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¿Qué es “ganar a lo Barcelona”?

Barcelona

Walkir Silva y el gol de la clasificación a semifinales (1987)

La seguridad es tan corrosiva como lo son las dudas
Milan Kundera

Yo lo vi.  24 de mayo de 1987. No era feriado, porque cayó domingo. El Día de la Patria fue escenario perfecto para una definición de Copa Libertadores, de ese torneo bravo y épico que era antes del 2000, donde para imponerse había que ganar sin dejar dudas y jugar dentro y fuera de la cancha. No era la Copa soft y edulcorada de hoy, la de Fox.

En aquella jornada, Barcelona comparecía a la cancha del Modelo. Necesitaba ganarle a Olimpia de Asunción para ser primero del grupo y solamente así clasificar a las semifinales. Ganar o ganar. Si empataban, la clasificación era para los franjeados, equipo copero y tradicional como muy pocos en el continente.

Toma y dame, ida y vuelta, agonía, desesperación y nervios. Todo estaba 2-2 hasta el minuto 76, cuando un centro de Galo Vásquez encontró la cabeza del uruguayo Walkir Silva. Gol. Era el 3-2, así se alzaba la puerta de la clasificación dentro de los seis mejores equipos del continente.

Eso era “ganar a lo Barcelona”. Ni más, ni menos. Hubo muchas antes, también muchas después. Imposible olvidar, por ejemplo, los triunfos sobre Colo Colo y Sao Paulo (1992), aquella clasificación por encima de Universitario de Perú (1993), la semifinal de la Copa con Cerro (1998). Antes, el título de 1997.

¿Qué entiendo yo por “ganar a lo Barcelona”? Ser más fuerte que los fuertes, ser roca si el rival es acero. Esto, de ninguna manera es lo que sucede hoy: sufrir como madres para sacarles un golcito de diferencia a escuálidos contendientes.

La figura retórica, con el paso del tiempo, se prostituyó. La realidad dicta que Barcelona, desde 1998, ha sido un equipo más del montón. Tantas veces campeón como lo fueron Olmedo o Deportivo Cuenca. Como ya no juega contra los grandes del continente, sino a duras penas le pone la cara a equipos del medio que lo han superado en importancia competitiva, ¿cómo apelar a aquello de “ganar a lo Barcelona”?

Planteadas así las cosas, tan crudamente, para la prensa simplista no hay otra salida que endilgarle caracteres gloriosos y míticos a cualquier victoria sufrida y difícil de local, sobre rivales de dudosos antecedentes históricos. Pasó este domingo último con Fuerza Amarilla, como tantas veces en los últimos 18 años.

¿Qué tienen que ver el gol laboriosamente conseguido por Ismael Blanco el domingo con el de Walkir Silva? ¿En qué se parecen Fuerza Amarilla y Olimpia? ¿Cuál es la equivalencia histórica entre la cuarta fecha de la competencia local y la clasificación a la semifinal de la Copa Libertadores de América?

Las preguntas anteriores parecen obvias, pero hay que plantearlas. Sus respectivas respuestas explican la devaluación del término “ganar a lo Barcelona”. Una frase golpeadora, tenaz, que tiene impacto en la gente. Como ya no hay triunfos importantes, que cuentan para la historia real del club, hay que usarla a destajo, apenas haya oportunidad. Así, se volvió un lugar común, tedioso como todos sus similares.

La gente, feliz, traga este aceite hirviendo. Se crea en la cabeza el imaginario de que Jerónimo Costa es Éver Hugo Almeida, Federico Alonso se bate como Rogelio Delgado y Lauro Cazal comparte con Evaristo Isasi algo más que la nacionalidad. Y así, por efecto de la goebbeliana política de repetir 100 veces una mentira para hacerla verdad, el triunfo sobre Fuerza Amarilla pasa a ser una especie de conquista de las Termópilas, cuando en la realidad no es sino una de tantas victorias de trámite, acaso digna de reparos porque fue conseguida de forma sufrida y lamentable sobre un rival que se quedó con un elemento menos desde el minuto 33 y que estuvo en ventaja hasta el minuto 80, gracias al único tiro al arco que logró empalmar.

