El ocaso de la TV en el fútbol nacional

El proyecto de agrupar los derechos de televisión del Campeonato Nacional bajo el manto de la Federación Ecuatoriana de Fútbol fue el flagship de la administración Chiriboga. El dirigente, hoy caído en desgracia, cumplía bajo este emprendimiento dos de sus máximas aspiraciones: capturar poder y hacer negocios.

Capturar poder. La FEF pasó a manejar uno de los principales rubros de ingreso de los clubes. Para lograr este fin, Chiriboga se valió de sus escuderos más osados,  aquellos soldados dispuestos a ofrendar su vida en la lucha: los clubes chicos y las asociaciones. Ellos fueron, finalmente, los responsables de conducir al fútbol ecuatoriano a uno de sus momentos más críticos.

Hacer negocios. Si antes la FEF apenas negociaba sus propios derechos de TV (los de la Selección en eliminatorias), ahora pasaba a ser reina y señora frente a los canales de televisión. Y ahí apareció el actor principal de los últimos años, no solamente en el fútbol, sino en todos los escenarios de la vida de los ecuatorianos: el estado.

La FEF y quienes actualmente conducen el estado ecuatoriano tienen mucho en común, sobre todo están unidos por esa ansiedad de captarlo todo, de ser imprescindibles. Cara a cara, se sentaron en el 2013 y le pusieron precio al fútbol: USD 16.6 millones por año, hasta el 2017, con 5% de aumento anual en el contrato.

Era, en apariencia, el negocio redondo. La FEF operaba como la caja chica del fútbol, repartía el dinero a los clubes y así los convertía en sus dependientes directos. Mientras, el estado encontraba el escenario más propicio y popular para repartir cheques y proclamar las bondades de un régimen que, por entonces, vivía la era de las vacas gordas.

Todo estaba consumado. Incluso, los críticos se fueron apagando en medio de su resignación. Pero algo que empezó con más ambiciones que realidades (¿hizo la FEF algún estudio que justificara la cantidad cobrada por derechos?) no iba a encontrar fácilmente buen viento y buena mar.

Sin entrar en detalles que tienen que ver con la producción, la línea periodística y similares, el sistema empezó a mostrar sus hilachas muy pronto. El anuncio original de que “nunca más se iban a jugar partidos a la misma hora” nos encuentra hoy con cada vez más encuentros en simultáneo. La culpable es la necesidad de repartir partidos a la mayor cantidad de canales posibles.

 

Prácticamente, casi como si hubiera sido un objetivo inicial, se ha ido forzando a que el aficionado migre a los sistemas de TV paga. ¿Quiere ver todo el fútbol? No, por señal abierta va a ser imposible. Transmitimos cómo y cuándo queremos. Pague ya y tenga toda fecha en su pantalla. Este es, pues, el objetivo final.

Es que, poco a poco, los actores del negocio se fueron dando cuenta que las cantidades que paga la TV por los derechos del fútbol ecuatoriano son sostenibles solamente si se paga por el producto fútbol. En señal abierta, salvo para el adoctrinamiento gubernamental, no hay espacio para mayor cosa.

A finales del año pasado, en plena viudez de Luis Chiriboga, Álex de la Torre reconoció esto frente a los dirigentes del Tungurahua, los grandes aliados de esta etapa, quienes propusieron al grito de la “revolución de los chicos” un sistema que los terminó ahorcando. Sin pay per view, no hay futuro.

Hoy, aunque el estado conserva su intención atrapalotodo, ya no tiene tanta plata. Hemos llegado a un momento complicado: la deuda de la FEF con los clubes, por concepto de derechos de TV, llega a USD 6 millones. Parte de esta tajada se debe también a las asociaciones provinciales. Habrá que preguntar qué califica como receptores de estos recursos a  asociaciones como Morona o Santa Elena.

La FEF no puede dar esta plata porque el estado no le paga. Todos sabemos que con petróleo de USD 17 el barril no hay forma de sostener esta clase de lujos. El panorama es muy complicado, pues cada vez hay mayor impaciencia en quienes son los receptores finales de esta plata. Mientras, en lo más alto del poder no hay forma de responder.

La única forma de salvar esto es con la intervención de la TV privada. Pensar que uno de los efectos colaterales buscados por la FEF a la hora de confiscar la transmisión televisiva fue sacar del negocio a Teleamazonas, uno de los canales cuya inversión podría rescatar hoy un sistema que va rumbo a la deriva.

¿Qué irá a pasar? A un año de la llegada de la Liga Profesional, cuya oferta modernizadora no se halla muy clara, no queda otra que evitar el colapso de un modelo nacido en medio de auspicios tan infelices como la angurria, la competencia desleal y la improvisación.

El estado, enhorabuena, se batirá en retirada y ojalá no vuelva a ser actor de esta clase de transacciones. Convertirse en el productor de eventos deportivos por TV no es una de sus funciones. Queda abierto para algo que no será mucho mejor: el imperio de la TV pagada, que dejará a la gran mayoría sin uno de sus espectáculos preferidos: el fútbol.

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Una respuesta a “El ocaso de la TV en el fútbol nacional

  1. Marcelo Hernández

    Totalmente de acuerdo con esta reflexion que se hace, hay que darle el valor adecuado a lo que se hace y ante quien, el sencionalismo por ganar raiting es un mal que distorciona las cosas y a metido en la mediocridad al futbol ecuatoriano.

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