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Máquinas dispensadoras para todos

No están solamente en Japón, sino en el resto del Asia. ¿Por qué existen las máquinas dispensadoras? En este continente, el espacio es prioridad. ¿Para qué tener una tienda completa de bebidas, si las pueden vender en una máquina y así evitar el gasto en sueldos, arriendos y más que podrían ser invertidos en un negocio más lucrativo? Practicidad, sobre todo. 

Las máquinas dispensadoras Omnipresentes, casi todopoderosas. Dicen que las puedes encontrar hasta en el fondo del mar o en la cima del monte Fuji.. Son capaces los japoneses, no lo dudo. El hecho es que en Tokyo están en todos lados y, básicamente, venden bebidas. De todo tipo. El código es claro: si tienen el precio marcado con una cartulina roja, son calientes; si es azul, son frías.

También pude observar, aparte de las que venden bebidas, máquinas expendedoras de sopa, helados, libros, accesorios para el celular, tarjetas prepagadas para consumir. Dicen que hay algunas que venden ropa interior femenina usada. En honor a la verdad, no me constó. En cuanto a los refrescos,
casi todos tienen el mismo valor: 120 yenes (USD 1).

Acá, te invito a conocer algunas:

Helados (en el Nihon Budokan)

Helados (en el Nihon Budokan)

Barras de cereal. Me parece que en mi hotel (el Toyoko Ikebukuro Inn)

Barras de cereal. Me parece que en mi hotel (el Toyoko Ikebukuro Inn)

Bebidas calientes y frías. La típica y más usual de todas.

Bebidas calientes y frías. La típica y más usual de todas.

Producto típico de la máquina de bebidas: te caliente con miel y limón. Para el invierno.

Producto típico de la máquina de bebidas: te caliente con miel y limón. Para el invierno.

Sopa caliente de, me parece, choclo.

Sopa caliente de, me parece, choclo.

La máquina de bebidas, en su plenitud.

La máquina de bebidas, en su plenitud.

Productos capilares (metro de Yokohama).

Productos capilares (metro de Yokohama).

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¿Tokyo es tan caro como parece?

El mito expuesto: ¿es Tokyo una ciudad cara, inalcanzable como para darse una vuelta? Ensayo una respuesta, tras lo vivido en carne propia.

Ginza, un día gris de invierno. Un taxi (carísimo) da la vuelta.

Ginza, un día gris de invierno. Un taxi (carísimo) da la vuelta.

Tokyo no es una ciudad bonita. Creo que lo dije alguna vez. Es un pantano que ha ido ganando tierra. No tiene un escenario natural. Su accidente geográfico más cercano, el imponente monte Fuji, se deja ver de lejos.

Sin embargo, el magnetismo y la magia de esta megalópolis no se repite en ningún lado. Tiene cosas que mil Parises y mil Nuevayores no juntan. Cosas únicas y genuinas.

¿Qué les puedo contar yo? Pues lo sencillo, lo casi cotidiano. Me perdí (en el literal significado del término) en la vieja Edo y algún testimonio puedo dar. Quiero empezar, porque alguna entrega posterior habrá, por el tema de los precios.

¿Japón es un país caro? El mito está expandido por el mundo: Japón es un país caro. Ya palpando en terreno, tengo que ser honesto y reconocer que es un país caro, pero dependiendo para qué.

¿Qué resulta caro en Tokyo? Los servicios públicos, para empezar. El metro cuesta, dependiendo de la distancia recorrida, un promedio de USD 2. Sin embargo, es subsanable, pues los dos sistemas que manejan el transporte público en esta ciudad tienen una tarjeta diaria con una tarifa plana de USD 10 para usar el servicio cuantas veces quieras. Es útil y muy recomendable.

Nunca, si quieres resguardar tu economía, tomes un taxi. Son carísimos. Por ejemplo, el traslado desde el aeropuerto de Narita cuesta USD 300. La carrera mínima era de USD 7.50. Me tocó coger uno, desde el terminal 2 al terminal 1 del aeropuerto de Haneda. 5 minutos de carrera me salieron por USD 15.

