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La torre de vigilancia de Quinteros

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Gustavo Quinteros juzga al Ecuador desde el alto de su supuesta superioridad moral. 

Gustavo Quinteros ha edificado, en medio de la gente, una suerte de torre de vigilancia. Desde ahí, él observa y escucha todo. Desde esa posición de superioridad, no duda en ejercer la descalificación como arma de defensa.

Según su ilustrado criterio, muy pocos saben de fútbol. Claro, él se ha encargado de ponerlos en una fila aparte. De repente, ellos forman parte del selecto grupo de periodistas con los que se reúne para intercambiar noticias, opiniones. Ese es su problema. Cada cual es abiertamente libre de rodearse de quién quiera. Se eligen los amigos, los panas; la familia nomás viene impuesta.

El resto, aquellos que no concuerdan con su paladar, son “idiotas”, “corruptos”. El maniqueísmo quinterista se aplica a rajatabla. Honestamente, me tiene sin cuidado que el DT de la Selección tenga ánimo y tiempo para este tipo de labores segregacionistas y para la descalificación fácil. Lo que me parece digno de resaltar es su incoherencia.

En la entrevista que publica El Universo, Quinteros dice que quienes se preguntan porque Ecuador no repite el nivel alcanzado al inicio de la eliminatoria al Mundial son “ignorantes, no saben nada de fútbol”, además de “idiotas”. Tampoco hace caso a nadie “porque hay poca gente que entiende y hay muchos detractores de su propio país”.

Este Quinteros que dice que “no hace caso a nadie” es el mismo que se extiende para explicar por qué un jugador está o no en la Selección. Es decir, tan poco caso hace, que se ve obligado a dar cuentas de sus convocatorias, cuando los técnicos de las Selecciones a lo que menos deben prestarse es a ese juego. Ellos se expresan mediante sus decisiones y nombramientos. El resto, que digan lo que sea.

Otro error de Quinteros, el más grave,  es meter al “país” en su discurso. Hay quienes, investidos en una buena fe y templanza que conmueven, creen que él se refiere exclusivamente al fútbol. No es así. La referencia al “país” no es tan inocente, es producto de su estado de superioridad moral. Yo quiero entenderlo y debe ser difícil para un personaje como Quinteros, acaso junto a Rafael Dudamel el DT de menor currículum dentro de las selecciones de Sudamérica, no sentirse portador de la Bandera Nacional, vocero de la ecuatorianidad, si a su lado tiene una corte de corifeos que festejan todas sus salidas de tono y que le justifican cuando entra en este pernicioso juego de las descalificaciones.

El “país”, ventajosamente, no es lo que cree representar Quinteros. La Selección Ecuatoriana de Fútbol es un equipo deportivo, representante de una actividad con cierta relevancia en el medio. Pero nada más.  El “país” es algo rotundamente más importante. Son los valores, el trabajo, la honestidad, el pluralismo, el respeto ajeno de todos quienes vivimos en este rincón del mundo, más allá de la insignificancia sobredimensionada del fútbol. Que no quiera Quinteros atarantar y vender la imagen de que quienes atacan a la Selección atacan al país. Eso es, aparte de enfermo, propio de espíritus minúsculos y dictatoriales, necesitados de impunidad para sus funciones públicas.

Y todo nace de la crítica por confiar en Jefferson Montero y en el desempeño del equipo ante Brasil, en el arranque de la Copa América Centenario. El DT de la Selección dice algo cierto: “Ecuador no está obligado a ganarle a Brasil”. Pero así como no existe esa obligación histórica y estadística, tampoco existe la obligación de hacer pasar por buena presentación un encuentro donde la Tri difícilmente pudo llegar al arco rival, fue superada en posesión de balón y no contó con armas reales de triunfo. Vender otra realidad es, además de ciego, dudar de la inteligencia y del buen juicio ajenos.