Planteadas así las evidencias, solamente queda reflexionar sobre el por qué cierta prensa recurre a engañar a la gente con conceptos tan impropiamente aplicados como el citado. Vivimos una época donde el afán de cuestionar ha quedado relegado por la voluntad de quedar bien con Dios y el diablo. Hay que sonar bien con todo lo que se le dice a la hinchada del equipo ganador, porque eso asegura audiencia. Una mencioncita acaramelada en Twitter al club de moda, al dirigente encumbrado, nunca estará mal. ¿Para qué meterse en honduras y dudar, si elogiar a mansalva es más fácil?

De todas formas, siempre habrá un espacio para decir algo más que lo obvio.

Si quieren ver qué era “ganar a lo Barcelona”, les dejo este video. Cortesía de Diego Arcos.

 

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Toda la verdad sobre el Quito – Barcelona de 1989

La historia del fútbol ecuatoriano está narrada por mitos, mentiras, verdades a  medias que son acomodadas de acuerdo al interés, la simpatía o antipatía de quien cuenta. El caso del partido Quito – Barcelona de 1989 es el ejemplo más claro de esto. Aquí, intentaré explicar en la forma más diáfana posible lo que sucedió en realidad.

Freddy Barreto al piso. Luis Ordóñez pelea por la pelota. A lo lejos, Janio Pinto (Archivo El Comercio).

Freddy Barreto al piso. Luis Ordóñez pelea por la pelota. A lo lejos, Janio Pinto (Archivo El Comercio).

Entre el 10 y el 27 de diciembre de 1989, el fútbol ecuatoriano vivió una de las etapas más tensas de su historia. La definición del título de ese año, complicada por varias aristas reglamentarias, creó un caso digno de ser entendido de la mejor forma. Más allá de los apetitos, las simpatías y antipatías, el desenlace de ese partido Deportivo Quito – Barcelona debe ser entendido dentro de un contexto histórico y reglamentario.

Todo en domingo…

Así estaba la tabla para esa fecha final. (Números de Aurelio Dávila)

Así estaba la tabla para esa fecha final. (Números de Aurelio Dávila)

La última fecha de la liguilla 1989 había empezado el sábado 9 de diciembre, en el estadio Bellavista. Macará y Filanbanco empataron 1-1. Era un encuentro sin relevancia, pues ambos equipos no tenían opción para llegar a la Copa Libertadores y el título.

El plato fuerte estaba en el Atahualpa y el Modelo. A las 12:00, con riguroso horario unificado, empezaban los partidos Quito – Barcelona y Emelec – El Nacional.

Las posibilidades eran claras. El empate le bastaba a Barcelona para ser campeón. Si el Quito quería llevarse su tercera corona, debía ganar y esperar que Emelec pierda o empate. Para los eléctricos, la opción era ganar y esperar un triunfo del Quito para jugar una serie extra con los chullas para definir al campeón.

Acá viene nuestro  el PRIMER MITO que vamos a desvirtuar:

“Ay, es que el Quito le ganaba a Barcelona y era campeón, ay”

FALSO: el reglamento de aquella época disponía que, de haber igualdad en puntos entre dos equipos, no se tomaba en cuenta el gol diferencia y se jugaba una serie final de dos partidos. En caso de igualdad en esa serie, se jugaba un tercer encuentro, en cancha neutral. Como se iba desenvolviendo la fecha (ya lo veremos), la única opción para el Quito era jugar la final con Emelec. De ninguna manera el Quito  iba a ser campeón esa tarde.

La fecha  unificada planteaba dos realidades: mientras el partido en el Atahualpa era candente y tensionante, en el Modelo las cosas eran sencillas para Emelec, que enfrentaba a un equipo sin opciones de título y que dependía de resultados inusuales para clasificar a la Copa.

