Archivo de la etiqueta: fútbol ecuatoriano

¿Qué es “ganar a lo Barcelona”?

Barcelona

Walkir Silva y el gol de la clasificación a semifinales (1987)

La seguridad es tan corrosiva como lo son las dudas
Milan Kundera

Yo lo vi.  24 de mayo de 1987. No era feriado, porque cayó domingo. El Día de la Patria fue escenario perfecto para una definición de Copa Libertadores, de ese torneo bravo y épico que era antes del 2000, donde para imponerse había que ganar sin dejar dudas y jugar dentro y fuera de la cancha. No era la Copa soft y edulcorada de hoy, la de Fox.

En aquella jornada, Barcelona comparecía a la cancha del Modelo. Necesitaba ganarle a Olimpia de Asunción para ser primero del grupo y solamente así clasificar a las semifinales. Ganar o ganar. Si empataban, la clasificación era para los franjeados, equipo copero y tradicional como muy pocos en el continente.

Toma y dame, ida y vuelta, agonía, desesperación y nervios. Todo estaba 2-2 hasta el minuto 76, cuando un centro de Galo Vásquez encontró la cabeza del uruguayo Walkir Silva. Gol. Era el 3-2, así se alzaba la puerta de la clasificación dentro de los seis mejores equipos del continente.

Eso era “ganar a lo Barcelona”. Ni más, ni menos. Hubo muchas antes, también muchas después. Imposible olvidar, por ejemplo, los triunfos sobre Colo Colo y Sao Paulo (1992), aquella clasificación por encima de Universitario de Perú (1993), la semifinal de la Copa con Cerro (1998). Antes, el título de 1997.

¿Qué entiendo yo por “ganar a lo Barcelona”? Ser más fuerte que los fuertes, ser roca si el rival es acero. Esto, de ninguna manera es lo que sucede hoy: sufrir como madres para sacarles un golcito de diferencia a escuálidos contendientes.

La figura retórica, con el paso del tiempo, se prostituyó. La realidad dicta que Barcelona, desde 1998, ha sido un equipo más del montón. Tantas veces campeón como lo fueron Olmedo o Deportivo Cuenca. Como ya no juega contra los grandes del continente, sino a duras penas le pone la cara a equipos del medio que lo han superado en importancia competitiva, ¿cómo apelar a aquello de “ganar a lo Barcelona”?

Planteadas así las cosas, tan crudamente, para la prensa simplista no hay otra salida que endilgarle caracteres gloriosos y míticos a cualquier victoria sufrida y difícil de local, sobre rivales de dudosos antecedentes históricos. Pasó este domingo último con Fuerza Amarilla, como tantas veces en los últimos 18 años.

¿Qué tienen que ver el gol laboriosamente conseguido por Ismael Blanco el domingo con el de Walkir Silva? ¿En qué se parecen Fuerza Amarilla y Olimpia? ¿Cuál es la equivalencia histórica entre la cuarta fecha de la competencia local y la clasificación a la semifinal de la Copa Libertadores de América?

Las preguntas anteriores parecen obvias, pero hay que plantearlas. Sus respectivas respuestas explican la devaluación del término “ganar a lo Barcelona”. Una frase golpeadora, tenaz, que tiene impacto en la gente. Como ya no hay triunfos importantes, que cuentan para la historia real del club, hay que usarla a destajo, apenas haya oportunidad. Así, se volvió un lugar común, tedioso como todos sus similares.

La gente, feliz, traga este aceite hirviendo. Se crea en la cabeza el imaginario de que Jerónimo Costa es Éver Hugo Almeida, Federico Alonso se bate como Rogelio Delgado y Lauro Cazal comparte con Evaristo Isasi algo más que la nacionalidad. Y así, por efecto de la goebbeliana política de repetir 100 veces una mentira para hacerla verdad, el triunfo sobre Fuerza Amarilla pasa a ser una especie de conquista de las Termópilas, cuando en la realidad no es sino una de tantas victorias de trámite, acaso digna de reparos porque fue conseguida de forma sufrida y lamentable sobre un rival que se quedó con un elemento menos desde el minuto 33 y que estuvo en ventaja hasta el minuto 80, gracias al único tiro al arco que logró empalmar.

