Archivo mensual: mayo 2015

La argentinización del fútbol ecuatoriano o cómo estar en el sistema

¿Por qué tiene éxito el discurso de Fox? Se aprovecha de la falta de memoria o, en el mejor de los casos, de la vagancia de todos los sectores del fútbol ecuatoriano por tener una identidad fuera de la cancha

¿Este escándalo es digno de ser llamado "El Clásico de Sudamérica? (Foto: diario As de Madrid).

¿Este escándalo es digno de ser llamado “El Clásico de Sudamérica? (Foto: diario As de Madrid)

Dentro de la cancha, estoy convencido que el fútbol ecuatoriano goza de una identidad. Basta con preguntar afuera, a aquellos que no tienen interés determinado. Ellos sabrán decir que, efectivamente, nuestros equipos más representativos y la Selección se caracterizan por un despliegue físico respetable, la velocidad de sus elementos por las bandas y el uso, habitualmente, eficiente que se hace del valor agregado que significa jugar en la altitud de Quito.

Eso es en la cancha. Afuera, decididamente, no ostentamos ningún rasgo que nos distinga. 

Y, a falta de disfrutar de una identidad institucional, periodística, social, nos hemos visto forzados a adaptar otras, totalmente ajenas a nuestra idiosincrasia. ¿Por qué ha sucedido esto? Nada menos que por el poder y penetración de los medios “transnacionales”.

No hay otra opción para ver la  Libertadores y la Sudamericana que Fox Sports. Hace un par de años, también era la única opción para seguir la Champions League. Fox es producida por Torneos y Competencias (TyC), una empresa que hace 30 años y más empezó como una modesta realizadora de TV y que, con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los amos del fútbol sudamericano. A toda escala.

TyC es argentina. Eso no se pudo obviar nunca. Por eso, han hecho lo obvio: imprimir el sello característico del fútbol y el periodismo de este país como una suerte de fórmula que se divulga 24 horas al día, “de Canadá a Tierra del Fuego” como ellos ostentan

Lo que hasta finales de la década de 1990 hizo la revista El Gráfico (con menos espectacularidad, por su condición de medio escrito) ahora lo hace Fox, aprovechando su alcance. Su línea editorial es clara: la sublimación del fútbol argentino como el santo grial de América. Los jugadores de ese país, los técnicos,  son los mejores. El resto de países, o está en capacidad de contar con su sapiencia y capacidad, o aténgase a las consecuencias de fracasar y perder.

Caso aparte es la actitud editorial frente al gran rival de Argentina en el continente. En el 2013, el discurso en la final de la Libertadores fue abyecto, inmoral y vergonzoso. No jugaban argentinos, estaban Olimpia (Paraguay) y Atlético Mineiro (Brasil) y el embanderamiento a favor de los guaraníes cayó en las prácticas más cuestionables de la actividad. No ahondo en detalles, ustedes mismos vean y recuerden.

Y buena parte del posicionamiento de Fox y de su discurso argentinizante ha tenido que ver con menospreciar al fútbol brasileño. Para darnos cuenta de esta actitud, solamente caigamos en cuenta cuál fue el discurso cuando el azar obligó a que River y Boca. “El Clásico Sudamericano”.

Para decir que River – Boca (partido importante y llamativo, si los hay) es el Clásico de Sudamérica, tienes que pasarte por el fundillo la enorme historia del fútbol brasileño. Abjurar de Sao Paulo, Corinthians, Flamengo, Vasco, clubes tan o más grandes que sus pares argentinos, pasar por alto su gigante aporte a la actividad a escala mundial. Eso hace, sistemáticamente, Fox.

Y la lección no pudo ser más oportuna. El que fue vendido como “El Partido del Siglo”, “La Madre de todas las Batallas” y demás obscenidades terminó siendo, en su primer chico, un partido inmamable, horrendo y que se definió por un penal.

Ese sería solamente el punto de partida. Y lo que sucedió el jueves pasado, en el partido de vuelta, nos terminó por mostrar la cara más impresentable del fútbol argentino. Todas sus miserias, truculencias y ripios quedaron expuestas con el escándalo de La Bombonera. Fox se vio en medio de una situación embarazosa: su producto bandera, el “clásico de Sudamérica”, se desarrolló como un espectáculo cavernario y delictual.

¿Qué hacer? Defenderlo. El discurso fue claro desde el comienzo: no nombrar nunca a la dirigencia del equipo local, evitar las menciones a la Confederación Sudamericana de Fútbol y buscar, hasta el final, la aséptica solución de que el resto del partido se siga jugando uno, dos días después. Como si nada hubiera pasado.

Detrás de esto, existe, al menos en Ecuador, una gran audiencia que cree y asimila este modelo. Están futbolistas (varios copian hasta la forma de vestir de sus pares gauchos), hinchas (que creen que escándalos como el del jueves son un ejemplo digno de copiar) y periodistas (que asimilan frases, dichos y mueren por fotografiarse con Niembro, Closs y demás).

Así, la argentinización del fútbol ecuatoriano va a todo vapor. Estar dentro de ella es ser parte del sistema. Se ostenta haber pasado por la escuela de Niembro y Araujo (centro educativo que, por otra parte, cerró en medio de cuestionamientos a su calidad académica) como si eso significara un valor agregado equiparable a otros más importantes, como el crecimiento profesional en base a méritos y cultura. Ser parte de este sistema implica copiar formatos, puestas en escena. Es decir, alienar con versiones criollas (muchas de ellas no muy bien logradas) de lo que Fox hace a su escala.

Lo de las barras es un tema más profundo y grave. A su alcance está la estética, el despliegue de sus pares argentinos. Los ven, semana a semana, y los imitan. No podría hablar de que copian lo bueno porque, simplemente, las barras bravas no tienen nada de positivo. Son grupos delictuales, que viven en absoluta complicidad con poderes de todo tipo. Sin embargo, acá son epítome de “pasión, aguante”. Y por eso tienen llegada.

¿Qué hacer? Ser más genuinos. Creo que detrás nuestro (hinchas, periodistas, dirigentes) existe una cultura futbolística propia, con la que nacimos y nos desenvolvemos. Debemos asumirla con decoro y proyectarla. Está el caso de Chile, donde el discurso de Niembro y compañía cayó en un pozo insalvable de rechazo y la cadena no tuvo otra opción que vincular periodistas locales. Eso, siendo objetivos, no podría pasar acá, pues no somos un mercado del tamaño del araucano. Pero, de alguna forma, habrá que empezar a tomar con pinzas y desinfectante todo lo que viene de este vehículo alienante, que ha colonizado el fútbol ecuatoriano.