Quinteros ha hecho una tarea aceptable en la Selección. Los resultados le dan un aval. Pero no crea que esto lo vuelve indemne a la crítica. Que no se afiance en sus errores, expresados en declaraciones poco felices como ésta. Que no llegue al punto de creer que todo se le está permitido solamente porque cuenta con una corte de felipillos dispuestos a vender a su madre a cambio de una entrevista, una palmadita en la espalda o una respuesta en el Whatsapp. Poniéndose en este plan, hace todo lo posible para dificultar su éxito. Conviene, pues, que se baje de esa torre de vigilancia desde la cual juzga a todo aquel que no le gusta o no dice lo que él quisiera escuchar.

 

 

 

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El día después de Chiriboga

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Con más errores que aciertos, Chiriboga se fue de la FEF. ¿Qué viene (o qué debe venir) ahora? Foto: El Comercio.

Luis Chiriboga ya no está en la Federación Ecuatoriana de Fútbol. Desde el viernes, su nombre dejó de inspirar el temor de otrora. Salvo uno que otro periodista nostálgico de las buenas épocas,  de las  invitaciones a Tottori y Bad Kissingen, los chupes después de los congresos de la Conmebol y las entradas para aquellos que no se podían acreditar a los mundiales, el país asume con plena conciencia que este directivo dejó el cargo que ostentó como un papado desde 1998.

¿Qué viene ahora? La sucesión de Carlos Villacís parece una opción descartada. Incluso hasta reglamentariamente. Y eso que este dirigente sumó simpatías durante los 3 meses que estuvo al frente. “Ahora hay diálogo”, me dijo Jaime Estrada cuando lo entrevisté el viernes pasado. Horas antes, Rodrigo Paz tuvo la misma opinión.

Villacís es el chiriboguismo sin Chiriboga. Responde a la misma línea paternalista y prebendista, pero alejado de la prepotencia, la soberbia y la arrogancia de su excompañero de fórmula. A Villacís habrá que abonarle su impecable manejo dentro de la Federación. Funcionarios de inferior rango han caído en las investigaciones recientes realizadas por la Fiscalía, mientras a él todo le resbaló cual teflón. Hay una explicación sencilla para esto: Villacís era hombre de fortuna y empresa cuando llegó a la FEF, no necesitó -como otros- de ese cargo para su despegue social y económico.

Sin embargo, en términos objetivos, Villacís no representa a nadie. Su club (Calvi) supervive en el amateur fútbol de ascenso. Su perfil, más allá del correcto manejo reciente, no se compadece con lo que el fútbol ecuatoriano necesita hoy en su timón: alguien que, al menos, figurativamente tenga relación con las fuerzas dominantes, con los clubes que hacen el fondo y la forma del fútbol ecuatoriano.

Detrás de Villacís está el resto del comité ejecutivo, a quienes habrá que pasarles factura por su pasmada actitud frente a la situación de Chiriboga. Y también están Álex de la Torre y Guillermo Saltos Guale, directivos de una línea que el medio local debe saltar. ¿Es concebible que quien torpedeó a la Liga Profesional de todas las formas posibles siga en la Federación? ¿Acaso la línea de sus intervenciones en la Comisión Disciplinaria es la que requiere el fútbol ecuatoriano para salir del estado de postración vigente? Y de Saltos Guale, ni hablar. Sin embargo, ellos cuentan a favor con la crónica amnesia en la que vive nuestra sociedad. No sería raro verlos aún encaramados.

En conclusión, todo lo que ha sucedido demanda un cambio rotundo, incluso estético. En ese tren, por ejemplo, yo relanzaría la imagen corporativa de la FEF. Hay un pasado reciente que se debe superar con vergüenza, asumiendo públicamente los errores del pasado. El fútbol ecuatoriano, de hoy en adelante, no debe ser el escenario para la sospecha y la codicia. Su misión es la de convertirse en  factor de desarrollo del deporte más popular del país.

Pero más allá de la imagen están las cuestiones realmente importantes. Sin entrar a dar nombres, la FEF exige una transformación rotunda. Hay cambios que en los grandes “debates” no entran, pero que son ineludibles. Por ejemplo, la incorrecta estructura de los torneos nacionales.