Bono de transporte en metro, en los dos sistemas que hay en Tokyo.

Bono de transporte en metro, en los dos sistemas que hay en Tokyo.

Los sitios de lujo, evidentemente, son caros en Tokyo y en cualquier lugar del mundo. Por ejemplo, en el hotel Park Hyatt, en Shinjuku, aquel que sirvió de escenario para Lost in Translation, una copa de espumante Dom Perignon puede llegar a costar USD 47.

¿Sabes qué resulta un lujo en Japón? Las frutas. Empezando por las más básicas, como un plátano. En un Seven – Eleven, cada uno puede costar USD 1. Y de ahí, la escala sube. Presentadas en lujosas cajas, empacadas, hay manzanas, toronjas, naranjas, uvas, que salen por no menos de USD 50. Sin exagerar y a las pruebas me remito.

Una carambola, 5 USD

Una carambola, 5 USD

Un plátano, casi un dolar.

Un plátano, casi un dolar.

Naranjas de USD 4...

Naranjas de USD 8…

40 USD por este triste paquete...

40 USD por este triste paquete…

Esto es lo más chocante: frutas que acá son casi gratuitas, allá terminan costando casi lo que dos almuerzos. Pero hay una razón que ayuda a entender este fenómeno: Japón no es un país agrícola, así que hay que importar estos productos.

¿El resto de comida? Hay de todo. Las cadenas eternas tienen ofertas que pueden servir a los presupuestos apretados. Pero de este tópico culinario prometo hacer un post aparte. 

Pero hay cosas baratas. La electrónica, por ejemplo. Que estos precios hablen solos.

Una MacBook Air a 950

Una MacBook Air a 950

Ipad de 16 a USD 360 (nuevo). Usados los encontrabas desde USD 100.

Ipad de 16 a USD 360 (nuevo). Usados los encontrabas desde USD 100.

En cuanto a los teléfonos, debes tener cuidado si quieres comprar uno en Japón. Lo puedes hacer únicamente si tiene la banda abierta, caso contrario no te sirve. No debes preocuparte, los vendedores se encargan de avisarte. Al menos así me pasó cuando yo estaba cerca de pagar USD 300 por un Iphone.

Akihabara es un barrio dedicado a esta clase de objetos. Encuentras, sobre todo, lo alusivo a los juegos de video, de toda época. También hay audio, video, fotografía, a precios competitivos. Merece que te des una vuelta.

Akihabara, el templo de la electrónica.

Akihabara, el templo de la electrónica.

En esta cadena de tiendas (no recuerdo el nombre) había reales gangas, sobre todo en electrónica de temporadas pasadas.

En esta cadena de tiendas (no recuerdo el nombre) había reales gangas, sobre todo en electrónica de temporadas pasadas.

En ropa también hay algunas gangas, en comparación a los precios de acá. Sirva el ejemplo.

Zapatos Nike a USD 28.

Zapatos Nike a USD 28.

Esta chompa para mujer, marca LeCoqSportif me salió por USD 30.

Esta chompa para mujer, marca LeCoqSportif me salió por USD 30.

Acá te recomiendo hurgar en los comercios, buscar en las calles comerciales los locales especializados. En cuanto a mercados “populares” (para la escala japonesa) te puedo recomendar el de Ameyokocho, cerca de la estación Ueno, poblado de comercios con precios convenientes. Ahí, por ejemplo, en un sitio de ropa deportiva, pude comprar una camiseta Umbro del Cosmos en USD 17.

Si vas a los grandes almacenes (Seibu, Isetan, Mitsukoshi, Sogo) asistes a un gran espectáculo, no menos de 10 pisos con todo tipo de marcas de media gama hacia arriba. Pero, ojo, acá no encontrarás gangas.

