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Pensar, actividad riesgosa

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¿Desde cuándo opinar se volvió tan complicado y peligroso en Ecuador?

La entrevista a Ramiro Aguilar que publicó Plan V es una suerte de re edición de ‘Ecuador: señas particulares”, el emblemático ensaño de Jorge Enrique Adoum, donde se intenta retratar qué nos caracteriza como ecuatorianos. Aparte de entretenida, la nota al exasambleísta resulta esclarecedora. Habla de muchas cosas que la mayoría de políticos omiten, sencillamente porque decirlas implica perder votos.

Se puede no estar de acuerdo con Aguilar en ciertos puntos que toca. Incluso, se puede discutir la estridencia intencional de sus formas. Sin embargo, el aluvión de descalificaciones que sufrió es suficiente argumento como para detenerme a pensar en cómo llegamos a una situación absolutamente oscurantista, donde el país se divide entre “malos” y “buenos”, medición realizada obviamente al calor de las emociones y los apetitos de cada quien que la haga.

Uno de los cambios principales que sufrió este país en la última década fue la entronización de la intolerancia como forma de debate. Y el gran responsable de esta plaga es, no cabe duda, el poder. Sábado a sábado, cadena a cadena, el combate no fue de ideas. Que el ciudadano más visible del país, el mandatario elegido por la mayoría, utilice de forma crónica el insulto para derribar a quien ose pensar distinto a él se volvió algo aceptable y aceptado, tolerable y hasta digno de imitar. Incluso inconscientemente.

La irrupción del correismo coincidió con la explosión de las redes sociales. Las ‘reses’, para ser más exacto. Uno de los efectos colaterales de publicar algo en redes es su amplificación.  Cualquier frase irrelevante, algún dicho al aire, puede llegar a ser importante (“viral”, dirían) dependiendo quién lo dice, en qué momento lo dice y hacia quién  va dirigido.

En pleno auge de esta nueva forma de comunicar, la descalificación y el pobre sentido del debate empezaron a tener una suerte de caja amplificadora. Alentados, como queda explicado, por el ‘primer ciudadano del país’, todo el mundo se creyó validado para imponerse sobre el otro a las malas, clavando el puñal en medio de la mesa. Pasa en política y en fútbol, dos de los temas más tratados –y maltratados-  en las ‘reses’. Pasa también con asuntos domésticos. Las prescindibles desventuras matrimoniales de un par de ignotos, registradas en un video, terminaron siendo tema de ‘interés nacional’, a juzgar por su ubicación en el ‘rating’ de Twitter.

Sirva este preámbulo y esta búsqueda de raíces para llegar al momento actual y entender qué pasó con Aguilar. Twitter (no sé si el país como tal) está dividido entre oficialistas y opositores. El un bando tratará de utilizar cualquier argumento a su favor para validar sus posiciones. Así sean noticias falsas, ‘memes’, videos y audios montados, insultos. No importa. Todo llegó a valer con tal de aparecer como superiores, ungidos y mejores opciones. Cada grupo se cree elegido, obre touna suerte de tribu de Israel, pero tercermundista. Y esto cuenta, pues se cree que esa es la forma de conquistar a quienes aún están indecisos.

En ese tren, nadie mide reputaciones ni integridades personales. Aparte de Aguilar, basta citar el ejemplo de Andrés Carrión, periodista respetable y con trayectoria si los hay. Carrión cometió el ‘error’ de no entrevistar a Jorge Glas como un grupo quería que lo entreviste. Simplemente, no les gustaron las preguntas, el tono, o lo que sea. Bastó eso para que Carrión sea acusado de “poco ético”, “corrupto”, “inmoral”. ¿Qué base tenían estos argumentos? Ninguna. Bastó que el periodista no sea concesivo con una figura cuestionable, pero que resulta grata a un sector. Eso ‘justificó’ que el capital profesional de Carrión sea puesto en duda de la forma más cobarde y artera. Y lo peor de todo es que buena parte de este ataque fue enfatizado por ¿periodistas? sirvientes de los medios estatales, exegetas y RRPP del oficialismo que, ante la posibilidad de perder el camello no han dudado en sacrificar mucho de su vergüenza. 