Nunca más puede jugarse con Serie A y Serie B. El llamar correctamente a estos torneos Primera Categoría y Segunda Categoría va más allá de una variación nominal. Es dejar de considerar “Primera Categoría” a un torneo tan malo y sin emociones como es la actual Serie B. Lo que hoy se considera “Segunda Categoría” (una competencia presa de las más grandes irregularidades, informalidades y escándalos) debe pasar a llamarse y, sobre todo, tratarse como una Tercera Categoría, con un formato diametralmente opuesto al de hoy.

Las asociaciones provinciales ya cumplieron con su vida útil. Funcionaron en el último tiempo, salvo excepciones, como un comité electoral. La gravitación histórica de AFNA, ASOGUAYAS es ineludible, pero otras fueron creadas simplemente para sustentar el chiriboguismo, darle fuerza y arraigo a cambio de dádivas. Una nueva Federación debe replantear a las asociaciones como una suerte de oficina de representación local, con funciones relativas y capaces de sobrevivir gracias a su gestión. Su derecho a voz y voto debe ser vetado para siempre, mucho menos darles dinero de los derechos de TV. El fútbol lo hacen los clubes, ese es el principio motor.

La Liga profesional ha caminado poco en los últimos meses. Lamentablemente, se convirtió en una escenografía donde solamente se disputa cuánta plata más se va a recibir por derechos de TV. ¿No han notado que nadie debate cómo darle más interés a los predecibles y aburridos torneos actuales? Hay empresas en el mundo que se dedican a eso, por ejemplo la chilena Matchvision .Los clubes tienen un apetito voraz de dinero y se han centrado solamente en esperar que gracias a la Liga Profesional les paguen más por la emisión de sus partidos por TV. ¿Alguien ha puesto en discusión si este es el mejor sistema de campeonato, el más atractivo para la gente y los clientes publicitarios? Nadie.

Una vez desembarazados de la organización de las competencias locales, en la FEF deberían plantearse la obligación de darle un andamiaje definitivo a la Selección. Hay que crear un organigrama, presidido por un Director General de Selecciones y un Gerente. En los combinados nacionales se debe obviar la tendencia implantada por el Ingeniero de nombrar DT de acuerdo al calor de los resultados y al “clamor popular”. 

En fin, esta es solamente una rala y muy superficial visión de cambios urgentes que se deben operar, más allá de quién sea el reemplazo de Chiriboga. Debe quedar claro que legislar como se ha legislado hasta ahora, buscando el resquicio legal, la alcahuetería, el perromuerto, no representará una variante mayor, sea en la FEF o en la Liga Profesional. Son necesarias otras prácticas, a la espera de dar el salto cuántico que la actividad futbolística pide a gritos.

Un espacio final para la prensa. Que lo sucedido haya dejado una lección: esas amistades peligrosas, el maridaje con un directivo y una organización no terminan bien nunca. Chiriboga y la prensa llegaron a ser un matrimonio tan íntimo que cabían juntos en una cama monoplaza. Que luego, al calor de los desacuerdos económicos y de negocios,algunos se hayan vuelto “críticos”, es otra cosa. El periodismo deportivo quedó muy mal parado ante la sociedad en esta etapa, gracias a las cuñas de publicidad, las invitaciones y los viajes que un gran sector recibió, a cambio de su complicidad en casos aberrantes como el de Vinicio Luna. A hacer contrición del papel funesto jugado en esta época y no repetir nunca más esta insana cercanía.

Cinco razones para el triunfo del Real Madrid

Ancelotti y la corona merecidamente lograda (foto www.realmadrid.com)

Ancelotti y la corona merecidamente lograda (foto http://www.realmadrid.com)

El título de Europa está en manos del equipo que mejor supo aprovechar las circunstancias. ¿Qué llevó a Real Madrid a imponerse, pese a que llegaba en medio de la desconfianza general, a la final de la Champions League? Cinco hechos decisivos:

1. Fue superior futbolísticamente

El Real Madrid tuvo un primer tiempo deplorable, que terminó con una comprensible derrota. Sin embargo, la única diferencia con el Atlético de Madrid fue el error clamoroso de Iker Casillas. De ahí, el trámite del encuentro fue parejo, lo que explica que el Atlético tampoco fue una luz. En el segundo tiempo, gracias al empuje y la dinámica del argentino Ángel di María, el Madrid le puso valor agregado a su juego. Sergio Ramos trascendió para la historia, encontró un espacio en los inolvidables, no solamente por el gol.