Planteadas así las evidencias, solamente queda reflexionar sobre el por qué cierta prensa recurre a engañar a la gente con conceptos tan impropiamente aplicados como el citado. Vivimos una época donde el afán de cuestionar ha quedado relegado por la voluntad de quedar bien con Dios y el diablo. Hay que sonar bien con todo lo que se le dice a la hinchada del equipo ganador, porque eso asegura audiencia. Una mencioncita acaramelada en Twitter al club de moda, al dirigente encumbrado, nunca estará mal. ¿Para qué meterse en honduras y dudar, si elogiar a mansalva es más fácil?

De todas formas, siempre habrá un espacio para decir algo más que lo obvio.

Si quieren ver qué era “ganar a lo Barcelona”, les dejo este video. Cortesía de Diego Arcos.

 

Anuncios

El ocaso de la TV en el fútbol nacional

El proyecto de agrupar los derechos de televisión del Campeonato Nacional bajo el manto de la Federación Ecuatoriana de Fútbol fue el flagship de la administración Chiriboga. El dirigente, hoy caído en desgracia, cumplía bajo este emprendimiento dos de sus máximas aspiraciones: capturar poder y hacer negocios.

Capturar poder. La FEF pasó a manejar uno de los principales rubros de ingreso de los clubes. Para lograr este fin, Chiriboga se valió de sus escuderos más osados,  aquellos soldados dispuestos a ofrendar su vida en la lucha: los clubes chicos y las asociaciones. Ellos fueron, finalmente, los responsables de conducir al fútbol ecuatoriano a uno de sus momentos más críticos.

Hacer negocios. Si antes la FEF apenas negociaba sus propios derechos de TV (los de la Selección en eliminatorias), ahora pasaba a ser reina y señora frente a los canales de televisión. Y ahí apareció el actor principal de los últimos años, no solamente en el fútbol, sino en todos los escenarios de la vida de los ecuatorianos: el estado.

La FEF y quienes actualmente conducen el estado ecuatoriano tienen mucho en común, sobre todo están unidos por esa ansiedad de captarlo todo, de ser imprescindibles. Cara a cara, se sentaron en el 2013 y le pusieron precio al fútbol: USD 16.6 millones por año, hasta el 2017, con 5% de aumento anual en el contrato.

Era, en apariencia, el negocio redondo. La FEF operaba como la caja chica del fútbol, repartía el dinero a los clubes y así los convertía en sus dependientes directos. Mientras, el estado encontraba el escenario más propicio y popular para repartir cheques y proclamar las bondades de un régimen que, por entonces, vivía la era de las vacas gordas.

Todo estaba consumado. Incluso, los críticos se fueron apagando en medio de su resignación. Pero algo que empezó con más ambiciones que realidades (¿hizo la FEF algún estudio que justificara la cantidad cobrada por derechos?) no iba a encontrar fácilmente buen viento y buena mar.

Sin entrar en detalles que tienen que ver con la producción, la línea periodística y similares, el sistema empezó a mostrar sus hilachas muy pronto. El anuncio original de que “nunca más se iban a jugar partidos a la misma hora” nos encuentra hoy con cada vez más encuentros en simultáneo. La culpable es la necesidad de repartir partidos a la mayor cantidad de canales posibles.

 

Prácticamente, casi como si hubiera sido un objetivo inicial, se ha ido forzando a que el aficionado migre a los sistemas de TV paga. ¿Quiere ver todo el fútbol? No, por señal abierta va a ser imposible. Transmitimos cómo y cuándo queremos. Pague ya y tenga toda fecha en su pantalla. Este es, pues, el objetivo final.

Es que, poco a poco, los actores del negocio se fueron dando cuenta que las cantidades que paga la TV por los derechos del fútbol ecuatoriano son sostenibles solamente si se paga por el producto fútbol. En señal abierta, salvo para el adoctrinamiento gubernamental, no hay espacio para mayor cosa.

A finales del año pasado, en plena viudez de Luis Chiriboga, Álex de la Torre reconoció esto frente a los dirigentes del Tungurahua, los grandes aliados de esta etapa, quienes propusieron al grito de la “revolución de los chicos” un sistema que los terminó ahorcando. Sin pay per view, no hay futuro.

Hoy, aunque el estado conserva su intención atrapalotodo, ya no tiene tanta plata. Hemos llegado a un momento complicado: la deuda de la FEF con los clubes, por concepto de derechos de TV, llega a USD 6 millones. Parte de esta tajada se debe también a las asociaciones provinciales. Habrá que preguntar qué califica como receptores de estos recursos a  asociaciones como Morona o Santa Elena.