Por eso, para Emelec no fue difícil ganarle a El Nacional desde el comienzo hasta el fin del partido. Y ojo que el equipo criollo, con Carlos Sevilla, había hecho un campañón.

Pero mientras Emelec se desenvolvía casi sin apuros, el clima en el Atahualpa se enrarecía con el paso de los segundos. El Quito, que capeaba con éxito la era post Aguinaga, tenía en Carlos Alberto Mendoza y Óscar Marcelo Gutiérrez a sus puntales.

El gol de Carlos Alberto Mendoza, en el arco norte del Atahualpa. Lo lamenta Jimmy Izquierdo (Foto Archivo El Comercio)

El gol de Carlos Alberto Mendoza, en el arco norte del Atahualpa. Lo lamenta Jimmy Izquierdo (Foto Archivo El Comercio)

Pero, por su lado, Barcelona contrarrestaba con una defensa memorable: Claudio Alcívar, Jimmy Montanero, Tulio Quinteros y Jimmy Izquierdo. En el arco, Carlos Morales. Infranqueables.

Mientras Emelec sellaba el 4-2 sobre El Nacional, el Quito encontró en la inspiración de Carlos Alberto Mendoza y a los 75’, con un remate de fuera del área, batió a Carlos Luis Morales. Fue el momento cumbre  de un partido irregular desde el comienzo.

La terna que presidió Alfredo Rodas y completaron Luis Naranjo y Milton Villavicencio pasó por momentos tormentosos. A los 15’, lo agredieron a Villavicencio. El hecho fue un hincha que entró a la cancha por uno de los túneles. A los 20’, Alfredo Encalada, capitán del Quito,  fue merecidamente expulsado por agredir a Jimmy Jiménez.

Pero lo grave vendría al minuto 83’. La hinchada de Deportivo Quito, intentando festejar lo que ellos creían era “el título” o “la clasificación” a la Copa, buscó invadir por primera vez la cancha. Rodas debió parar el partido y, con el campo de juego apenas despejado, reinició las acciones. No por mucho tiempo, porque a los 85’ se vino la invasión total, que imposibilitó seguir el partido.

Y justo ese momento llegó, en el arco sur del Atahualpa, una acción de gol donde Manuel Uquillas metió la pelota dentro del arco de Carlos Enríquez. La verdad es que Rodas no sancionó el gol, por cuanto no había autorizado reanudar el cotejo.

Acá viene el SEGUNDO MITO que vamos a desvirtuar:

“Ay, el año anterior, en la final con el Quito, habían invadido los hinchas de Emelec, pero igual no pasó nada y no repitieron el partido, ay”

FALSO: es cierto que en la final de 1988, entre Quito y Emelec, se registró la invasión de hinchas azules a la cancha del Atahualpa, pero la diferencia es que el árbitro Medardo Martínez en coordinación con la Policía logró despejar el campo de juego, situación que no se pudo hacer en 1989.

Rodas consignó todo en el informe, el  mismo que fue evaluado el martes 12 de diciembre en la Federación. La Comisión de Disciplina conformada por  Patricio Torres (Universidad Católica), Alex de la Torre (Técnico Universitario) y Marco Arteaga (Filanbanco) sanciona (2 votos a favor y 1 voto en contra) de acuerdo al informe arbitral y decide que deben jugarse los 7 minutos que faltaban  para que concluya el partido. Mantiene la expulsión de Alfredo Encalada y sanciones económicas a dirigentes de AFNA (Jacinto Enríquez) y del Deportivo Quito (Ramiro Espinoza).

Este fallo original  no fue aceptado por Barcelona, que se consideró perjudicado. Y su respuesta fue a derecho, acogiéndose al artículo 60 del reglamento del Campeonato Nacional, que decía: “Si un partido fuere suspendido definitivamente por un árbitro, en razón de la intervención de los espectadores o porque éstos agredan al árbitro, los jueces de línea o los jugadores del equipo rival, el local será sancionado con la perdida de los puntos, que irán en beneficio de su contendor con un marcador de 2 goles si la diferencia fuere menor el momento de la suspensión, en el caso de que se probare su culpabilidad, a juicio de la Comisión Disciplinaria”.

