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Telón lento para Franklin Salas

¿Qué puede aportar Salitas a Deportivo Quito? ¿Qué puede estar detrás de su contratación, más allá de lo futbolístico? Un intento de análisis de una situación que puede tener connotaciones tristes.

Salas, el día de su presentación en Deportivo Quito. (Foto de El Comercio)

Salas, el día de su presentación en Deportivo Quito. (Foto de El Comercio)

¿Qué puesto le dará la historia del fútbol nacional a Franklin Salas? No jugó en la élite internacional, jamás fue el timón o el guía de un equipo épico (en la  Liga 2008-2009 era apenas un suplente de lujo) y su nombre no está en los puestos privilegiados de las estadísticas.

Su lugar es otro. Salas fue el último futbolista cuya sola presencia convocaba y levantaba a las tribunas. Con una jugada era capaz de saldar el precio de la entrada y las ovaciones que recibía no eran exclusivas de los hinchas de Liga. Salas fue un ídolo, acaso el último del fútbol ecuatoriano. Y eso que, profesional y deportivamente, vinieron jugadores superiores.

Si queremos entrar en el terreno de las comparaciones, Salitas fue al fútbol ecuatoriano lo que Óscar Bonavena al box argentino: un elemento popular, sin vitrinas colmadas de trofeos –Ringo nunca fue campeón mundial- y cuyas tribulaciones fuera del campo deportivo eran un espejo donde se podía reflejar el hombre común, el que como ellos viene de abajo y busca todos los días ser alguien mejor.

Puedo concluir, en este rubro, que Salas estará en un escalón similar al de Polo Carrera o Jorge Bolaños, con la diferencia de que ellos fueron claves y decisivos para ganar títulos. Sin embargo, el carisma del aún activo volante ofensivo supera al de los nombrados.

Carisma. Ese es el punto. Si algo mantiene en el campo de juego a Salas es eso. Despojémonos de la magnética figura del jugador y analicemos con frialdad su carrera posterior a la Copa Sudamericana del 2009. En el 2010, con el regreso de Edgardo Bauza a Liga y la salida de su padrino Jorge Fosatti, el Mago entró en una debacle de la que jamás pudo levantar.

Su paso a Imbabura (2011) fue el inicio de un tobogán que, como intentaré explicar luego, aún no termina. Jugó en Argentina, en un equipo del interior (Godoy Cruz), lejos de River, la institución que en su mejor momento lo quiso y a la que no llegó por aquel lastre que le impidió posicionarse en un nivel superior: las lesiones.

En Liga de Loja su expresión futbolística apareció restablecida, pero una cosa es tener 25 años y otra 32. Y si hay una carga de problemas físicos, ni se diga. Hago memoria, voy a archivos y llego a la penosa conclusión que Salitas es el futbolista más lesionado de la historia. Y esta ‘condecoración’ no es menor.

Dos años en Olmedo, uno en la Serie A y otro en la B, definieron que Salas está cerca del retiro. De remate, hace un año, el Mago sufrió una lesión que lo tuvo  media temporada afuera.

Pero, seguramente, este detalle está fuera del alcance de quienes arrancaron una campaña mediática desproporcionada, a fines del año pasado, con el fin de ubicar a Franklin Salas en Deportivo Quito. Tampoco seguramente saben que no pasó de ser suplente en Olmedo, de uno de los dos equipos que descendió en la temporada pasada.

¿Cuál era la intención de propagandearlo mañana, tarde y noche? A la luz pública, el interés de ciertos ¿periodistas? partidarios y operadores de prensa se circunscribía a molestar a Liga de Quito. Un capítulo más de la desestructurada y ya hartante necesidad que quienes están cerca del Quito tienen de rivalizar con Liga. Salas pasó a ser una suerte de trofeo de guerra. 10 años después de su cénit, pero trofeo de guerra al fin.

El tiro les salió por la culata. En Liga, cundió la indiferencia ese viernes que Salas se puso la azulgrana. La primera batalla estaba perdida. Y por goleada.

¿Qué hacer, entonces, con Salas? Promocionarlo como la “gran” contratación, la que hará diferencia, la que llenará estadios y ganará partidos. No queda otra, por más que las evidencias deportivas sean adversas.

El tema me empezó a preocupar el viernes, luego de ver el dramático esfuerzo de Salas por ser el que fue, pero sin tener los recursos de su buena era. Su sudor, la entrega y la voluntad se van de bruces frente a la realidad. Esa realidad cruda que, por ejemplo, pintaron Luis Zubeldía y Esteban Paz a inicios de año: Salitas ya no está ni para entrenar.