La FEF no puede dar esta plata porque el estado no le paga. Todos sabemos que con petróleo de USD 17 el barril no hay forma de sostener esta clase de lujos. El panorama es muy complicado, pues cada vez hay mayor impaciencia en quienes son los receptores finales de esta plata. Mientras, en lo más alto del poder no hay forma de responder.

La única forma de salvar esto es con la intervención de la TV privada. Pensar que uno de los efectos colaterales buscados por la FEF a la hora de confiscar la transmisión televisiva fue sacar del negocio a Teleamazonas, uno de los canales cuya inversión podría rescatar hoy un sistema que va rumbo a la deriva.

¿Qué irá a pasar? A un año de la llegada de la Liga Profesional, cuya oferta modernizadora no se halla muy clara, no queda otra que evitar el colapso de un modelo nacido en medio de auspicios tan infelices como la angurria, la competencia desleal y la improvisación.

El estado, enhorabuena, se batirá en retirada y ojalá no vuelva a ser actor de esta clase de transacciones. Convertirse en el productor de eventos deportivos por TV no es una de sus funciones. Queda abierto para algo que no será mucho mejor: el imperio de la TV pagada, que dejará a la gran mayoría sin uno de sus espectáculos preferidos: el fútbol.

Telón lento para Franklin Salas

¿Qué puede aportar Salitas a Deportivo Quito? ¿Qué puede estar detrás de su contratación, más allá de lo futbolístico? Un intento de análisis de una situación que puede tener connotaciones tristes.

Salas, el día de su presentación en Deportivo Quito. (Foto de El Comercio)

Salas, el día de su presentación en Deportivo Quito. (Foto de El Comercio)

¿Qué puesto le dará la historia del fútbol nacional a Franklin Salas? No jugó en la élite internacional, jamás fue el timón o el guía de un equipo épico (en la  Liga 2008-2009 era apenas un suplente de lujo) y su nombre no está en los puestos privilegiados de las estadísticas.

Su lugar es otro. Salas fue el último futbolista cuya sola presencia convocaba y levantaba a las tribunas. Con una jugada era capaz de saldar el precio de la entrada y las ovaciones que recibía no eran exclusivas de los hinchas de Liga. Salas fue un ídolo, acaso el último del fútbol ecuatoriano. Y eso que, profesional y deportivamente, vinieron jugadores superiores.

Si queremos entrar en el terreno de las comparaciones, Salitas fue al fútbol ecuatoriano lo que Óscar Bonavena al box argentino: un elemento popular, sin vitrinas colmadas de trofeos –Ringo nunca fue campeón mundial- y cuyas tribulaciones fuera del campo deportivo eran un espejo donde se podía reflejar el hombre común, el que como ellos viene de abajo y busca todos los días ser alguien mejor.

Puedo concluir, en este rubro, que Salas estará en un escalón similar al de Polo Carrera o Jorge Bolaños, con la diferencia de que ellos fueron claves y decisivos para ganar títulos. Sin embargo, el carisma del aún activo volante ofensivo supera al de los nombrados.

Carisma. Ese es el punto. Si algo mantiene en el campo de juego a Salas es eso. Despojémonos de la magnética figura del jugador y analicemos con frialdad su carrera posterior a la Copa Sudamericana del 2009. En el 2010, con el regreso de Edgardo Bauza a Liga y la salida de su padrino Jorge Fosatti, el Mago entró en una debacle de la que jamás pudo levantar.

Su paso a Imbabura (2011) fue el inicio de un tobogán que, como intentaré explicar luego, aún no termina. Jugó en Argentina, en un equipo del interior (Godoy Cruz), lejos de River, la institución que en su mejor momento lo quiso y a la que no llegó por aquel lastre que le impidió posicionarse en un nivel superior: las lesiones.

En Liga de Loja su expresión futbolística apareció restablecida, pero una cosa es tener 25 años y otra 32. Y si hay una carga de problemas físicos, ni se diga. Hago memoria, voy a archivos y llego a la penosa conclusión que Salitas es el futbolista más lesionado de la historia. Y esta ‘condecoración’ no es menor.

