Archivo mensual: junio 2015

Kuala Lumpur, mucho más que las torres Petronas

Kuala Lumpur. Suena exótico, es exótico. Llegué a esta capital con pocas expectativas, más allá de ver las torres Petronas. Pero, a la final, el tiempo quedó corto para saber más de una metrópoli única.

Esperaba que Kuala Lumpur sea algo más cercano a Nueva Delhi que a Japón. Pero, más allá del catastrófico enjambre vial que es pan de cada tarde en toda calle o avenida céntrica, me encontré con una capital moderna, agradable y que debe ser una de las ciudades con la mejor relación costo – beneficio del mundo.

A Kuala Lumpur (KL) llegué en vuelo nocturno de Air Asia desde Macao. Te recibe el aeropuerto internacional (KLIA) que se divide en dos terminales: la de vuelos locales y de aerolíneas de bajo costo que viajan a destinos asiáticos cercanos (Air Asia, Tigerair, Scoot) y la de vuelos internacionales.

El KL Ekspres, el tren que en 35 minutos te lleva del aeropuerto al centro.

El KL Ekspres, el tren que en 35 minutos te lleva del aeropuerto al centro.

Llegas a migración y te atiende un oficial musulmán muy amable y firme, que te pide el pasaporte, te pregunta cuál es tu próximo destino y te sella enseguida. Los ecuatorianos, para estancias menores a 90 días, no necesitamos visado.

Hay varias vías para llegar del KLIA al centro de la ciudad. Desde el taxi (75 ringgits, unos USD 20). hasta el bus (10 ringgits, USD 2,50) hasta el KLIA Ekspres, un tren que cuesta 35 ringgits (10 USD). Me decanté por esta última, que en 35 minutos te deja en Sentral, el eje del transporte en la ciudad.

Desde Sentral, una estación gigantesca, con paradas de metro, monoriel, tren, bus y el tren del aeropuerto, no te cuesta más de USD 2 el moverte en taxi a cualquier punto de la zona comercial y turística.

KL Sentral, en la salida que enlaza con un centro comercial.

KL Sentral, en la salida que enlaza con un centro comercial.

Uno de los detalles que hace interesante a KL es su oferta hotelera. Encuentras un cuarto en un hotel 3 estrellas por menos de USD 25. Hoteles de 5 estrellas de cadenas internacionales hay desde USD 60. Yo elegí este, Tune Hotel, cadena de Air Asia. Bien ubicado, con todo lo que necesitas, por USD 29.

La primera impresión que te llevas de la ciudad, aparte del tráfico brutal que hay desde las 18:00, es la cantidad de grúas, construcciones, obras en curso. Levantan edificios en cualquier espacio disponible.

El calor no pasa por alto. Llegué en invierno (segunda semana de enero) y no hay menos de 35 grados al medio día, con buen sol. En la noche, baja algo. Sin embargo, nunca necesitas protección. La lluvia tampoco falta, pero cae una tempestad de no más de 10 minutos y de ahí para.

El tráfico tupido, al pie de la plaza Merdeka.

El tráfico tupido, al pie de la plaza Merdeka.

Es una ciudad segura. Aún en los lugares oscuros, despoblados, no se sienten miradas que incomodan. Los pasos peatonales, larguísimos, son transitables a cualquier hora. Hay algunos brotes de mendicidad, pero nada dramático en comparación a otros lugares del sudeste asiático.

La variedad cultural es abrumadora. Dominan los musulmanes, con sus vestimentas características, las mujeres con sus tchador, cubiertas siempre el cabello. Son menos los hindúes y los chinos, cada cual aportando con sus características costumbres. El clima que emana de esta convivencia es, de repente, la sazón de esta ciudad.

La Mesquita Nacional, a las zonas de oración solamente entran musulmanes.

La Mesquita Nacional, a las zonas de oración solamente entran musulmanes.

¿Sitios? Obviamente que las torres Petronas, que en su momento fueron el edificio más alto del mundo, con sus 88 pisos de hormigón, vidrio y acero.

Sinceramente, esperé que fueran más grandes, pero aún así no dejan de impresionar. Están rodeadas de un parque muy grande, con senderos y lugares para descansar que le dan una atmósfera única.

Las torres Petronas, 452 metros que te aplastan.

Las torres Petronas, 452 metros que te aplastan.

La parte baja de las torres, de libre acceso, constituyen un centro comercial (Suria KLCC) con grandes marcas, tiendas por departamento y demás lujo. Sin embargo, los precios son ampliamente competitivos.

Hay dos miradores: uno en el piso 42 (donde hay una pasarella que une ambas torres) y otro en el 86. Subir es casi una proeza, porque todos los días hay colas desde las 06:00 para lograr una entrada. Honestamente, ese plan no me cuadra mucho, así que preferí enfocarme en conocer los alrededores de las torres.