2. Fue superior físicamente El Atlético de Madrid no fue fiel a su idea futbolística. A lo largo de la Champions, fue un equipo compensado, eficiente en la marca desde el terreno rival. En Lisboa dejó a un lado esta premisa, para replegarse y defender el gol de Diego Godín. Sin un plan alternativo, poco a poco el equipo de Diego Simeone se fue arrinconando y terminó perdiendo los papeles. Mientras, el Madrid tuvo un despliegue admirable, corrió parejo de principio a fin, jamás renunció a ir hacia adelante, ni siquiera cuando apareció confundido y extraviado, sobre todo en el primer tiempo. De ahí el marcador final, tan notorio.

3. La presencia (y la salida) de Diego Costa

Para bien del fútbol, Simeone reconoció como un error el haber alineado a Diego Costa, un jugador que no estuvo ni siquiera al 100% de su nivel físico. A una final deben comparecer elementos que estén completos, en todo sentido (físico, deportivo, mental, deportivo). El cambio, al minuto 9, terminó siendo un ingrediente anímico a favor del Real, que vio como su rival debía recomponer todo a partir de su jugador más emblemático. En cambio, el Atlético se encontró con que tenía todo el partido encima y un cambio menos, que mucha falta le terminó haciendo al final.

4. El precio de la historia

Que, antes del partido,  el Real Madrid tuviera 9 coronas europeas y el Atlético  de Madrid ninguna es un hecho que no se puede pasar por alto. Salvo excepciones (que son eso, hechos que acontecen muy de cuando en cuando), el valor de los títulos, de la tradición es un factor decisivo, sobre todo cuando el equipo de más blasones viene en supuesta inferioridad. Este fue el caso, ya que el Madrid venía de perder en forma vil la Liga, mientras el Atlético la ganó con sobra de merecimientos.  El equipo  de Ancelotti equiparó todo ese clima previo con su trayectoria histórica impecable.

5. Espíritu + Fútbol > Espíritu nomás

¿Cómo pudo el Madrid obviar la inseguridad de Casillas? Con una defensa férrea, decidida y esforzada, que además de su excelente nivel deportivo (Varane debe ser uno de los mejores defensas centrales del mundo), se puso una batería extra: la de la garra. Pero, ¿qué habría sido del Real sin la calidad de Varane, Marcelo, di María y con “garra”? No mucho. Apenas un equipo batallador que habría terminado sucumbiendo gracias al error de su arquero. Aparte de la mejora del rendimiento defensivo, el Madrid ganó porque compuso su dinámica ofensiva, gracias a di María y Bale. Y eso es algo que no se logra exclusivamente con indaves, sino con experticia y calidad, la que afloró en los momentos más difíciles.

Hora y media antes, lo tenían todo  perdido. (foto www.realmadrid.com)

Hora y media antes, lo tenían todo perdido. (foto http://www.realmadrid.com)

¿Por qué se llaman así los estadios del Ecuador?

Estadio Olímpico Atahualpa.

Estadio Olímpico Atahualpa. (Fuente El Comercio)

Leemos a diario: “entrenó en el Capwell”, “jugarán en el Rafael Vera Yépez”… ¿Alguna vez nos hemos detenido a pensar por qué los estadios de nuestro país llevan los nombres que llevan?

En este pequeño informe les dará alguna pista sobre esos nombres que usamos frecuentemente.

Esmeraldas:
Folke Anderson. Agroexportador bananero sueco, dueño  de la compañía Astral, que donó el terreno para la construcción del estadio.

Portoviejo:
Reales Tamarindos. Homenaje al tradicional nombre alternativo que tuvo la ciudad desde su fundación española.

Manta:
Jocay. Homenaje al nombre aborigen de la ciudad, cuyo significado es “El lugar de los peces”

Chone:
Los Chonanas.
 Homenaje al pueblo aborigen que se ubicaba en la zona de Chone.