Dos años en Olmedo, uno en la Serie A y otro en la B, definieron que Salas está cerca del retiro. De remate, hace un año, el Mago sufrió una lesión que lo tuvo  media temporada afuera.

Pero, seguramente, este detalle está fuera del alcance de quienes arrancaron una campaña mediática desproporcionada, a fines del año pasado, con el fin de ubicar a Franklin Salas en Deportivo Quito. Tampoco seguramente saben que no pasó de ser suplente en Olmedo, de uno de los dos equipos que descendió en la temporada pasada.

¿Cuál era la intención de propagandearlo mañana, tarde y noche? A la luz pública, el interés de ciertos ¿periodistas? partidarios y operadores de prensa se circunscribía a molestar a Liga de Quito. Un capítulo más de la desestructurada y ya hartante necesidad que quienes están cerca del Quito tienen de rivalizar con Liga. Salas pasó a ser una suerte de trofeo de guerra. 10 años después de su cénit, pero trofeo de guerra al fin.

El tiro les salió por la culata. En Liga, cundió la indiferencia ese viernes que Salas se puso la azulgrana. La primera batalla estaba perdida. Y por goleada.

¿Qué hacer, entonces, con Salas? Promocionarlo como la “gran” contratación, la que hará diferencia, la que llenará estadios y ganará partidos. No queda otra, por más que las evidencias deportivas sean adversas.

El tema me empezó a preocupar el viernes, luego de ver el dramático esfuerzo de Salas por ser el que fue, pero sin tener los recursos de su buena era. Su sudor, la entrega y la voluntad se van de bruces frente a la realidad. Esa realidad cruda que, por ejemplo, pintaron Luis Zubeldía y Esteban Paz a inicios de año: Salitas ya no está ni para entrenar.

Tras la derrota frente al Cuenca, no faltaron hinchas y ¿periodistas? de Deportivo Quito preguntando “¿Por qué no juega Salas?”. Cuando ellos lo que deberían preguntarse es por qué Salas sigue jugando.

En el mismo equipo que dejó ir por la puerta de atrás a Christian Lara y Walter Calderón, pese a sus valientes esfuerzos para evitar el merecido descenso del año pasado, detecto que las esperanzas en hacer “una gran campaña, pelear el campeonato o la clasificación a la Copa” dependen de lo que pueda hacer un futbolista que está más cerca del adiós que de la práctica activa. Dramático.

Quienes revolotean por Carcelén quieren ocultar un detalle innegable: Salas fue un crack. Ya no lo es. Pero esto no es lo peor. Conociendo los alcances y modus operandi de ciertos personajes, considero muy seriamente la opción de que estén utilizando al futbolista para tapar a la afición hechos más graves.

El Quito es una institución colapsada e inviable. Ha hecho, como dije, méritos para descender y también para desaparecer del mapa. Sus graves problemas internos solamente pueden pasar por alto en un país donde el ente que regula el fútbol considera que barrer la basura bajo la alfombra es “defender” la actividad.

Si alguien llevó a Salas al Quito, convencido de que podría hacer la diferencia futbolista es un ignorante absoluto de la actividad, pero también un mentiroso o un perverso. Cargarle de responsabilidades a alguien que tiene el 25% de su capacidad física y deportiva entra en cualquiera de esas categorías.

Dentro de todo este circo, no falta una luz. Tabaré Silva, el DT del Quito, no tiene dudas en reconocer que Salas no está para ser titular (lo dijo el viernes). El tema está en que no lo entienden. Y el paso de la temporada, contrario a lo que puede pasar con un futbolista con menos años o menos lastimado por las lesiones, confinará cada vez más al Chicharra a la banca.

No hay salida. Salas no volverá a ser el del 2010. Ni se diga el del 2004. Por eso, si el Quito confirma su candidatura al descenso y termina yéndose a la Serie B, no será difícil que los mismos genios que lo pintan como la ‘salvación’ lo señalen como el responsable de un hecho que se generó mucho antes de que Salas llegue al Quito.

Este no es el final que su carrera merece. Habría preferido verlo en Liga, jugando los 5 minutos finales de un partido ante River o Mushuc Runa, saliendo aplaudido. Salas no merece cargar con un muerto cuyos signos vitales se irán extinguiendo a lo largo del año.