Pero el Quito también estaba socorrido por las normas. Ellos se acogían al artículo 117 de ese mismo reglamento, a todas luces contradictorio al anterior: “Si el árbitro suspendiere el partido definitiva-mente o indefinidamente por falta de garantías reglamentarias y existiera imposibilidad de reanudarlo en el mismo campo de juego, comunicará el particular, hasta dentro de 24 horas al Comité Ejecutivo, el que señalará el lugar, día y hora de reanudación del partido y notificará su resolución a los clubes contrincantes. Si la suspensión fuere originada por los incidentes, el Comité Ejecutivo en ningún caso dispondrá la reanudación del partido en el mismo escenario donde se suspendió”.

¿Qué hacer? No había otra salida que buscar una opción lo  más salomónica posible y eso ya estaba en manos del Comité Ejecutivo de la FEF, presidido por Carlos Coello. El titular del  organismo no estaba en el país cuando estalló el circo, pero regresó. ¿Qué otra cosa querían? ¿Que se quede afuera hasta que todo pase? Él tenía la obligación de apersonarse de algo tan delicado y así lo hizo.

Este comité ejecutivo, integrado por el propio Coello, Augusto Miranda (Pichincha), Carlos Espinoza (Guayas), Carlos Bergman (El Oro) y Luis Garzón (Esmeraldas), en la reunión del 21 de diciembre, decide por 3 votos a 2, que el partido debe volverse a jugar íntegramente el día 27 de diciembre, sin público.

Así fue que se jugó, esta vez con terna argentina  presidida por Ricardo Calabria. El encuentro acabó 0-0 y así Barcelona fue campeón nacional, por delante de Emelec.

Y acá viene el TERCER MITO que vamos a desvirtuar:

“Ay, hacen repetir el partido desde cero, pero si validaron la expulsión de Encalada, ay”

Deportivo Quito JAMÁS APELÓ la expulsión de Encalada. Se les pasó por alto, y se entiende que así haya sido. La sanción impuesta por la comisión de disciplina es al margen de lo resuelto por el comité ejecutivo.

Terminó el partido. El 0-0 le daba el título a Barcelona. (Foto: Archivo El Comercio)

Terminó el partido. El 0-0 le daba el título a Barcelona. (Foto: Archivo El Comercio)

¿Fue la salida más legal?
Imposible determinar. Ambos ponentes tenían la razón, asistidos por el reglamento. Sin embargo, en los hechos reales se puede encontrar la respuesta. Fue claro y notorio (y así lo consignó el informe de Rodas) que la invasión la propiciaron los hinchas de Deportivo Quito. ¿Cabía favorecerlos al solamente hacerles jugar los minutos que faltaban?

¿Fue la salida más justa?
Imposible determinar, también. Barcelona fue perjudicado. Se expusieron a jugar un partido completo por una irregularidad que ellos no propiciaron. Aparte, pese a que el partido se repitió sin público, la taquilla (estadio lleno) del partido del 10 de diciembre nunca se devolvió y Deportivo Quito la embolsó y se benefició de ella. Barcelona, por una cuestión contractual, debió jugar sin sus extranjeros. Deportivamente, llegó a ese partido en desventaja.

¿Qué nos dejó este hecho?
Fue  beneficioso para todo el fútbol ecuatoriano. Desde esa fecha, hasta el presente, los reglamentos prohíben que los partidos se repitan. Y así ha dicho la historia, nunca más se sucedieron hechos vergonzosos como este.

CONCLUSIÓN

Este fallo no perjudicó concretamente a nadie. La insuficiencia de las leyes obligó a una decisión colegiada, donde se buscó complacer a las partes. Sin embargo, sentó jurisprudencia y ha colaborado positivamente en el crecimiento de nuestro fútbol profesional.