Matsuya, en Ginza, de Pierre Cardin para arriba.

Matsuya, en Ginza, de Pierre Cardin para arriba.

¿Sabes qué también resulta barato allá? El licor. Los precios que se manejan en Japón llegan a ser la tercera parte de lo que pagamos en Ecuador. Allá, el único impuesto que hay es el IVA, del 7%. Una muestra de los precios en supermercados.

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Clicquot a USD 36.

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Cognac Hennessy, a USD 36.

Ballantines de litro a USD 18.

Ballantines de litro a USD 18.

¿Hoteles? En Tokyo, como en otras ciudades asiáticas, pagas por el espacio. Si tienes espacio, tienes lujo asegurado. Por eso, te recomiendo que busques en los hoteles económicos de las cadenas japonesas, como Fresa Inn, Toyoko, Apa, Toyku Inn. Quedan cerca de las estaciones de metro y/o tren y son baratos. Son básicos, pero seguros y tienen todo cuanto necesitas.

Los hoteles de lujo, de las cadenas internacionales, te van a salir a precios standard. Si prefieres, hay ryokanes, hospedajes tradicionales japoneses con futones (camas al piso), con mobiliario mínimo. Los hoteles cápsula o cabina (usé uno por una noche en el aeropuerto de Haneda, el First Cabin, muy cómodo y con spa) también son más baratos.

Por ejemplo, yo me hospedé en el Toyoko Inn Ikebukuro 2. Excelente, limpísimo, el cuarto era chiquito, pero con buena cama, baño con tina, internet wifi, desayuno. Me costó USD 40 la noche, más barato que uno de su tipo en otras ciudades como NY, Río de Janeiro o París. Esto fue:

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Cama de dos plazas, recontracómoda.

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Escritorio, con TV (maldita la falta que hace, todo es en japonés) y todos los útiles necesarios.

Baño con tina y el inefable inodoro electrónico.

Baño con tina y el inefable inodoro electrónico.

Un detalle: pagar con tarjeta de crédito o débito, es posible. Sin embargo, hay sitios (sobre todo aquellos menos mundanos y más dirigidos a los japoneses) donde no te las aceptarán. Prefieren el efectivo.

CONCLUYENDO: Tokyo, efectivamente, es una ciudad cara. Los precios de la mayoría de servicios, en el mejor de los casos, son el doble de los que consigues en Ecuador. Sin embargo, con inteligencia y buscando, puedes encontrar la opción de conseguir cosas a precios similares y hasta más económicos que los nuestros. Sin embargo, toma en cuenta que la calidad allá es el denominador común de todo bien y servicio. Y la calidad cuesta.

Kuala Lumpur, mucho más que las torres Petronas

Kuala Lumpur. Suena exótico, es exótico. Llegué a esta capital con pocas expectativas, más allá de ver las torres Petronas. Pero, a la final, el tiempo quedó corto para saber más de una metrópoli única.

Esperaba que Kuala Lumpur sea algo más cercano a Nueva Delhi que a Japón. Pero, más allá del catastrófico enjambre vial que es pan de cada tarde en toda calle o avenida céntrica, me encontré con una capital moderna, agradable y que debe ser una de las ciudades con la mejor relación costo – beneficio del mundo.

A Kuala Lumpur (KL) llegué en vuelo nocturno de Air Asia desde Macao. Te recibe el aeropuerto internacional (KLIA) que se divide en dos terminales: la de vuelos locales y de aerolíneas de bajo costo que viajan a destinos asiáticos cercanos (Air Asia, Tigerair, Scoot) y la de vuelos internacionales.

El KL Ekspres, el tren que en 35 minutos te lleva del aeropuerto al centro.

El KL Ekspres, el tren que en 35 minutos te lleva del aeropuerto al centro.

Llegas a migración y te atiende un oficial musulmán muy amable y firme, que te pide el pasaporte, te pregunta cuál es tu próximo destino y te sella enseguida. Los ecuatorianos, para estancias menores a 90 días, no necesitamos visado.