Tras la derrota frente al Cuenca, no faltaron hinchas y ¿periodistas? de Deportivo Quito preguntando “¿Por qué no juega Salas?”. Cuando ellos lo que deberían preguntarse es por qué Salas sigue jugando.

En el mismo equipo que dejó ir por la puerta de atrás a Christian Lara y Walter Calderón, pese a sus valientes esfuerzos para evitar el merecido descenso del año pasado, detecto que las esperanzas en hacer “una gran campaña, pelear el campeonato o la clasificación a la Copa” dependen de lo que pueda hacer un futbolista que está más cerca del adiós que de la práctica activa. Dramático.

Quienes revolotean por Carcelén quieren ocultar un detalle innegable: Salas fue un crack. Ya no lo es. Pero esto no es lo peor. Conociendo los alcances y modus operandi de ciertos personajes, considero muy seriamente la opción de que estén utilizando al futbolista para tapar a la afición hechos más graves.

El Quito es una institución colapsada e inviable. Ha hecho, como dije, méritos para descender y también para desaparecer del mapa. Sus graves problemas internos solamente pueden pasar por alto en un país donde el ente que regula el fútbol considera que barrer la basura bajo la alfombra es “defender” la actividad.

Si alguien llevó a Salas al Quito, convencido de que podría hacer la diferencia futbolista es un ignorante absoluto de la actividad, pero también un mentiroso o un perverso. Cargarle de responsabilidades a alguien que tiene el 25% de su capacidad física y deportiva entra en cualquiera de esas categorías.

Dentro de todo este circo, no falta una luz. Tabaré Silva, el DT del Quito, no tiene dudas en reconocer que Salas no está para ser titular (lo dijo el viernes). El tema está en que no lo entienden. Y el paso de la temporada, contrario a lo que puede pasar con un futbolista con menos años o menos lastimado por las lesiones, confinará cada vez más al Chicharra a la banca.

No hay salida. Salas no volverá a ser el del 2010. Ni se diga el del 2004. Por eso, si el Quito confirma su candidatura al descenso y termina yéndose a la Serie B, no será difícil que los mismos genios que lo pintan como la ‘salvación’ lo señalen como el responsable de un hecho que se generó mucho antes de que Salas llegue al Quito.

Este no es el final que su carrera merece. Habría preferido verlo en Liga, jugando los 5 minutos finales de un partido ante River o Mushuc Runa, saliendo aplaudido. Salas no merece cargar con un muerto cuyos signos vitales se irán extinguiendo a lo largo del año.

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Toda la verdad sobre el Quito – Barcelona de 1989

La historia del fútbol ecuatoriano está narrada por mitos, mentiras, verdades a  medias que son acomodadas de acuerdo al interés, la simpatía o antipatía de quien cuenta. El caso del partido Quito – Barcelona de 1989 es el ejemplo más claro de esto. Aquí, intentaré explicar en la forma más diáfana posible lo que sucedió en realidad.

Freddy Barreto al piso. Luis Ordóñez pelea por la pelota. A lo lejos, Janio Pinto (Archivo El Comercio).

Freddy Barreto al piso. Luis Ordóñez pelea por la pelota. A lo lejos, Janio Pinto (Archivo El Comercio).

Entre el 10 y el 27 de diciembre de 1989, el fútbol ecuatoriano vivió una de las etapas más tensas de su historia. La definición del título de ese año, complicada por varias aristas reglamentarias, creó un caso digno de ser entendido de la mejor forma. Más allá de los apetitos, las simpatías y antipatías, el desenlace de ese partido Deportivo Quito – Barcelona debe ser entendido dentro de un contexto histórico y reglamentario.

Todo en domingo…

Así estaba la tabla para esa fecha final. (Números de Aurelio Dávila)

Así estaba la tabla para esa fecha final. (Números de Aurelio Dávila)

La última fecha de la liguilla 1989 había empezado el sábado 9 de diciembre, en el estadio Bellavista. Macará y Filanbanco empataron 1-1. Era un encuentro sin relevancia, pues ambos equipos no tenían opción para llegar a la Copa Libertadores y el título.

El plato fuerte estaba en el Atahualpa y el Modelo. A las 12:00, con riguroso horario unificado, empezaban los partidos Quito – Barcelona y Emelec – El Nacional.