El centro comercial que queda en las primeras plantas de las torres Petronas.

El centro comercial que queda en las primeras plantas de las torres Petronas.

Suria KLCC no es el único centro comercial de la ciudad. Hay muchos más, cada uno más lujoso que otro, con servicios y que siempre servían como lugares para enlazar los sistemas de transporte.

El transporte es otra de los grandes valores agregados de KL. Hay metro, tren, monoriel, buses y hasta un sistema de bus gratuito (GO KL), distinguido por su color rosado. Pasa con un intervalo de 15 minutos por cada uno de los puntos más turísticos de la ciudad. Solamente te subes y te bajas, las veces que quieres. Tienen Wi-Fi y su único “pero” es el tráfico. Sin embargo, lo agarré varias veces, a distintas horas, y jamás dejó de tener un asiento disponible.

Monoriel de Kuala Lumpur. Llega a todos los lugares necesarios.

Monoriel de Kuala Lumpur. Llega a todos los lugares necesarios.

El GOKL, gratuito y cómodo bus.

El GOKL, gratuito y cómodo bus.

Hablaba de costo – beneficio y la comida sobresale. Por ejemplo, en Pavilion, un centro comercial muy lujoso, llegué a un restaurante buffet de parrilla japonesa, con un sistema sencillo: te sirven todo tipo de carne cruda (res, cerdo, pollo) y mariscos, pero tienes un asadero individual en tu mesa. Ahí tu las coces al punto que quieras y te las sirves.

Las ensaladas y los postres incluyen en el precio final. Era un sitio con apariencia de caro, pero todo este banquete, más una cerveza y una botella de agua me salió por no más de USD 9. El mismo valor pagué en un restaurante de comida iraní.

Un banquete por menos de 10 USD.

Un banquete por menos de 10 USD.

Y esa es la tónica en toda la ciudad. Si estás de apuro y/o chiro, en los supermercados hay bandejas de comida por poco más de USD 1. Una comida regular, en un restaurante no tan lujoso, te puede salir por USD 3.

La torres Petronas tienen una suerte de restaurantes lujosos, de comida china, vietnamita, sushi, hindú, pero también un patio de comidas donde no gastas más de USD 4 para quedar satisfecho.

Así se vendían las entradas para el Gran Premio de F1 que se corrió en Sepang, La entrada más barata, USD 12.

Así se vendían las entradas para el Gran Premio de F1 que se corrió en Sepang, La entrada más barata, USD 12.

En la calle solamente comí una vez, en el mercado nocturno de Petaling Street. Era un puesto de satay, unos pinchos de carne de chancho. Una orden de estos pinchos, junto a una cerveza, salieron por 3 USD.

Almuerzo por poco más de USD 1 en un supermercado de KL.

Almuerzo por poco más de USD 1 en un supermercado de KL.

Precisamente, Petaling es la meca de las compras. Hay que ir en la noche y encuentras toda suerte de ropa, maletas, libros, gafas, a lo largo de una calle de cinco cuadras y sus transversales. Debes regatear. Por regla general, debes terminar pagando menos de la mitad de lo que te ofrecen al inicio, cuando preguntas. Sitio pintoresco es este barrio chino, acá pude ver una de las escenas más bizarras de mi vida: un tipo que andaba en moto, llevando un mandril enorme que, obviamente, usaba casco. No alcancé a fotografiar.

Otro sitio para compras es Sentral Market. Es el antiguo emplazamiento del mercado de víveres principal, a dos pasos de la plaza Merdeka (la principal) hay tres pisos con toda suerte de artesanías locales y de otros países de la región, como India,  Tailandia e Indonesia. No hay que pagar el precio inicial, pero para regatear tienes que saber un mínimo de inglés, idioma que hablan todos los habitantes de esta gran urbe. Los precios terminan por ser muy aceptables.

Satay y cerveza en Petalling Street (KL).

Satay y cerveza en Petalling Street (KL).

Otras zonas de compras muy importantes son las aledañas a la estación Bunkit Bintang, además de las vías que desde la estación de monoriel Sultán Ismail llegan hasta la plaza Merdeka.

La dataran (plaza)  Merdeka, precisamente, es el punto 0 de la ciudad. Sorprende no encontrarse con una “plaza” en el sentido que nosotros conocemos. Esta es un enorme rectángulo de césped, bien cortado, en cuyo centro flamea una gigante bandera malaya. En este lugar, se declaró la independencia del país de los británicos.

Al pie de la plaza se encuentra la galería de arte de la ciudad, que entre otras exhibiciones cuenta con una maqueta de todo el centro de la ciudad, totalmente detallada. En la sala asignada, entra un grupo de espectadores y la exhibición de luces es increíble. Lástima que el audio esté solamente en bahasa (el idioma oficial del país) y no se pueda seguir.