Hay varias vías para llegar del KLIA al centro de la ciudad. Desde el taxi (75 ringgits, unos USD 20). hasta el bus (10 ringgits, USD 2,50) hasta el KLIA Ekspres, un tren que cuesta 35 ringgits (10 USD). Me decanté por esta última, que en 35 minutos te deja en Sentral, el eje del transporte en la ciudad.

Desde Sentral, una estación gigantesca, con paradas de metro, monoriel, tren, bus y el tren del aeropuerto, no te cuesta más de USD 2 el moverte en taxi a cualquier punto de la zona comercial y turística.

KL Sentral, en la salida que enlaza con un centro comercial.

KL Sentral, en la salida que enlaza con un centro comercial.

Uno de los detalles que hace interesante a KL es su oferta hotelera. Encuentras un cuarto en un hotel 3 estrellas por menos de USD 25. Hoteles de 5 estrellas de cadenas internacionales hay desde USD 60. Yo elegí este, Tune Hotel, cadena de Air Asia. Bien ubicado, con todo lo que necesitas, por USD 29.

La primera impresión que te llevas de la ciudad, aparte del tráfico brutal que hay desde las 18:00, es la cantidad de grúas, construcciones, obras en curso. Levantan edificios en cualquier espacio disponible.

El calor no pasa por alto. Llegué en invierno (segunda semana de enero) y no hay menos de 35 grados al medio día, con buen sol. En la noche, baja algo. Sin embargo, nunca necesitas protección. La lluvia tampoco falta, pero cae una tempestad de no más de 10 minutos y de ahí para.

El tráfico tupido, al pie de la plaza Merdeka.

El tráfico tupido, al pie de la plaza Merdeka.

Es una ciudad segura. Aún en los lugares oscuros, despoblados, no se sienten miradas que incomodan. Los pasos peatonales, larguísimos, son transitables a cualquier hora. Hay algunos brotes de mendicidad, pero nada dramático en comparación a otros lugares del sudeste asiático.

La variedad cultural es abrumadora. Dominan los musulmanes, con sus vestimentas características, las mujeres con sus tchador, cubiertas siempre el cabello. Son menos los hindúes y los chinos, cada cual aportando con sus características costumbres. El clima que emana de esta convivencia es, de repente, la sazón de esta ciudad.

La Mesquita Nacional, a las zonas de oración solamente entran musulmanes.

La Mesquita Nacional, a las zonas de oración solamente entran musulmanes.

¿Sitios? Obviamente que las torres Petronas, que en su momento fueron el edificio más alto del mundo, con sus 88 pisos de hormigón, vidrio y acero.

Sinceramente, esperé que fueran más grandes, pero aún así no dejan de impresionar. Están rodeadas de un parque muy grande, con senderos y lugares para descansar que le dan una atmósfera única.

Las torres Petronas, 452 metros que te aplastan.

Las torres Petronas, 452 metros que te aplastan.

La parte baja de las torres, de libre acceso, constituyen un centro comercial (Suria KLCC) con grandes marcas, tiendas por departamento y demás lujo. Sin embargo, los precios son ampliamente competitivos.

Hay dos miradores: uno en el piso 42 (donde hay una pasarella que une ambas torres) y otro en el 86. Subir es casi una proeza, porque todos los días hay colas desde las 06:00 para lograr una entrada. Honestamente, ese plan no me cuadra mucho, así que preferí enfocarme en conocer los alrededores de las torres.

El centro comercial que queda en las primeras plantas de las torres Petronas.

El centro comercial que queda en las primeras plantas de las torres Petronas.

Suria KLCC no es el único centro comercial de la ciudad. Hay muchos más, cada uno más lujoso que otro, con servicios y que siempre servían como lugares para enlazar los sistemas de transporte.