Guayaquil:
Isidro Romero Carbo.
Directivo de Barcelona entre 1982 y 1996, factor de la construcción del estadio.

George Capwell. Fundador del Club Sport Emelec y constructor del estadio.

Estadio Alberto Spencer (foto El Comercio)

Estadio Alberto Spencer (foto El Comercio)

Alberto Spencer. El jugador más importante de la historia del fútbol ecuatoriano.

Durán:
Pablo Sandiford. El basquetbolista más notorio de la historia deportiva nacional.

Quevedo:
Siete de Octubre: Día de la Cantonización de la ciudad.

Babahoyo:
Rafael Vera Yépez: 
Futbolista amateur, nativo de la ciudad.

Machala:
Nueve de Mayo:  Día del Combate de las Carretas

Quito:
Atahualpa: El último gobernante de los Incas.

Rumiñahui: Conquistador indígena.

Gonzalo Pozo: jugador de Aucas, la Selección y el fútbol colombiano en los años 50

Santo Domingo de los Tsáchilas:
Etho Vega: expresidente de la liga cantonal de Santo Domingo

Latacunga:
La Cocha: Sitio donde se ubica el estadio

Estadio Bellavista (Foto: El Heraldo)

Estadio Bellavista (Foto: El Heraldo)

Ambato:
Bellavista: Barrio donde se ubica el estadio

Azogues:
Jorge Andrade Cantos: Alcalde de la ciudad entre 1978-1984

Cañar:
26 de Enero: Día de inicio de la guerra del Cenepa

Cuenca:
Alejandro Serrano Aguilar: exalcalde, exvicepresidente y pionero del fútbol profesional cuencano

Loja:
Reina del Cisne:
Principal devoción católica de la región

Tena:
Leonardo Palacios: jugador de Aucas y la Selección en los años 60, oriundo de la zona.

Puyo:
Víctor Hugo Georgi: Futbolista amateur nativo de la zona

Estadio Víctor Giorgi (Puyo)

Estadio Víctor Giorgi (Puyo)

30 años del Argentina 2 – Ecuador 2 en Buenos Aires

Felices por el empate. #Eraloquehabía

Felices por el empate. #Eraloquehabía

El lunes pasado se cumplieron 30 años del Argentina 2 – Ecuador 2 en Buenos Aires, el “partido de Ortubé” si hay que darle apellido a un resultado cuyos entretelones han sido magnificados, exagerados, alterados, pero que no deja de ser  historia. Acá, un pequeño recuerdo de este hecho.

Ecuador celebraba empates. Es dolorosamente cierto. A falta de medallas, trofeos, vueltas olímpicas y demás laureles, no había otra opción que elevar a la categoría de gestas simples y llanos empates, resultados no consagratorios.

Y el epítome de esta afirmación es el empate 2-2 que Ecuador arañó del estadio Monumental de River a su par de Argentina. Era un partido de trámite (Ecuador ya estaba fuera de la Copa América), pero la magnitud del rival y, sobre todo, la forma en que se escribió el resultado justifican cualquier exageración.

Sin entrar en mayores detalles, la conclusión es que el árbitro boliviano Óscar Ortubé hizo una interpretación literal del reglamento. Compensó todas y cada una de las quemas de tiempo que hizo Ecuador (que no fueron pocas) y, sobre todo, sintió el peso de haberle pitado un penal en contra al dueño de casa -¡y qué dueño de casa!- en el minuto final del partido.

Treinta años y una semana después, quedan algunos recuerdos, como este: la definición de Lupo Quiñónez para el primer gol:

¡Lupo, presidente!

¡Lupo, presidente!

Luego, el escándalo por el penal que Ortubé pita para Ecuador al final del partido:

¡Qué momento!  Le pitan un penal a Argentina, de local, en el minuto 90.

¡Qué momento! Le pitan un penal a Argentina, de local, en el minuto 90.

El magnífico cobro de Hans Maldonado, eficiente como siempre (no recuerdo que haya fallado nunca):

Palo zurdo de Fillol, bien cobrado. Gol de Hans Maldonado, el Alemán.

Palo zurdo de Fillol, bien cobrado. Gol de Hans Maldonado, el Alemán.