La maqueta de la ciudad, en la galería.

La maqueta de la ciudad, en la galería.

La galería cuenta con una cafetería aceptable, donde se sirven postres de durian. “La reina de las frutas”, típica de la región,  tiene la forma de una guanábana gigante y el olor de un basurero atestado en día de sol. Sin embargo, su sabor es dulce, muy agradable.

La plaza Merdeka en maqueta.

La plaza Merdeka en maqueta.

Debes saber…

1. El cambio oficial es de 3.75 ringgits por 1 USD. Hay casas de cambio en prácticamente cada cuadra, pero el precio puede variar. Es recomendable buscar la mejor opción y cambiar algo todos los días, no de una sola vez, porque puedes perder.

2. Los viernes al medio día, hay locales que cierran durante un par de horas. Es la jornada de oración de los musulmanes. Hay otros sitios que, directamente, no abren. El viernes es el día santo de quienes profesan esta fe.

3. El sabor de productos que hay en occidente (colas, dulces, comida rápida) puede ser algo distinto. Por ejemplo, la Fanta tiene un sabor muy desagradable para nuestro estándar.

4. Hay que tener las precauciones mínimas que existen en las grandes ciudades (KL tiene 8 millones de habitantes), sobre todo en las aglomeraciones dentro del transporte público.

Pastel de durian, la fruta con peor olor en el universo.

Pastel de durian, la fruta con peor olor en el universo.

5. Particularmente, no recomiendo las visitas a templos religiosos. En KL hay la Mesquita Nacional (el islam es la religión oficial), gigantesca y moderna construcción, pero que no permite el acceso a los no creyentes a su zona de oración.

6. Los hoteles tienen una sala de oración para los musulmanes. Incluso hasta los de 3 estrellas. Además, en cada habitación, hay una señal que marca la dirección de La Meca, para hacer las oraciones diarias.

7. La tarjeta de crédito se puede usar sin problema, pero es usual que haya sitios, aún en lugares turísticos, donde no te aceptan y solamente se puede pagar en efectivo.

7. Ya dije que es un país musulmán, de costumbres conservadoras. Hay que asimilarse, nada más. Evitar comportamientos que no sean compatibles con el entorno (vestuario, forma de dirigirse al resto…).

8. Los taxis son confiables y baratos. Las carreras, aún las más lejanas, no te salen por más de USD 5. Los choferes hablan inglés.

9. Te recomiendo ir (yo no alcancé) a excursiones cercanas a la ciudad. Por ejemplo, a Batu Caves, unas cuevas ceremoniales impresionantes. También a Putrajaya, ciudad que, técnicamente, es la capital, pues ahí se encuentran emplazados los edificios públicos.

10. Un paraguas nunca está demás. Son baratos (los encuentras en los omnipresentes Seven Eleven a USD 1) y te salvan de la lluvia. Acá llueve como en El Coca.

11. Hay varios mercados (galerías) que venden electrónica. Los precios están bien, pero ten cuidado pues son equipos refurbished o usados. Hallas, por ejemplo, un iPhone 5 a 300 USD, usado pero funcionando.

12. En cuanto a la ropa, hay una variedad muy importante de todo tipo y a buenos precios. Pero, cuidado: las tallas no son equivalentes a las que manejamos en occidente. Por ejemplo, el XL de allá es un L acá.

Yo amo KL.

Yo amo KL.

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Cuadernos de la Copa América (I). Entre “corruptos” e “idiotas”

¿Qué hay detrás de la defensa a ultranza y del blindaje al DT de la Selección. Sin duda, la participación en juegos de poder (aunque sean mínimos) capitaliza el trabajo de un buen sector de la prensa. 

Quinteros, parece, olvida que ya no conduce a Emelec, sino a la Selección.

Quinteros, parece, olvida que ya no conduce a Emelec, sino a la Selección. (foto de EL COMERCIO).

Gustavo Quinteros ha dicho que “hay empresarios del fútbol que tienen contactos con el periodismo corrupto y que inventan”. También invitó a “no dar espacio a los idiotas”, en referencia a quienes hablaban de su inminente salida de la Selección.

Complicada labor la de este técnico, que le ha dedicado más tiempo a las supuestas conspiraciones mediáticas que existen en su contra, antes que a la autocrítica. Una maniobra que puede entenderse, planteadas como están las cosas.

Quinteros, por sus múltiples ocupaciones, jamás dirá quienes son parte del “periodismo corrupto”. Comete el error de generalizar. Lamentablemente, esta actitud no sorprende. Es parte del Ecuador de hoy, donde pensar opuesto y expresarlo es razón suficiente para ser objeto de descalificación. Es el país de las confrontaciones, de la grieta entre quienes dicen “blanco” y quienes dicen “negro”. A toda escala.