El transporte es otra de los grandes valores agregados de KL. Hay metro, tren, monoriel, buses y hasta un sistema de bus gratuito (GO KL), distinguido por su color rosado. Pasa con un intervalo de 15 minutos por cada uno de los puntos más turísticos de la ciudad. Solamente te subes y te bajas, las veces que quieres. Tienen Wi-Fi y su único “pero” es el tráfico. Sin embargo, lo agarré varias veces, a distintas horas, y jamás dejó de tener un asiento disponible.

Monoriel de Kuala Lumpur. Llega a todos los lugares necesarios.

Monoriel de Kuala Lumpur. Llega a todos los lugares necesarios.

El GOKL, gratuito y cómodo bus.

El GOKL, gratuito y cómodo bus.

Hablaba de costo – beneficio y la comida sobresale. Por ejemplo, en Pavilion, un centro comercial muy lujoso, llegué a un restaurante buffet de parrilla japonesa, con un sistema sencillo: te sirven todo tipo de carne cruda (res, cerdo, pollo) y mariscos, pero tienes un asadero individual en tu mesa. Ahí tu las coces al punto que quieras y te las sirves.

Las ensaladas y los postres incluyen en el precio final. Era un sitio con apariencia de caro, pero todo este banquete, más una cerveza y una botella de agua me salió por no más de USD 9. El mismo valor pagué en un restaurante de comida iraní.

Un banquete por menos de 10 USD.

Un banquete por menos de 10 USD.

Y esa es la tónica en toda la ciudad. Si estás de apuro y/o chiro, en los supermercados hay bandejas de comida por poco más de USD 1. Una comida regular, en un restaurante no tan lujoso, te puede salir por USD 3.

La torres Petronas tienen una suerte de restaurantes lujosos, de comida china, vietnamita, sushi, hindú, pero también un patio de comidas donde no gastas más de USD 4 para quedar satisfecho.

Así se vendían las entradas para el Gran Premio de F1 que se corrió en Sepang, La entrada más barata, USD 12.

Así se vendían las entradas para el Gran Premio de F1 que se corrió en Sepang, La entrada más barata, USD 12.

En la calle solamente comí una vez, en el mercado nocturno de Petaling Street. Era un puesto de satay, unos pinchos de carne de chancho. Una orden de estos pinchos, junto a una cerveza, salieron por 3 USD.

Almuerzo por poco más de USD 1 en un supermercado de KL.

Almuerzo por poco más de USD 1 en un supermercado de KL.

Precisamente, Petaling es la meca de las compras. Hay que ir en la noche y encuentras toda suerte de ropa, maletas, libros, gafas, a lo largo de una calle de cinco cuadras y sus transversales. Debes regatear. Por regla general, debes terminar pagando menos de la mitad de lo que te ofrecen al inicio, cuando preguntas. Sitio pintoresco es este barrio chino, acá pude ver una de las escenas más bizarras de mi vida: un tipo que andaba en moto, llevando un mandril enorme que, obviamente, usaba casco. No alcancé a fotografiar.

Otro sitio para compras es Sentral Market. Es el antiguo emplazamiento del mercado de víveres principal, a dos pasos de la plaza Merdeka (la principal) hay tres pisos con toda suerte de artesanías locales y de otros países de la región, como India,  Tailandia e Indonesia. No hay que pagar el precio inicial, pero para regatear tienes que saber un mínimo de inglés, idioma que hablan todos los habitantes de esta gran urbe. Los precios terminan por ser muy aceptables.

Satay y cerveza en Petalling Street (KL).

Satay y cerveza en Petalling Street (KL).

Otras zonas de compras muy importantes son las aledañas a la estación Bunkit Bintang, además de las vías que desde la estación de monoriel Sultán Ismail llegan hasta la plaza Merdeka.