Y la portada del diario Clarín de Buenos Aires al día siguiente del partido:

Abajo, escueto y sin detalles el dato del partido.

Abajo, escueto y sin detalles el dato del partido.

Recordemos a los protagonistas de ese partido. Entre paréntesis, el club en el que jugaban en aquella época:

Israel Rodríguez (Emelec); Alfredo Encalada (D. Quito), Orly Klinger (Liga de Portoviejo, Bolívar Ruiz (LDU Quito), Tulio Quinteros (Barcelona) Wilson Armas (El Nacional), Hans Maldonado (El Nacional);  José Jacinto  Vega (El Nacional); Hamilton Cuvi (Nueve de Octubre);  Lupo Quiñónez (Manta) y Vinicio Ron (Universidad Católica). DT: Ernesto Guerra.

Nótese que hay hasta tres zagueros centrales, pero dos delanteros con vocación plenamente ofensiva.

La verdad del triunfo en Barranquilla de Ecuador sobre Colombia (1965)

¿Era la Selección de Colombia que cayó con Ecuador en la eliminatoria 1965 un equipo profesional o aficionado? De ser un equipo aficionado, ¿el partido es oficial o no? Estas dudas se responden en este post.

Colombia siempre tuvo buenos jugadores. Pero su gran déficit, hasta la década de los setenta, fueron la desorganización y los conflictos dirigenciales, para no hablar de un regionalismo igual o peor que el que nosotros conocemos.
En medio de uno de esos conflictos fue que la FIFA sorteó que el grupo 11 de la clasificatoria al Mundial de Inglaterra 1966 lo integren Chile, Colombia y Ecuador.

El primer triunfo de Ecuador, como visitante, en eliminatorias, fue en Barranquilla.

El primer triunfo de Ecuador, como visitante, en eliminatorias, fue en Barranquilla.

Por entonces, el fútbol del país vecino tenía dos entes rectores: la Asociación de Fútbol y la Federación de fútbol.
Resulta un tanto enredado saber qué ámbito tenía cada cual. Pero, resumiendo, la Asociación (con sede en Barranquilla) tenía la representación ante la FIFA y la Federación (con sede en Bogotá) nucleaba a los clubes profesionales y a la liga.
Era tal la confrontación, que los clubes colombianos no pudieron jugar las Libertadores de 1965 y 1966.
Ante la eliminatoria de 1965, ambas agrupaciones estaban en conflicto. Pero a la Asociación le correspondía enfrentar la eliminatoria.
Y es así que llega el 20 de julio de ese año.
¿Qué Colombia era la que iba a recibir a Ecuador en Barranquilla? Pues se ha dicho que era un equipo amateur. Esa es una afirmación parcialmente cierta.

Ambos equipos forman en la cancha del Romelio Martínez

Ambos equipos forman en la cancha del Romelio Martínez

Lo cierto es que el equipo que convocó Antonio Julio de la Hoz, el técnico colombiano, era un seleccionado regional del Atlántico, el departamento cuya capital es Barranquilla. Recuerden, la Asociación tenía su sede en esa ciudad.
Ninguno de los jugadores que enfrentaron a Ecuador, entonces, estaban en la Primera División del fútbol colombiano. Torres, Avena y Aguirre estaban libres, tras haber jugado en el Cali, Millonarios y Nacional, respectivamente.
Un solo jugador de esa convocatoria (Fonseca), era del fútbol amateur. Antonio Rada (quien no jugó por lesión) fue el único que jugó en el Mundial de Chile 1962, el único al que había concurrido Colombia, hasta entonces.
Resumamos: la Colombia que cayó con Ecuador en 1965 era una selección regional, que nada tenía que ver con el fútbol de Primera División de ese país.
Entre los jugadores que faltaban (porque sus equipos eran parte de la Federación), podemos contar a Delio Gamboa, Efraín Padilla, Jorge Ramírez, Alfonso Cañón, Antonio Aponte, Marino Klinger, Uriel Cadavid, Germán Aceros, muchos de ellos presentes en Chile 1962. Sin duda, eran elementos más fogueados que los que midieron a Ecuador.