Los 23 de Ecuador

¿Qué justifica o qué hace cuestionable la presencia de un jugador en la lista de Ecuador para la Copa del Mundo? Desde mi óptica, trataré de explicar la función de cada jugador en esta nómina.

fotogicial
Máximo Banguera:
Miremos el horizonte de arqueros del fútbol nacional. ¿Ya miraron? Pues no van a encontrar alguien que, al menos, tenga su proceso de formación y recorrido. Será el titular, si Domínguez no se recupera. El caso de Banguera es como el de Saritama: solamente por provenir de X club es que se ha ganado animadversiones gratuitas.

Alexander Domínguez: Por recorrido internacional y nivel, debería ser el titular. Pero su lesión lo puede dejar afuera. Sin grandes ejecutorias, es el mejor arquero del país.

Adrian Bone: El premio para alguien que siempre supo esperar. Entre todos los problemas de El Nacional, ha sabido salir airoso. El año anterior selló una buena campaña. Si no es él, ¿quién? Dreer no cumple con las reglas, Klimowicz creo que ya se retiró. Además, es el tercer arquero, jugará salvo alguna catástrofe.

Gabriel Achilier: Es parte del proceso. Representa el típico caso de “es lo que hay”. Es un jugador que nunca evolucionó técnicamente y no lo hará en estos 15 días. Propenso al error fácil, a la falta sin sentido. No es garantía, pero la falta de temple de Eduardo Morante (el favorito de Rueda, al inicio de su gestión) y la lesión de Jayro Campos lo ponen en una situación que ya habrían querido cracks como Luciano Macías, Vicente Lecaro u Hólger Quiñónez. Que la historia nos perdone.

Óscar Bagui: Es parte del proceso. No recuerdo una sola intervención suya destacada, ni en Olmedo, ni en Católica ni en Emelec. Es un jugador que, en el mejor de los casos, cumple. No tiene salida, defiende con las justas. Pero el técnico cree en él. Tampoco es que hayan opciones a la altura.

Frickson Erazo: Otro beneficiado de la carencia de elementos de calidad, que hace unos cinco años si estaban vigentes. Propenso a quedar rezagado ante el ataque del rival, le cuesta salir jugando y no tiene un juego aéreo destacado. Reventó tarde, cuando otros ya eran cracks consumados.

Walter Ayoví: Versátil, referencial y bien dotado tanto técnica como físicamente. Es de los jugadores más regulares, de los que nunca quedan expuestos por falta de argumentos futbolísticos. Irremplazable.

Jorge Guagua: 30 años de edad y sigue siendo una promesa. Jamás fue el sucesor de Iván Hurtado, ni siquiera de la Sombra Espinoza. Lento y concesivo en el mano a mano, sus rechazos cortos siempre terminan siendo de pronóstico reservado.

Juan Carlos Paredes: Correlón, pero sin técnica. Frágil para la marca. Si logra encauzar su velocidad, es un jugador letal en el ataque, como lo fue cuando destacó, en el Cuenca y en el Quito. La mejor opción posible.

Segundo Castillo: El eje del equipo. No habría razón para dudar de su convocatoria. Si el cuerpo médico se precipitó en recuperarlo y forzó su presencia, es algo que solamente se verá en el torneo. Pocos jugadores tienen su potencia, prestancia y poder. Jamás intentó algo distinto y ya es muy tarde para que lo haga.

Carlos Gruezo: La gran sorpresa. Desde que llegó a Alemania, fue suplente y solamente en el mes final de la Bundesliga se hizo titular. Titular en la Bundesliga a los 19 años, ¿qué jugador ecuatoriano puede ostentar eso? Tiene personalida, madera, calidad y reemplazar, eventualmente, a Castillo será su mejor carta de presentación.

Renato Ibarra: A los 16 años ya era titular en El Nacional. Su carrera ha ido evolucionando y no cualquier pelagato dura tres años en el fútbol holandés. Es una gran alternativa a Antonio Valencia y así lo probó en la eliminatoria.

Christian Noboa: Juega exactamente igual que cuando apareció. Ese fue su techo (el que no es bajo, precisamente), pero apenas sostiene su titularidad. No es un jugador del que se puedan esperar heroísmos.

Fernando Saritama: La gran polémica. Pero las cosas habrá que verlas fríamente: le rindió a Rueda cuando necesitó. En Quito, durante la eliminatoria, hizo buenos partidos y en el momento más crítico de la eliminatoria, en La Paz, cuando la clasificación se caía apareció para dar la cara. Saritama es un perseguido: se fue en medio de fábulas nunca aclaradas del Quito, de Liga salió por la puerta de atrás y en Barcelona no encuentra lugar. Tiene demasiada animadversión en contra. No va a ser titular, pero su espacio está bien ganado.