Pasó lo mismo con Aguilar. Para otro sector de las ‘reses’, el político cayó en el ‘error’ de no augurar una victoria de Guillermo Lasso. Y no solo eso: tampoco apoyó a este candidato. Fue  suficiente. Su elección individual, a la que tiene el mismo derecho que todos, fue irrespetada. Y, otra vez, la honra en juego. El excandidato vicepresidencial fue acusado (al estilo Twitter, sin base) de estar vinculado a las truculencias de Odebrecht, de haber recibido plata del gobierno y demás golpes bajos, atribuibles a la desmedida pasión de las masas deseosas de miel para sus oídos.

Me veo en la triste obligación de creer que al ecuatoriano no le gusta el hecho real. Prefiere la mentira, la ficción que lo haga feliz. En ese trayecto, todo aquel que no comulgue con su muy particular realidad personal pasa a ser indigno de derechos, portador de las inequidades y pecados más graves. ¿Qué autoridad tiene la gente de jugar con la integridad de Carrión? ¿Se justifica el acoso y el cargamontón contra Aguilar porque tiene algunas tesis discutibles?

Noto exagerada desesperación por buscar que lo que queremos en nuestro fuero íntimo, se haga realidad, aún a costa de pasar por encima de otros. Solamente así se justifica el clima actual, donde el pensamiento independiente es mal visto. Hay un afán infundado y soez de influir en el otro, de hacerle ver con nuestros ojos lo que creemos que es ‘real’. Ese afán colonizador del espíritu ajeno me parece invasivo. Y es peor cuando esa colonización no se consuma. El otro pasa a ser, simplemente, un ignorante, un ‘borrego’ o un ‘pelucón’, ‘enemigo de la patria’.

Esta vorágine nos ha arrastrado a todos, de una u otra forma. Pasamos, sin escalas, de un debate tibio y excesivamente acartonado (el que había hace 10 años) a una suerte de UFC donde nada está prohibido, incluyendo amenazas y agresiones. Un clima acentuado por ese cáncer de la moral personal llamado anonimato. A veces, me planteo si vale la pena o no el intento de aportar en medio de la locura actual.

 

¿Por qué voté por Mauricio Rodas?

¿Qué hizo (o qué le hicieron) para que me decida a votar por él?

¿Qué hizo (o qué le hicieron) para que me decida a votar por él? (Foto El Comercio)

Las tres primeras semanas de enero las pasé fuera del país. Esa ausencia coincidió con el encendido de la campaña electoral. Esta campaña, como las últimas, poco me ha interesado por su escaso balance. Por un lado, pensaba que las candidaturas oficialistas aparecían casi destinadas al triunfo. Creía, erradamente, que sea quien sea que pose junto a Rafael Correa estaba ‘condenado’ a una victoria incontestable. Así, poco interesa la política.

Lo mismo pensaba antes de que arranque la campaña para la alcaldía de Quito. Suponía que Augusto Barrera, sin reparar en lo insufrible de su gestión, tenía la reelección garantizada ante un insípido Mauricio Rodas. Sin embargo, dos días después de haber vuelto, me tocó agarrar un taxi desde el hotel Hilton a El Comercio. Todo cambió desde ahí.

Al subirme, me di cuenta que en el parabrisas posterior había un adhesivo de “Rodas Alcalde”. No le presté mayor atención, hasta que, a la altura de El Trébol (lugar simbólico del cataclismo vial que es Quito) el taxista me consultó:

–          ¿Usted ya tiene candidato?

–          Todavía no, pero veo que usted ya…

–          Si, en la Federación (de Taxistas) todos estamos con Rodas.

Click. A partir de ese momento, entendí que las cosas iban a ser diferentes. Los taxistas agremiados en Quito son una fuerza poderosa. En los últimos diez años, no menos de dos o tres veces, pararon la ciudad a su exclusivo arbitrio.

Me interesé en el tema y el taxista me empezó a explicar las razones de este impensado apoyo. Resumiendo, les molestaba lo mismo que al resto de quiteños inconformes: invisible reforma vial, multas exageradas, exceso de presencia municipal… en fin.

Pasaron los días y veía ambas campañas a la distancia. Por un lado, Barrera aparecía desgastado gracias a su escaso carisma, excesiva dependencia del poder central y a la palpitante realidad que nos muestra una ciudad que no encuentra nada más que parches para arreglar sus problemas.

Por otro lado, Rodas se erigía como una figura nueva, distinta y lo suficientemente inteligente como para no aparecer pegado a parte de su plataforma (Antonio Ricaurte), que no es vista con confianza por importante sector de la población.