Hace mal el técnico. Olvida que ya no dirige a Emelec, Blooming. Actúa igual que cuando acusó a Roddy Zambrano de las derrotas de su equipo. A escala local, aunque impropias, estas salidas de tono son entendibles. Pero dirigir a una Selección es otra cosa, hay una representatividad que no puede ser obviada.

Esta postura desafiante, estridente del DT tiene antecedentes en el Bolillo Gómez. El colombiano, sobre todo después de la clasificación al Mundial 2002, mandaba a volar a quien osaba cuestionar su omnipotencia. Desde Carlos Villacís hasta Rodrigo Paz pasaron por su lengua.

El Bolillo, un ejemplo de impunidad que está a punto de ser igualado.

El Bolillo, un ejemplo de impunidad que está a punto de ser igualado. (Foto El Comercio).

Pero era el Bolillo. Un técnico, se quiera o no, trascendente para la historia del fútbol ecuatoriano. En cambio, Quinteros todavía tiene mucho que hacer si quiere llegar a ese sitial. Honestamente, no creo que llegue.

Pero, igual que el Bolillo, Quinteros también tiene sus corifeos. Un grupo periodístico que se ha abanderado con el “proceso” y cuyo esfuerzo diario se divide entre destruir todo lo que signifique el pasado reciente (Rueda, Vizuete) y aplaudir con arrobo de fan enamorada cualquier cosa que diga el nuevo DT.

No me cabe en la cabeza la posibilidad de que Reinaldo Rueda se refiera al “periodismo corrupto”. El colombiano, objeto de una cacería feroz que solamente bajó banderas con la clasificación al Mundial, tenía el gran mérito de dar la cara, aún en los momentos complicados (la eliminación de la Copa América 2011) y deslizaba inconformidad por la falta de reconocimiento a su trabajo solamente off the record. Nunca se dio el lujo de ahondar en diferencias, se manejo con admirable dignidad.

Pero hoy, cuando ya no está y no puede defenderse. Rueda ha pasado a formar parte de aquello que hay que olvidar y dejar atrás. Y quien, según un sector del periodismo, hará llover maná del cielo y es portador de la piedra filosofal es Quinteros.

Rueda, el culpable de todo lo malo. Claro, se lo dicen cuando se fue y no puede argumentar. (Foto El Comercio).

Rueda, el culpable de todo lo malo. Claro, se lo dicen cuando se fue y no puede argumentar. (Foto El Comercio).

¿Qué hay detrás de este abanderamiento con el hoy DT? Por currículo, Quinteros no tiene mayor cosa que ofrecer. Digamos, para no entrar en detalle, que aún dentro del medio local hay técnicos con mayor experiencia, conocimiento del fútbol ecuatoriano en sus múltiples dimensiones. Y si ponemos, face to face, el CV del argentino con el de Rueda, el del anterior técnico resulta superior.

Detrás de la defensa al “proceso” (de explicar esta palabra me encargaré en una futura entrega) hay más esperanzas que realidades. Esto, en el caso de quienes creen que su estilo futbolístico se trasplantará del Capwell a Monteolivo en forma exitosa. Pero noto que hay un sector que está con Quinteros porque estar con él significa acceder al poder.

Pasó lo mismo con el Bolillo. Aún en los momentos más impresentables del colombiano, nunca le faltó un periodista que saque la cara por él. Que hasta justifique lo injustificable. Hoy, lamentablemente, pasa lo mismo, pero con el agravante ya expuesto de que (todavía) Quinteros no es nadie en la historia de la Selección.

El acceso al poder, hoy, consiste en tener la notita, el número del celular del profe, almorzar con su cuerpo técnico, tener “la primicia” del uñero que X jugador sufrió en la última práctica.  Hay periodistas felices de que el DT escuche o lea la defensa que de él hacen, aún cuando haya mucho por observar. Por eso, no había que sorprenderse el aplauso masivo que de este sector recibió Quinteros cuando descalificó a quienes, supuestamente, lo quieren ver fuera de la Selección.

Pero, la historia ha visto, que estos personajes son los primeros en saltar del barco cuando empieza a hacer agua. Se distancian y buscan un personaje a cuya sombra vivir, hasta que venga otro. Así, sucesivamente.

Por eso, cuando Quinteros comience a flaquear (no puedo predecir el momento en que suceda, ojalá sea lo más después posible del 2018), no faltarán quienes abjuren de este presente. Si a Chiriboga, quien les hizo conocer el mundo y al cual sirvieron incondicionalmente ahora le dicen horrores, todo se puede esperar.

Mañana. Cuadernos de la Copa América (II). ¿Cuál proceso?