Antonio Valencia: El mejor futbolista del país. Discutirlo, ponerle un pero a su calidad, es de necios e ignorantes.

Édison Méndez: Un análisis frío me da como conclusión que su convocatoria es injustificada. Olvídense, no estoy ninguneándolo. Sus méritos pasados tiene, pero si estar en la Selección es el resultado del buen momento actual de un jugador, esa premisa no se cumple con Méndez. Su último año en Liga fue para el olvido, incapaz de ponerse al hombro un equipo que necesitaba ese liderazgo en la cancha que tanto se le endilga. En Colombia, donde llegó con grandes auspicios, fue uno más y ya está libre. Y ni contar su paso por Brasil, donde fue uno de los peores extranjeros en un Atlético Mineiro que casi descendió. Si lo llaman por su gol a Croacia o porque fue figura en la Sudamericana que ganó Liga, estamos perdidos. Eso, sin contar su potencial influencia negativa en el grupo.

Michael Arroyo: Lagunero que cuando entra en racha es interesante, un jugador capaz de cosas distintas. Viene descendiendo en México.

Felipe Caicedo: Es lo que hay. Pesado, lento y de discutible capacidad de resolución. No se puede depender de él para darle calidad a la ofensiva. Futbolísticamente, es un jugador estancado desde hace dos años. No evolucionó.

Fidel Martínez: Se ganó su presencia en un grupo que para él estaba cerrado. Aporta incluso en lo extrafutbolístico y es un buen backup.

Jefferson Montero: El otro jugador de este equipo, junto a Valencia, con nivel mundial. Su crecimiento es sostenido y es digno de cuidado para cualquier defensa. Pero tiene que estar enchufado, como lo estuvo en buen tranco de la eliminatoria.

Joao Rojas: Se puso la camiseta de un grande de México como Cruz Azul y cumplió. Su campaña individual no luce del todo porque su equipo quedó afuera más pronto de lo que se esperaba, pero tiene capacidad para desequilibrar defensas rivales.

Énner Valencia: Un hallazgo providencial, tras encontrar su posición definitiva en el campo de juego. Viene en una racha envidiable, donde le entran todas.

Jaime Ayoví: Está en la convocatoria porque Rueda lo conoce y Armando Wila (un jugador que se ganó la convocatoria a pulso) se lesionó. No tiene continuidad y desde que se lesionó en Oriente Medio dejó de ser el goleador que insinuaba.

¿Quién falta?

Pedro Quiñónez: Es un caso similar al de Gabriel Achilier. Es un arma de doble filo, a la que los excesos pueden terminar por anular. Como muchos otros (la mayoría) de esta lista, puede estar como no estar, que gran diferencia no hará.

Júnior Sornoza: La indignación que mucha gente muestra por jugadores que poco o nada han dado y darán por la Selección se la merecía Sornoza. Siendo volante, fue uno de los goleadores de la temporada pasada, es joven y ya sabe lo que es jugar un Mundial. Pero Rueda no lo tomó en cuenta, ni siquiera para la lista de los 30. Mucho habría ganado el futuro con su presencia en el grupo.

#Flordeundia Audaz Octubrino 1987

Inauguro esta sección donde recordaré equipos, jugadores, dirigentes, periodistas (?) que brillaron en forma fugaz. Cabe anotar que, contrario a lo que mentes malignas puedan pensar, este inserto dentro de mi blog no llega a propósito del subtítulo de Independiente del Valle.

Audaz Octubrino 1987

Audaz Octubrino 1986. Salvo Victorino, Marchesse, el mismo equipo se repitiò para 1987.

Audaz Octubrino 1986. Salvo Victorino, Marchesse, el mismo equipo se repitiò para 1987.

Audaz Octubrino militó en la Serie B hasta 1982. En 1984, la FEF decidió aumentar los equipos de la Primera División (no había Serie B) de 14 a 16. Acá es donde me pregunto: ¿da o daba en un país como el nuestro tener 16 equipos en Primera?, pero me saltaré tal cuestión y la dejo para una futura ocasión.