La "auténtica" selección jugaba en Bogotá...

La “auténtica” selección jugaba en Bogotá…

Curiosamente, el mismo día del partido en Barranquilla, un equipo de la Federación jugó en Bogotá un amistoso ante un combinado de jugadores brasileños.
Pese a los antecedentes, este seleccionado barranquillero no fue un pato. El triunfo de Ecuador fue difícil. Washington Muñoz abrió el marcador a los 17’, con un tiro libre. Pero el embate del local fue tan fuerte, que Pablo Ansaldo debió intervenir varias veces para evitar el empate.
Y la muestra que esta selección tenía algo de nivel, fue el triunfo sobre Chile (2-0), en Barranquilla. Este resultado ayudó a que Ecuador empate la serie con la Roja y vayan a un partido extra para definir quién iba al Mundial. Ante el mismo Chile, en Guayaquil, Ecuador apenas empató 2-2, aunque en circunstancias extrañas (recordar la lesión de Pablo Ansaldo).

Ansaldo se mandó una de esas jornadas que lo hicieron famoso

Ansaldo se mandó una de esas jornadas que lo hicieron famoso

Es así que Ecuador registró su único triunfo en Barranquilla. Ante una selección colombiana que, si bien era oficial, no era el mejor representante de ese país.

Una noche de fútbol en Lisboa, mi experiencia

Este post tiene su historia. Hoy, mientras cerraba la edición, en la TV apareció el partido Sporting de Lisboa – Benfica, que se jugó en el estadio Alvalade. Y me acordé como el tiempo y las aguas (?) me llevaron en enero, a ese mismo estadio.

Pues recordé que grafiqué con fotos todo lo pasé ese sábado 5 de enero, porque sabía que algún día lo iba a contar.

Y ese día llegó. Tomen asiento y lean.

Toma 15 minutos trasladarse desde la estación Rossio (una de las más céntricas) del metro de Lisboa hasta la estación Campo Grande. Faltan 45 minutos para el partido cuando llego y desde la estación al estadio hay que cruzar por un paso peatonal, repleto de gente con camisetas, chompas y bufandas verdiblancas.

Juega el Sporting Club de Portugal, el equipo de las clases medias y altas de Lisboa. La antítesis del popular Benfica. No la pasa bien el Sporting. De media tabla hacia abajo, esta vez enfrenta a un peso pluma del escenario lusitano. El Paços de Ferreira, donde Vinicio Angulo es anunciado como titular.
Ya dentro del estadio, me recibe esta imagen. La Alvalaxia, un centro comercial dentro del estadio. No tuve tiempo para recorrerlo, ya les contaré el por qué.

Bem vindo a Alvalade

Bem vindo a Alvalade

Mi plan de hacer una recorrida por los alrededores, para ver toda la cultura fútbol (!) lisboeta se truncó cuando vi la mama de las filas. En realidad, habían dos: una para que los socios retiren su boleto, otra para que quienes no son socios los compren.
Maldije el no haber podido comprar el boleto por internet. Se lo podía hacer y te mandaban al mail el PDF. Lo imprimìas y, listo, con eso entrabas.
Entonces, me nació una duda muy cochina. ¿Entro o no entro? Tengo una fobia patológica a las filas. Las aborrezco. De otro lado, ir a este partido (el único que se jugó ese fin de semana que estuve en Lisboa) era parte de la planificación del viaje y no me lo iba a perder.
Prevaleció esto último y me puse a hacer fila. Mi paciencia tuvo premio, primero porque la fila transcurría civilizadamente, sin apretujones ni vivezas. Segundo, porque avanzaba raudamente, sin problemas.

Ya estamos cerca...

Ya estamos cerca…

Después de 10 minutos de cola, estaba frente a la caja. Una pantalla te informaba las localidades disponibles, con fila, columna y número disponible. Indicabas en la pantalla dónde querías ir y pagabas. Yo lo hice con tarjeta de débito. En menos de dos minutos, tenía el boleto en la mano.

18 euros para ver al Sporting

18 euros para ver al Sporting

Pagas con tarjeta de débito y te imprimen el boleto ese rato.