Las posibilidades eran claras. El empate le bastaba a Barcelona para ser campeón. Si el Quito quería llevarse su tercera corona, debía ganar y esperar que Emelec pierda o empate. Para los eléctricos, la opción era ganar y esperar un triunfo del Quito para jugar una serie extra con los chullas para definir al campeón.

Acá viene nuestro  el PRIMER MITO que vamos a desvirtuar:

“Ay, es que el Quito le ganaba a Barcelona y era campeón, ay”

FALSO: el reglamento de aquella época disponía que, de haber igualdad en puntos entre dos equipos, no se tomaba en cuenta el gol diferencia y se jugaba una serie final de dos partidos. En caso de igualdad en esa serie, se jugaba un tercer encuentro, en cancha neutral. Como se iba desenvolviendo la fecha (ya lo veremos), la única opción para el Quito era jugar la final con Emelec. De ninguna manera el Quito  iba a ser campeón esa tarde.

La fecha  unificada planteaba dos realidades: mientras el partido en el Atahualpa era candente y tensionante, en el Modelo las cosas eran sencillas para Emelec, que enfrentaba a un equipo sin opciones de título y que dependía de resultados inusuales para clasificar a la Copa.

Por eso, para Emelec no fue difícil ganarle a El Nacional desde el comienzo hasta el fin del partido. Y ojo que el equipo criollo, con Carlos Sevilla, había hecho un campañón.

Pero mientras Emelec se desenvolvía casi sin apuros, el clima en el Atahualpa se enrarecía con el paso de los segundos. El Quito, que capeaba con éxito la era post Aguinaga, tenía en Carlos Alberto Mendoza y Óscar Marcelo Gutiérrez a sus puntales.

El gol de Carlos Alberto Mendoza, en el arco norte del Atahualpa. Lo lamenta Jimmy Izquierdo (Foto Archivo El Comercio)

El gol de Carlos Alberto Mendoza, en el arco norte del Atahualpa. Lo lamenta Jimmy Izquierdo (Foto Archivo El Comercio)

Pero, por su lado, Barcelona contrarrestaba con una defensa memorable: Claudio Alcívar, Jimmy Montanero, Tulio Quinteros y Jimmy Izquierdo. En el arco, Carlos Morales. Infranqueables.

Mientras Emelec sellaba el 4-2 sobre El Nacional, el Quito encontró en la inspiración de Carlos Alberto Mendoza y a los 75’, con un remate de fuera del área, batió a Carlos Luis Morales. Fue el momento cumbre  de un partido irregular desde el comienzo.

La terna que presidió Alfredo Rodas y completaron Luis Naranjo y Milton Villavicencio pasó por momentos tormentosos. A los 15’, lo agredieron a Villavicencio. El hecho fue un hincha que entró a la cancha por uno de los túneles. A los 20’, Alfredo Encalada, capitán del Quito,  fue merecidamente expulsado por agredir a Jimmy Jiménez.

Pero lo grave vendría al minuto 83’. La hinchada de Deportivo Quito, intentando festejar lo que ellos creían era “el título” o “la clasificación” a la Copa, buscó invadir por primera vez la cancha. Rodas debió parar el partido y, con el campo de juego apenas despejado, reinició las acciones. No por mucho tiempo, porque a los 85’ se vino la invasión total, que imposibilitó seguir el partido.

Y justo ese momento llegó, en el arco sur del Atahualpa, una acción de gol donde Manuel Uquillas metió la pelota dentro del arco de Carlos Enríquez. La verdad es que Rodas no sancionó el gol, por cuanto no había autorizado reanudar el cotejo.

Acá viene el SEGUNDO MITO que vamos a desvirtuar:

“Ay, el año anterior, en la final con el Quito, habían invadido los hinchas de Emelec, pero igual no pasó nada y no repitieron el partido, ay”

FALSO: es cierto que en la final de 1988, entre Quito y Emelec, se registró la invasión de hinchas azules a la cancha del Atahualpa, pero la diferencia es que el árbitro Medardo Martínez en coordinación con la Policía logró despejar el campo de juego, situación que no se pudo hacer en 1989.

Rodas consignó todo en el informe, el  mismo que fue evaluado el martes 12 de diciembre en la Federación. La Comisión de Disciplina conformada por  Patricio Torres (Universidad Católica), Alex de la Torre (Técnico Universitario) y Marco Arteaga (Filanbanco) sanciona (2 votos a favor y 1 voto en contra) de acuerdo al informe arbitral y decide que deben jugarse los 7 minutos que faltaban  para que concluya el partido. Mantiene la expulsión de Alfredo Encalada y sanciones económicas a dirigentes de AFNA (Jacinto Enríquez) y del Deportivo Quito (Ramiro Espinoza).