Yo, en el medio, indeciso. A Barrera lo descartaba de entrada y Rodas no me convencía lo suficiente, más que por sus vinculaciones, porque sus intenciones aún no me quedaban (y no me quedan) claras.

Igual, no le paraba mucha bola al asunto, porque pensaba que el triunfo oficialista era inminente e inevitable, aún cuando el clima era diferente al de otras elecciones por lo que expliqué arriba. Pensé, incluso, en votar por alguno de los otros candidatos, porque eso de anular no va conmigo.

Pero las encuestas aparecían poco a poco y lo que primero fue un rumor se hizo voz: Rodas estaba cerca de Barrera. La cosa se volvió interesante, sobre todo cuando quienes trabajamos en esto de los medios nos enteramos de que estaban empatados, hace unas tres semanas.

Casualmente, apareció en escena el despliegue más elocuente de política de estercolero. Tengo claro el momento en que esto empezó: cuando un alto funcionario de gobierno publicó, como que si fuera el prontuario de algún delincuente común,  la tarjeta que Rodas usaba cuando era dirigente de las Juventudes Socialcristianas.

Esa fue la descalificación que dio señal de partida a la campaña más sucia que yo recuerde, a la altura de lo que fue Borja – Bucaram en 1988 o a una réplica en escala de Vargas Llosa – Fujimori en 1990. El ventilador estaba prendido en contra de Rodas, aunque él  y su equipo tuvieron errores muy cuestionables, como el de la foto de Juan Fernando Velasco.

Estuve atento al debate. La conclusión que saqué de ese encuentro en Radio Visión fue que Rodas empezó aplomado y Barrera desesperado. También que Barrera logró cerrar mejor, ante un Rodas que ya no tenía más que decir, por culpa de la mala estructura del encuentro. Duró 2 horas y media, cuando con una hora bastaba. Ni como culparle a Diego Oquendo. Él hizo lo que tenía que hacer, desde su óptica de empresario,  y le sacó el jugo al rating.

Tras el debate, todos se soltaron las trenzas y Rodas se volvió un blanco móvil de descalificaciones absurdas y del uso inmoral de un aparato público que debería servir para mejores cosas que para salvar a un mal candidato que es incapaz de aprovechar 20 puntos porcentuales de ventaja ante un rival sin una propuesta abrumadora.

Por eso me decidí a votar por Rodas. No porque ofreciera los cambios o reformas radicales que yo creo necesita Quito. El mío fue  un voto protesta, en contra del saldo negativo que deja la alcaldía de Barrera (que tiene cosas destacables, como los programas tipo Sesenta y Piquito o la gestión de la Dirección de Deportes) y de la grotesca campaña sucia que el gobierno armó. Siento que es mi deber ponerme del lado opuesto a maquinaciones como esas.

Por lo demás, no espero que Rodas sea el salvador de Quito. Primero, porque la capital no necesita salvadores, sino mandatarios eficientes y decididos. Segundo, porque creo que más podemos hacer nosotros, en nuestra vida diaria, para que esta ciudad recupere el brillo que, indudablemente, ha perdido.

Lo que sí espero de Rodas es honradez, sinceridad y trabajo, amén de programas más claros que eso de ofrecer grandes festivales musicales. Confío en que sea capaz y que le vaya bien. Su éxito será el de la ciudad.

Campañas electorales, las de antes…

Me reconozco un admirador de la política de antes. Recuerdo que, de niño, en épocas de elecciones, no dejaba pasar un día sin revisar el periódico, ver la TV, para identificar nuevas publicidades, reconocer a los candidatos. Me comía esa estética tan diferente a la actual.

Es que la política, hasta inicios de los 90, era callejera. De comité, concentración, murales y pancartas. La TV representaba poco. Lo que valía, en el caso de Quito, era llenar la plaza de San Francisco. Mientras, en Guayaquil, mandaba quien poblaba todas y cada una de las Cinco Esquinas.

Hoy, fijo, gana el que más Likes tiene en Facebook o el que más RT acumula de sus saludos o sesudas frases en Twitter. Modernidad es que le dicen…

En una visita al archivo, encontré los tomos de Últimas Noticias correspondientes a marzo – abril de 1979. Las primeras elecciones posteriores a los gobiernos militares. A la segunda vuelta, iban Jaime Roldós y Sixto Durán Ballén. Era también momento de elecciones al congreso.