La dataran (plaza)  Merdeka, precisamente, es el punto 0 de la ciudad. Sorprende no encontrarse con una “plaza” en el sentido que nosotros conocemos. Esta es un enorme rectángulo de césped, bien cortado, en cuyo centro flamea una gigante bandera malaya. En este lugar, se declaró la independencia del país de los británicos.

Al pie de la plaza se encuentra la galería de arte de la ciudad, que entre otras exhibiciones cuenta con una maqueta de todo el centro de la ciudad, totalmente detallada. En la sala asignada, entra un grupo de espectadores y la exhibición de luces es increíble. Lástima que el audio esté solamente en bahasa (el idioma oficial del país) y no se pueda seguir.

La maqueta de la ciudad, en la galería.

La maqueta de la ciudad, en la galería.

La galería cuenta con una cafetería aceptable, donde se sirven postres de durian. “La reina de las frutas”, típica de la región,  tiene la forma de una guanábana gigante y el olor de un basurero atestado en día de sol. Sin embargo, su sabor es dulce, muy agradable.

La plaza Merdeka en maqueta.

La plaza Merdeka en maqueta.

Debes saber…

1. El cambio oficial es de 3.75 ringgits por 1 USD. Hay casas de cambio en prácticamente cada cuadra, pero el precio puede variar. Es recomendable buscar la mejor opción y cambiar algo todos los días, no de una sola vez, porque puedes perder.

2. Los viernes al medio día, hay locales que cierran durante un par de horas. Es la jornada de oración de los musulmanes. Hay otros sitios que, directamente, no abren. El viernes es el día santo de quienes profesan esta fe.

3. El sabor de productos que hay en occidente (colas, dulces, comida rápida) puede ser algo distinto. Por ejemplo, la Fanta tiene un sabor muy desagradable para nuestro estándar.

4. Hay que tener las precauciones mínimas que existen en las grandes ciudades (KL tiene 8 millones de habitantes), sobre todo en las aglomeraciones dentro del transporte público.

Pastel de durian, la fruta con peor olor en el universo.

Pastel de durian, la fruta con peor olor en el universo.

5. Particularmente, no recomiendo las visitas a templos religiosos. En KL hay la Mesquita Nacional (el islam es la religión oficial), gigantesca y moderna construcción, pero que no permite el acceso a los no creyentes a su zona de oración.

6. Los hoteles tienen una sala de oración para los musulmanes. Incluso hasta los de 3 estrellas. Además, en cada habitación, hay una señal que marca la dirección de La Meca, para hacer las oraciones diarias.

7. La tarjeta de crédito se puede usar sin problema, pero es usual que haya sitios, aún en lugares turísticos, donde no te aceptan y solamente se puede pagar en efectivo.

7. Ya dije que es un país musulmán, de costumbres conservadoras. Hay que asimilarse, nada más. Evitar comportamientos que no sean compatibles con el entorno (vestuario, forma de dirigirse al resto…).

8. Los taxis son confiables y baratos. Las carreras, aún las más lejanas, no te salen por más de USD 5. Los choferes hablan inglés.

9. Te recomiendo ir (yo no alcancé) a excursiones cercanas a la ciudad. Por ejemplo, a Batu Caves, unas cuevas ceremoniales impresionantes. También a Putrajaya, ciudad que, técnicamente, es la capital, pues ahí se encuentran emplazados los edificios públicos.

10. Un paraguas nunca está demás. Son baratos (los encuentras en los omnipresentes Seven Eleven a USD 1) y te salvan de la lluvia. Acá llueve como en El Coca.

11. Hay varios mercados (galerías) que venden electrónica. Los precios están bien, pero ten cuidado pues son equipos refurbished o usados. Hallas, por ejemplo, un iPhone 5 a 300 USD, usado pero funcionando.

12. En cuanto a la ropa, hay una variedad muy importante de todo tipo y a buenos precios. Pero, cuidado: las tallas no son equivalentes a las que manejamos en occidente. Por ejemplo, el XL de allá es un L acá.

Yo amo KL.

Yo amo KL.