Este fallo original  no fue aceptado por Barcelona, que se consideró perjudicado. Y su respuesta fue a derecho, acogiéndose al artículo 60 del reglamento del Campeonato Nacional, que decía: “Si un partido fuere suspendido definitivamente por un árbitro, en razón de la intervención de los espectadores o porque éstos agredan al árbitro, los jueces de línea o los jugadores del equipo rival, el local será sancionado con la perdida de los puntos, que irán en beneficio de su contendor con un marcador de 2 goles si la diferencia fuere menor el momento de la suspensión, en el caso de que se probare su culpabilidad, a juicio de la Comisión Disciplinaria”.

Pero el Quito también estaba socorrido por las normas. Ellos se acogían al artículo 117 de ese mismo reglamento, a todas luces contradictorio al anterior: “Si el árbitro suspendiere el partido definitiva-mente o indefinidamente por falta de garantías reglamentarias y existiera imposibilidad de reanudarlo en el mismo campo de juego, comunicará el particular, hasta dentro de 24 horas al Comité Ejecutivo, el que señalará el lugar, día y hora de reanudación del partido y notificará su resolución a los clubes contrincantes. Si la suspensión fuere originada por los incidentes, el Comité Ejecutivo en ningún caso dispondrá la reanudación del partido en el mismo escenario donde se suspendió”.

¿Qué hacer? No había otra salida que buscar una opción lo  más salomónica posible y eso ya estaba en manos del Comité Ejecutivo de la FEF, presidido por Carlos Coello. El titular del  organismo no estaba en el país cuando estalló el circo, pero regresó. ¿Qué otra cosa querían? ¿Que se quede afuera hasta que todo pase? Él tenía la obligación de apersonarse de algo tan delicado y así lo hizo.

Este comité ejecutivo, integrado por el propio Coello, Augusto Miranda (Pichincha), Carlos Espinoza (Guayas), Carlos Bergman (El Oro) y Luis Garzón (Esmeraldas), en la reunión del 21 de diciembre, decide por 3 votos a 2, que el partido debe volverse a jugar íntegramente el día 27 de diciembre, sin público.

Así fue que se jugó, esta vez con terna argentina  presidida por Ricardo Calabria. El encuentro acabó 0-0 y así Barcelona fue campeón nacional, por delante de Emelec.

Y acá viene el TERCER MITO que vamos a desvirtuar:

“Ay, hacen repetir el partido desde cero, pero si validaron la expulsión de Encalada, ay”

Deportivo Quito JAMÁS APELÓ la expulsión de Encalada. Se les pasó por alto, y se entiende que así haya sido. La sanción impuesta por la comisión de disciplina es al margen de lo resuelto por el comité ejecutivo.

Terminó el partido. El 0-0 le daba el título a Barcelona. (Foto: Archivo El Comercio)

Terminó el partido. El 0-0 le daba el título a Barcelona. (Foto: Archivo El Comercio)

¿Fue la salida más legal?
Imposible determinar. Ambos ponentes tenían la razón, asistidos por el reglamento. Sin embargo, en los hechos reales se puede encontrar la respuesta. Fue claro y notorio (y así lo consignó el informe de Rodas) que la invasión la propiciaron los hinchas de Deportivo Quito. ¿Cabía favorecerlos al solamente hacerles jugar los minutos que faltaban?

¿Fue la salida más justa?
Imposible determinar, también. Barcelona fue perjudicado. Se expusieron a jugar un partido completo por una irregularidad que ellos no propiciaron. Aparte, pese a que el partido se repitió sin público, la taquilla (estadio lleno) del partido del 10 de diciembre nunca se devolvió y Deportivo Quito la embolsó y se benefició de ella. Barcelona, por una cuestión contractual, debió jugar sin sus extranjeros. Deportivamente, llegó a ese partido en desventaja.

¿Qué nos dejó este hecho?
Fue  beneficioso para todo el fútbol ecuatoriano. Desde esa fecha, hasta el presente, los reglamentos prohíben que los partidos se repitan. Y así ha dicho la historia, nunca más se sucedieron hechos vergonzosos como este.

CONCLUSIÓN

Este fallo no perjudicó concretamente a nadie. La insuficiencia de las leyes obligó a una decisión colegiada, donde se buscó complacer a las partes. Sin embargo, sentó jurisprudencia y ha colaborado positivamente en el crecimiento de nuestro fútbol profesional.