Acá, una selección de los  más llamativos anuncios

El Liberalismo, fuerza poderosa de entonces y dos candidatos de lujo al congreso: Jaime del Castillo y Raùl Clemente Huerta.

El Liberalismo, fuerza poderosa de entonces y dos candidatos de lujo al congreso: Jaime del Castillo y Raùl Clemente Huerta.

Jaime del Castillo, en efecto, ganó la curul por Pichincha. Su gran alcaldía (proyector del Quito moderno) era aún recordada. Pero la leyenda cuenta que, al ver cómo mismo era el Congreso, decidió renunciar.

La campaña de Sixto explotaba su exitosa alcaldía.

La campaña de Sixto explotaba su exitosa alcaldía.

La publicidad electoral de Sixto Durán Ballén es la más profesional de todas, tal vez la única manejada por una agencia que, casi seguro estoy, es Citra Publicidad, la de Pascal  Michelet.

Asad Bucaram era el peso pesado cefepista. Al no poder ser candidato a la presidencia, optó al Congreso.

Asad Bucaram era el peso pesado cefepista. Al no poder ser candidato a la presidencia, optó al Congreso.

Concentración de Fuerzas Populares, la CFP, era el partido fuerte de aquella época. Un nombre que para la juventud de hoy es extraño y ajeno…

La ID empezaba a ser fuerte en Pichincha.

La ID empezaba a ser fuerte en Pichincha.

La hoy languideciente Izquierda Democrática, que hasta se quedó sin sede partidaria, entonces se perfilaba como una fuerza representativa, al menos en la sierra, su bastión electoral histórico.

Otto Arosemena, el epítome del político hábil.

Otto Arosemena, el epítome del político hábil.

La historia reconocerá en Otto Arosemena a un político capaz de hacerse elegir presidente de la República, pese a que su partido tenía solamente dos legisladores en el Congreso (él y uno más). En estas elecciones, se presentó al Congreso y ganó.

El Velasco de la foto no es José María. Es Pedro.

El Velasco de la foto no es José María. Es Pedro, pero posa igualito.

Eran épocas duras para el velasquismo. En medio de esas elecciones, su mentor y líder máximo falleció. Fue el comienzo del fin del movimiento más vencedor de la historia electoral del país. En la publicidad, Pedro Velasco Espinosa, sobrino del caudillo y candidato (perdedor) a la diputación por  Pichincha.

El slogan de campaña de Sixto Durán Ballén

El slogan de campaña de Sixto Durán Ballén

Así como Velasco Ibarra fue imbatible en las plazas y calles del país, Sixto Durán Ballén debió ser el primer político en utilizar los medios masivos con una estrategia definida y vender su candidatura como un producto publicitario.

La izquierda más radical no podía estar ausente.

La izquierda más radical no podía estar ausente. ¿Cuánta gente habrá llevado a la concentración en San Francisco?

La UDP (Unión Democrática Popular) es, ni más ni menos, que el Partido Comunista de línea moscovita. Pedro Saad, su emblema histórico, no ganó la curul entonces.

Velasco tío, Velasco sobrino y una declaración que no pasó de las buenas intenciones.

Velasco tío, Velasco sobrino y una declaración que no pasó de las buenas intenciones.

Pocos días después de la muerte de Velasco Ibarra, aparece esta publicidad, buscando exaltar al líder. No funcionó.

El MPD (el comunismo maoista) y su debut electoral.

El MPD (el comunismo maoista) y su debut electoral.

Curioso anuncio. El MPD no ha cambiado mayormente su estética, su  publicidad es, más o menos, la misma desde 1979, año de su primera elección.

El caballo ganador.

El caballo ganador.

Jaime Roldós no necesitó de mayor publicidad. Estaba destinado a ser ganador y así lo demostró el resultado final.

Un anuncio discreto...

Un anuncio discreto…

¿Habría pensado el Ingeniero en que, cinco años después, el sería el presidente? Este anuncio, perdido en el filo de una página, muestra su proyección de entonces, no pasaba de ser un empresario inquieto por la política.

El conservadorismo de entonces, con nombres respetables.

El conservadorismo de entonces, con nombres respetables.

El partido más antiguo del país, fundado por Gabriel García Moreno (pero con antecedentes en Simón Bolívar) era una fuerza decisiva en la política de entonces. Al frente, la adustez y austeridad del Coronel Rafael Armijos.