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La torre de vigilancia de Quinteros

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Gustavo Quinteros juzga al Ecuador desde el alto de su supuesta superioridad moral. 

Gustavo Quinteros ha edificado, en medio de la gente, una suerte de torre de vigilancia. Desde ahí, él observa y escucha todo. Desde esa posición de superioridad, no duda en ejercer la descalificación como arma de defensa.

Según su ilustrado criterio, muy pocos saben de fútbol. Claro, él se ha encargado de ponerlos en una fila aparte. De repente, ellos forman parte del selecto grupo de periodistas con los que se reúne para intercambiar noticias, opiniones. Ese es su problema. Cada cual es abiertamente libre de rodearse de quién quiera. Se eligen los amigos, los panas; la familia nomás viene impuesta.

El resto, aquellos que no concuerdan con su paladar, son “idiotas”, “corruptos”. El maniqueísmo quinterista se aplica a rajatabla. Honestamente, me tiene sin cuidado que el DT de la Selección tenga ánimo y tiempo para este tipo de labores segregacionistas y para la descalificación fácil. Lo que me parece digno de resaltar es su incoherencia.

En la entrevista que publica El Universo, Quinteros dice que quienes se preguntan porque Ecuador no repite el nivel alcanzado al inicio de la eliminatoria al Mundial son “ignorantes, no saben nada de fútbol”, además de “idiotas”. Tampoco hace caso a nadie “porque hay poca gente que entiende y hay muchos detractores de su propio país”.

Este Quinteros que dice que “no hace caso a nadie” es el mismo que se extiende para explicar por qué un jugador está o no en la Selección. Es decir, tan poco caso hace, que se ve obligado a dar cuentas de sus convocatorias, cuando los técnicos de las Selecciones a lo que menos deben prestarse es a ese juego. Ellos se expresan mediante sus decisiones y nombramientos. El resto, que digan lo que sea.

Otro error de Quinteros, el más grave,  es meter al “país” en su discurso. Hay quienes, investidos en una buena fe y templanza que conmueven, creen que él se refiere exclusivamente al fútbol. No es así. La referencia al “país” no es tan inocente, es producto de su estado de superioridad moral. Yo quiero entenderlo y debe ser difícil para un personaje como Quinteros, acaso junto a Rafael Dudamel el DT de menor currículum dentro de las selecciones de Sudamérica, no sentirse portador de la Bandera Nacional, vocero de la ecuatorianidad, si a su lado tiene una corte de corifeos que festejan todas sus salidas de tono y que le justifican cuando entra en este pernicioso juego de las descalificaciones.

El “país”, ventajosamente, no es lo que cree representar Quinteros. La Selección Ecuatoriana de Fútbol es un equipo deportivo, representante de una actividad con cierta relevancia en el medio. Pero nada más.  El “país” es algo rotundamente más importante. Son los valores, el trabajo, la honestidad, el pluralismo, el respeto ajeno de todos quienes vivimos en este rincón del mundo, más allá de la insignificancia sobredimensionada del fútbol. Que no quiera Quinteros atarantar y vender la imagen de que quienes atacan a la Selección atacan al país. Eso es, aparte de enfermo, propio de espíritus minúsculos y dictatoriales, necesitados de impunidad para sus funciones públicas.

Y todo nace de la crítica por confiar en Jefferson Montero y en el desempeño del equipo ante Brasil, en el arranque de la Copa América Centenario. El DT de la Selección dice algo cierto: “Ecuador no está obligado a ganarle a Brasil”. Pero así como no existe esa obligación histórica y estadística, tampoco existe la obligación de hacer pasar por buena presentación un encuentro donde la Tri difícilmente pudo llegar al arco rival, fue superada en posesión de balón y no contó con armas reales de triunfo. Vender otra realidad es, además de ciego, dudar de la inteligencia y del buen juicio ajenos.

Quinteros ha hecho una tarea aceptable en la Selección. Los resultados le dan un aval. Pero no crea que esto lo vuelve indemne a la crítica. Que no se afiance en sus errores, expresados en declaraciones poco felices como ésta. Que no llegue al punto de creer que todo se le está permitido solamente porque cuenta con una corte de felipillos dispuestos a vender a su madre a cambio de una entrevista, una palmadita en la espalda o una respuesta en el Whatsapp. Poniéndose en este plan, hace todo lo posible para dificultar su éxito. Conviene, pues, que se baje de esa torre de vigilancia desde la cual juzga a todo aquel que no le gusta o no dice lo que él quisiera escuchar.