Pagas con tarjeta de débito y te imprimen el boleto ese rato.

Todo bien señalizado, con número y nombre de acceso para entrar. Mi puerta de ingreso coincidió con el de la barra ‘brava’ del Sporting. Nada de amedrentamientos, miradas amenazantes, empujones. El único rasgo en común de este grupo ‘radical’ era su juventud.

Un policía te recibía la entrada y te dejaba entrar al área de los torniquetes. Pasaban el boleto por un lector óptico, piiiiiiip, luz verde y pasabas por un arco de detección de metales. A los que tenían bolsas, fundas, mochilas, se las revisaban con agilidad y paciencia.

Accesos limpios

Accesos limpios

Y ya estaba adentro. Se jugaban dos minutos y tuve esta vista, desde el fondo sur del estadio.
Frío hacía, la verdad. Poco más de 20 mil personas, menos de media entrada, para ver un Sporting triste. Mientras, en la cancha, Vinicio Angulo serpenteaba, buscando siempre al peruano Paolo Hurtado. Paços de Ferreira fue la sensación de la Liga portuguesa del año pasado.

Mi primera vista, adentro

Mi primera vista, adentro

Busco la radio para sintonizar RTP 1. La transmisión es correcta, sin estridencias, con un narrador de voz añeja, pero bien modulada, un comentarista que era un ex jugador (no pude identificar quien) y periodista al borde de campo. Las publicidades eran grabadas.
Se acababa el primer tiempo, pero Paolo Hurtado marca el gol de Paços de Ferreira. En un corral del fondo sur, al lado de la barra ‘brava’ del Sporting, no más de 10 seguidores del visitante celebran en paz el gol. La gente, empieza a silbar.
La hora del descanso es la ideal para ir al baño o al bar. Ambos, tienen filas importantes. Entonces, espero para hacerme una foto, la única que testimonia mi paso por Alvalade.
Cuando ambos equipos ya están volviendo del descanso, aprovecho para ir, primero, al baño. Entro y se me hace parecido a los que hay en Mall El Jardín. Impecables. Y ojo, no olviden, estamos en la localidad más barata del estadio.

Baños impecables, "de estadio...europeo"

Baños impecables, “de estadio…europeo”

Hago lo que debo hacer y es turno de ir al bar. Hay oferta típica portuguesa, pasabocas de ocasión y, claro, cerveza. Selecciono una biela, papas y un sandes de leitao, nada menos que pedazos de hornado dentro de una palanqueta de agua mediana. Sabroso. Pago, por todo esto, 8.50 euros, unos USD 10.

A comeeeeer.

A comeeeeer.

El segundo tiempo es desesperante. Es que el Sporting es malo de verdad y sus intentos de empatar son torpes. El visitante se defiende bien y la gente se angustia, al punto de empezar a gritar ¡ole! a sus propios jugadores. Vergonzoso.
Y así transcurre el partido. En la transmisión de la RTP 1 ponen, durante los cinco minutos finales, un efecto de sonido que simula el tic –tac de un reloj para ponerle suspenso. Les sale bien.
Y se acaba el partido. Paços de Ferreira ha ganado 1-0, la gente se va molesta, fastidiada, pero nadie grita, insulta o pide la sangre de los jugadores o el técnico. Un tipo que estaba al lado mío, cuando la megafonía del estadio anuncia que habrá tour para ir al próximo partido en Olhao, dice: “¡no va a ir nadie porque son malos!”. Es lo más hostil que escucho.

Mi ùnica foto...

Mi ùnica foto…

Afuera, todo es normalidad. La gente busca salir del estadio, algunos se reúnen para irse a otro lado después (es sábado en la noche, lindo marco de tiempo) y yo aprovecho para darme una vueltita. No hay puestos ambulantes de comida, apenas unos cuatro kioscos grandes con venta de camisetas, sombreros, gorras, bufandas (todas merchandise oficial, obviamente) y el ambiente de fútbol se va disolviendo. Para eso, yo ya estoy dentro de la estación Campo Grande, buscando el centro de Lisboa y la parsimonia de sus viejas calles…