosos, con militares de fusil al hombro en las calles, se equivocan. Irán es, básicamente, tierra de gente amable, sonriente y cálida. No he sentido nunca una sensación de seguridad tan grande como en las calles de Teherán, donde respiras smog como en pocas partes del mundo, pero pierdes todo sentido de riesgo. Hasta sientes que te miran  menos, no se diga que alguien pueda acosarte o asaltarte.

El bazar de Teherán

El bazar de Teherán

Cuando el avión va a aterrizar en Imán Komeini (1), te  anuncian que “por regulaciones de la República Islámica de Irán, todas la mujeres deben cubrirse la cabeza”. Eso es lo único que te piden, no es verdad que haya que quitarse el maquillaje. Precisamente, la primera vez que fui me olvidé de hacerlo y nadie me lo observó.

Cubrirse la cabeza. Semanas antes de irme por primera vez, ensayé horas de horas cómo ponerme el velo. Encontré una forma que sea cómoda y correcta. No hay que dejar ni cabello ni orejas afuera. Si usas la tela apropiada, no te resultará molesto ni sofocante, ni siquiera en verano cuando hace más 30 grados de calor seco.

El velo se llama jehab. Hay mujeres, las más religiosas, que lo usan de cuerpo entero. He visto chicas de no más de 25 años vestidas así. No se diga señoras mayores, las mismas que se horrorizan cuando ven jehab de colores vivos o que no están bien puestos.

Zenda tiene unos 28 años, usa el jehab casi transparente, que deja afuera su cabello tinturado de rubio tenue y unas orejas siempre adornadas con aros grandes. Ella es secretaria en la oficina a la que reporto y es feliz de mostrar su desparpajo de esa manera. Me dice que jamás ha tenido problemas.

Yo, las primeras veces, usaba jehab negro. Luego, me animé a llevar una manta de bayeta con diseños cusqueños, de colores. Quería probar, fue una travesura. Y no me salió mal. Las chicas me paraban en la calle a mirarlo, me preguntaban dónde lo había comprado.

Bueno, he pasado también mis roches (2). El segundo día, notaba ciertas miradas inquietas, no solamente en la oficina, sino también en la calle. Luego de volver del almuerzo, el jefe de la oficina, un iraní que vivió mucho tiempo en los Estados Unidos, me habló frontalmente: mi pantalón jean era demasiado apretado para lo que usualmente se ve, además que el taco de mis botas era muy fino. No me expulsó de la oficina, solamente me dijo eso. Y me bastó. Enseguida, pedí un taxi y fui de vuelta al hotel a ponerme algo más holgado y unas ballerinas. Debo reconocer que el jean, en realidad, si estaba apretado, incluso para estándares occidentales 🙂

Teheran es contaminada y de aire denso, tiene un tráfico  insoportable. Es cierto, pero a su favor diré que tiene unos parques y unos jardines enormes y limpísimos, además de viaductos y autopistas propias de un país petrolero. Además, el metro es útil y sencillo.

La gente, sobre todo en verano, hace mucha vida social en los parques. Los picnics no son solamente los fines de semana (que allá son viernes y sábado) sino entre semana, en las noches.

Y son picnics sin alcohol. No hay venta (oficial) de bebidas y lo que puedes conseguir es por el mercado negro. Ahí, una botella de Johnny Rojo te cuesta no menos de 50 dólares, mucho para un iraní de clase media. Hay chela, sin alcohol (¡puaj!) Estrella de Galicia.

La guerra con Irak parece que fue ayer y terminó hace 20 años. Está muy presente en todo lado. Las calles tienen nombres de los mártires, los muros con alegorías de las batallas están en todos lados. Me sorprendió no ver tantas mezquitas o templos como esperaba.

He logrado asegurarme de que el país está cada vez más abierto. Me cuentan que hay cosas hoy que antes habrían sido imposibles. Tener una antena satelital en tu casa habría sido imposible sin un castigo hasta hace 10 años. Hoy no es que estén permitidas, pero las autoridades se pasan por alto. No siento represión, no la he podido notar. Soy sincera.

La Gahst e Ershad, la policía revolucionaria que vigila la moral, no reacciona automáticamente ante cualquier cosa medio rara. Me dicen que antes si lo hacía. Ahora, básicamente intervienen en temas ya muy heavy. Yo los he visto en las calles, pero nunca interviniendo.

Un callejón del centro de Teherán.

Un callejón del centro de Teherán.

Hay hombres muy guapos, con una caída de ojos muy sexys y una expresión facial muy propia. Todos tratan de usar barba, porque es un símbolo de sabiduría y nobleza en la cultura persa. A la mayoría les queda muuuuuy bien. Con todos los que he tenido trato han sido correctos, hasta tímidos. La vestimenta es muy austera: camisa blanca de manga larga, a lo mucho fuera del pantalón, terno de un solo color (negro o gris, en el 90% de los casos) y nadie usa corbata. Esas son “vulgaridades occidentales”.

¿Cosas curiosas? Las peluquerías femeninas están muy ocultas, tras cortinas o vidrios polarizados. Es para que los hombres no puedan ver hacia adentro. El cabello, me he dado cuenta, es un elemento muy seductor para los persas. Los taxistas deben ser los más honestos del mundo, no te ven la cara así seas extranjera. Hay problemas si quieres entrar a blogs, redes sociales, pues internet está bloqueado. No tengo ese problema, pues en la oficina hay un VPN ;). Juro no haber visto farmacias. Una tarde, incluso me dediqué exclusivamente a buscar una. Y no hay. Yo pregunto en la ofi y me dicen que claro que tienen. Ojalá no la necesite.

Si eres expatriado y ganas en dólares vives bien. El Rial se devalúa casi a diario y hay tipo de cambio oficial y en mercado negro. Todo es baratísimo. Yo con USD 200 al mes tengo listo el gasto en transporte, comida y un par de golosinas. Eso sí, el sistema monetario es un tanto complicado y no he podido aprender todavía. ¿Solución? Pago todo con el billete más alto (100 mil riales) y listo. No puedo computar todavía lo de “tomanes”, “dinares” y demás. (3). No hay tarjetas de crédito, lo que significa un alivio. Mis gastos mensuales, en este rubro, han descendido un 80 %

La religión no llega a niveles expresivos. A la hora de las oraciones, nadie para el trabajo al sonido del llamado del rezo. He visto, claro, gente en actitud recogida, pero no extremos. “Eso hacen los árabes nada más”, fue la explicación que me dio Zenda.

El plato de uvas Shiraz cuesta 20 mil riales, casi 50 centavos USD.

El plato de uvas Shiraz cuesta 20 mil riales, casi 50 centavos USD.

Llevo casi un año pasando, al menos, dos semanas al mes en Teherán y estoy satisfecha. La he pasado bien. Pero no porque he farreado, sino porque he sentido verdadera hospitalidad. Se me han abierto puertas de muchas casas que han compartido conmigo la cena. Es un pueblo amable y civilizado. Nada que ver con lo que afuera se piensa”.

(1) Imán Khomeini, uno de los dos aeropuertos de Teherán. El otro es el de Meharabad.

(2) Roche.En jerga peruana, verguenza.

(3)  Unidades monetarias de Irán. El Dinar equivale a 10 riales. 1000 Tomanes, 10 mil riales. Un lio.

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Una respuesta a “Teherán, mi casa

  1. INTERESANTE LO DE LAS UNIDADES MONETARIAS

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