Para decir adiós…

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Esta fue la primera nota que escribí en Últimas Noticias. Fue en julio del 2002. Cuando llegué allá, nunca pensé en quedarme 13 años más.

13 años. Se dice fácil, pero no se viven igual. Ahora que dejo El Comercio, tras haber pasado toda esa etapa que empieza con los sueños postadolescentes y termina con la crudeza del panorama vital ya planteado casi por el resto de tu existir, me doy cuenta de una sola cosa.

Fui feliz.

Feliz. En todo ámbito. No digo, de modo alguno, que El Comercio haya sido una suerte de aldea de los Teletubbies donde todos somos feliz hasta el almíbar. No. Es una empresa grande, con mucho en juego, con todo lo bueno y malo que ello entraña.

Y lo bueno siempre fue más. Todos los problemas, inconvenientes, desacuerdos  no son nada junto al aprendizaje, los momentos de alegría  por aquellos triunfos y la dicha de haber conocido personas que han sumado en mi vida. Algunas de las cuales me definieron. Sin exagerar.

No quiero nombrar a nadie. Tampoco quiero recordar nada en concreto porque, pese al esfuerzo que hago, no soy de piedra y la nostalgia me termina embargando hasta provocarme un derrumbe interno. El mismo derrumbe que he sentido en estos días de despedida, donde el afecto y respeto espontáneo de la gente (de varios que no esperaba, incluso) se ha hecho presente de una forma que me deja titubeante. Como casi nunca.

Tengo el orgullo de ser de los  últimos que entramos a esta profesión casi como aquellos muchachos que eran confiados por sus padres al mecánico, radiotécnico o carpintero del barrio para que aprenda un oficio. Llegué en circunstancias parecidas y, ahora que recuerdo, nunca tuve una meta. Me dejé llevar y no me arrepiento.

Y los designios de Dios y el destino son tan perfectos que me pusieron en el lugar para cumplir mis sueños. Sueños que se voliveron palpables gracias a mi trabajo y a una empresa cuyos valores terminé intentando adaptar en mi vida. No me ha ido mal.

Por último, creo que algo de autoridad tengo para hacer una recomendación a quienes quieren ingresar a este oficio. Replieguen aquel deseo tan humano de fama, reconocimiento y notoriedad. Déjenlo atrás del deseo de aprender, de la curiosidad, de la humildad para reconocerse ignorantes. Diez segundos en televisión nunca valdrán más que años y años de ejercer la palabra escrita, expresión de toda la mecánica del pensamiento.

Los grandes periodistas no se hicieron en medio de los reflectores, los ternos finos. Lo hicieron recurriendo a los libros, al deseo de saber y el respeto enorme que te infunde una página en blanco y un jefe exigente y sabio.

Adiós a El Comercio, Últimas Noticias. Thanks for the memories. Gracias a todo y a todos.

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Una respuesta a “Para decir adiós…

  1. Excelente, recién leo tú despedida del Diario

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