Volvamos a ese 1985, el año de la visita del Papa, de Nahím Isaías, de Fichamba y de El Nacional en las semifinales de la Copa Libertadores, en fin, once in a lifetime (?). Esmeraldas Petrolero había ascendido a primera y, ante el aumento de equipos, la FEF organizó un triangular entre Deportivo Cuenca, Audaz Octubrino y Deportivo Cotopaxi para que los dos primeros pasen al círculo superior. Una propagadora de excelencia la FEF, ascienden dos de tres equipos.

El hecho es que Audaz y el Cuenca logran su cupo. Como nos vamos a ocupar de los orenses, recordaremos que en su regreso a Primera no tuvieron una buena campaña. Apenas quedaron en el puesto 14 entre 16 equipos, a solamente 4 puntos del Manta, que descendió.

En 1986, Audaz arma un equipo interesante, que sería base del año siguiente. Destacaba la figura del uruguayo Waldemar Victorino, Carlos Muñoz, los hermanos Jauch, Pedro Latino y otros. Ya se ubican en media tabla.

Pero el apogeo vendría en el tumultuoso torneo 1987. Tumultuoso porque 18 equipos paseaban sus oncenas, semana a semana, por las canchas del país. En la primera etapa (todos contra todos), Audaz logra el octavo puesto, con 37 puntos.

Miguel Cedeño busca anticiparse a Àlex Aguinaga (1987). Audaz fue goleado por el Quito.

Miguel Cedeño busca anticiparse a Àlex Aguinaga (1987). Audaz fue goleado por el Quito.

El uruguayo José María Píriz, quien llegó como futbolista en los años 60, a militar en Deportivo Quito, era el técnico. Había una columna vertebral interesante, con Latino en el arco, Galo Ocampo en la defensa, el argentino Jorge Luis Zuttión en el medio campo, el también gaucho Mario Bianchini y Eduardo Aparicio en la delantera.

El reglamento de entonces, estipulaba que para la segunda etapa los doce mejores se dividía en dos grupos de seis equipos cada uno. Los dos mejores de cada hexagonal pasaban al cuadrangular final.

Y ahí es que Audaz destaca. Queda en el segundo lugar del grupo 2, con 12 puntos, 2 menos que el Quito que ganó la serie. En el otro grupo, clasificaron Barcelona y Filanbanco.

Llegó diciembre y los equipos que definían el título estaban extenuados. 44 partidos habían jugado hasta entonces. Es decir, los seis del cuadrangular final eran pampa.

Audaz arranca prometiendo la fase final. En el 9 de Mayo de Machala, vence 2-1 al Barcelona de Roque Maspoli. “Invita a soñar”, seguramente decían los ladrilleros de esa época. Los goles fueron de Zuttión, uno de ellos de penal.

Luego, la campaña cayó. El Quito le metió 4 en la segunda fecha y en la tercera, en Machala, apenas empató 1-1 con el ríspido pero imponente Filanbanco de Luis Santibáñez.

En la rueda de revanchas, perdió con Barcelona (0-1) en Guayaquil, se desquitó del Quito y lo goleó 3-0 en Machala.

A la última fecha, Audaz llegó con opciones de ser subcampeón y llegar a la Libertadores.

Con 5 puntos (Filanbanco tenía 6), estaba obligado a ganarles a los naranjas en el ardiente estadio Los Chirijos de Milagro.

Aquel 20 de diciembre de 1987, los orenses no andaban de buen genio. Pese a que el partido iba 0-0, Bianchini fue expulsado por insultos al juez central Adolfo Quirola. Entonces, Píriz decidió retirar a su equipo. Solamente se jugaron 44 minutos.

Finalmente, los dos puntos se los otorgaron a Filanbanco, que así llegó a su primera y única Copa Libertadores.

Y así también se marchitó Audaz Octubrino. La campaña decayó en 1988, tras la salida de Aparicio a Emelec. Este jugador fue clave, pues anotó 12 goles. Luego, en 1989, descendió a la Serie B y desde ahí, su única aparición en la Serie A se remonta a 1999.

Otros que aportaron a esa campaña fueron Miguel Cedeño, Ítalo Córdoba, Galo Romero, Jorge ‘Conejo’ Morán, Hólger Lomas, Carlos Cuvi…

Audaz Octubrino 1987 terminò tercero. La mejor posición històrica de un equipo orense en Serie A.

Audaz Octubrino 1987 terminò tercero. La mejor posición històrica de un equipo orense en Serie A.

Héctor Morales, 20 años después…

Héctor Morales, al frente de D. Quito (1991, archivo de El Comercio)

Héctor Morales, al frente de D. Quito (1991, archivo de El Comercio)

Recuerdo la noche en que asesinaron a Héctor Morales. En esa época feliz (yo tenìa 12 años), sin redes sociales, pero con mucha vida social, estaba viviendo el ocaso de esas lindas vacaciones que empezaban la primera semana de junio y culminaban el primer lunes de octubre. Otros tiempos, sin duda.

En los días previos a su muerte, Morales había tenido profunda exposición mediática. Ubiquémonos en el tiempo: Ecuador, tras una etapa de euforia, había caído en la más profunda depresión por haber quedado fuera de la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994. Esa era ‘la’ generación llamada a clasificar, por toda la emoción generada por la Copa América. Pero Bolivia se anticipó y adiós.

Dusan Draskovic era el blanco de todas las críticas posibles. Y Dusan, fiel a su carácter e integridad de siempre, daba la cara, se sometía al debate y al escrutinio público. Morales, entonces DT de El Nacional, era uno de los más furibundos críticos del balcánico.

Pocos días antes de su fallecimiento, Draskovic y Morales sostuvieron un ardoroso debate dirigido, si no estoy mal, por Óscar Portilla, en una radio de Quito. El DT capitalino había reemplazado a Ernesto Guerra en El Nacional, después de este partido tan infeliz para la historia del cuadro militar.

Volvamos a la noche de ese 23 de septiembre de 1993. Era jueves. Los últimos noticieros de la noche dieron el flash: habían asesinado a Héctor Morales, en el condominio Buen Jesús, en Cotocollao.

Al día siguiente, fue el titular obligado de todos los periódicos. Recuerdo, claramente, a dos: el de El Comercio (que con el tiempo supe fue inspiración de Jacinto Bonilla) era “pitazo final para Héctor Morales”. El del Extra, si bien no recuerdo el texto exacto, tengo aún en la mente la imagen del cuerpo de Morares, dentro de un Trooper, vistiendo con chompa jean, ensangrentado. Truculento.

Y más truculentos fueron los detalles del crimen. Los cuales no voy a explicar, pero les dejo este link. Mucha (y muy gráfica) información como para este humilde blog y su puñado de lectores, que merecen el más alto de los respetos.

Y, claro, no faltaron homenajes, tan inútiles como extemporáneos. ¿El peor? Haberle puesto el nombre de ‘Héctor Morales’ a ese canchón pretenciosamente llamado sala de prensa del estadio Atahualpa, la peor del mundo. Ignoro si aún sigue ahí la foto de Morales.

Esta foto se la tomaron a Hèctor Morales tres dìas antes de su muerte (archivo El Comercio).

Esta foto se la tomaron a Hèctor Morales tres dìas antes de su muerte (archivo El Comercio).

Pero, la obra es la que vive más que los homenajes. De Morales, como técnico, la arista que yo recuerdo, es la de un profesional capacitado, pues fue de los primeros en formarse en Europa (1976). Muy serio en sus exposiciones, impuso una modalidad que hoy resultaría extraña: la de las concentraciones domiciliarias. Es decir, los jugadores pasaban en sus casas los días previos al partido, pero eran sujetos de una sorpresiva visita del DT.

Sus logros están a la vista. Empezó e1973 jugando, pero lo terminó dirigiendo en El Nacional y, con apenas 6 meses de DT, fue campeón. Pasó luego por Universidad Católica, la Selección Nacional que jugó la Copa América de 1979, la primera que pudo ganarle a Uruguay en toda la historia.

Fue campeón con Barcelona (1981) y condujo a Liga de Portoviejo a su mejor campaña (tercer puesto en 1982). También estuvo al frente de Deportivo Cuenca, Macará, Liga Deportiva Universitaria de Quito, Deportivo Quito.

En su etapa de futbolista, con la camiseta de la Selecciòn. Copa América de 1967.

En su etapa de futbolista, con la camiseta de la Selecciòn. Copa América de 1967.

Como futbolista, actuó en Liga, D. Quito, Emelec y El Nacional, aparte de la Selección.

Quiteño, de La Loma, murió de 49 años, hoy habría tenido 69.