 

 

 

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Cuadernos de la Copa América (I). Entre “corruptos” e “idiotas”

¿Qué hay detrás de la defensa a ultranza y del blindaje al DT de la Selección. Sin duda, la participación en juegos de poder (aunque sean mínimos) capitaliza el trabajo de un buen sector de la prensa. 

Quinteros, parece, olvida que ya no conduce a Emelec, sino a la Selección.

Quinteros, parece, olvida que ya no conduce a Emelec, sino a la Selección. (foto de EL COMERCIO).

Gustavo Quinteros ha dicho que “hay empresarios del fútbol que tienen contactos con el periodismo corrupto y que inventan”. También invitó a “no dar espacio a los idiotas”, en referencia a quienes hablaban de su inminente salida de la Selección.

Complicada labor la de este técnico, que le ha dedicado más tiempo a las supuestas conspiraciones mediáticas que existen en su contra, antes que a la autocrítica. Una maniobra que puede entenderse, planteadas como están las cosas.

Quinteros, por sus múltiples ocupaciones, jamás dirá quienes son parte del “periodismo corrupto”. Comete el error de generalizar. Lamentablemente, esta actitud no sorprende. Es parte del Ecuador de hoy, donde pensar opuesto y expresarlo es razón suficiente para ser objeto de descalificación. Es el país de las confrontaciones, de la grieta entre quienes dicen “blanco” y quienes dicen “negro”. A toda escala.

Hace mal el técnico. Olvida que ya no dirige a Emelec, Blooming. Actúa igual que cuando acusó a Roddy Zambrano de las derrotas de su equipo. A escala local, aunque impropias, estas salidas de tono son entendibles. Pero dirigir a una Selección es otra cosa, hay una representatividad que no puede ser obviada.

Esta postura desafiante, estridente del DT tiene antecedentes en el Bolillo Gómez. El colombiano, sobre todo después de la clasificación al Mundial 2002, mandaba a volar a quien osaba cuestionar su omnipotencia. Desde Carlos Villacís hasta Rodrigo Paz pasaron por su lengua.

El Bolillo, un ejemplo de impunidad que está a punto de ser igualado.

El Bolillo, un ejemplo de impunidad que está a punto de ser igualado. (Foto El Comercio).

Pero era el Bolillo. Un técnico, se quiera o no, trascendente para la historia del fútbol ecuatoriano. En cambio, Quinteros todavía tiene mucho que hacer si quiere llegar a ese sitial. Honestamente, no creo que llegue.

Pero, igual que el Bolillo, Quinteros también tiene sus corifeos. Un grupo periodístico que se ha abanderado con el “proceso” y cuyo esfuerzo diario se divide entre destruir todo lo que signifique el pasado reciente (Rueda, Vizuete) y aplaudir con arrobo de fan enamorada cualquier cosa que diga el nuevo DT.

No me cabe en la cabeza la posibilidad de que Reinaldo Rueda se refiera al “periodismo corrupto”. El colombiano, objeto de una cacería feroz que solamente bajó banderas con la clasificación al Mundial, tenía el gran mérito de dar la cara, aún en los momentos complicados (la eliminación de la Copa América 2011) y deslizaba inconformidad por la falta de reconocimiento a su trabajo solamente off the record. Nunca se dio el lujo de ahondar en diferencias, se manejo con admirable dignidad.

Pero hoy, cuando ya no está y no puede defenderse. Rueda ha pasado a formar parte de aquello que hay que olvidar y dejar atrás. Y quien, según un sector del periodismo, hará llover maná del cielo y es portador de la piedra filosofal es Quinteros.

Rueda, el culpable de todo lo malo. Claro, se lo dicen cuando se fue y no puede argumentar. (Foto El Comercio).

Rueda, el culpable de todo lo malo. Claro, se lo dicen cuando se fue y no puede argumentar. (Foto El Comercio).

¿Qué hay detrás de este abanderamiento con el hoy DT? Por currículo, Quinteros no tiene mayor cosa que ofrecer. Digamos, para no entrar en detalle, que aún dentro del medio local hay técnicos con mayor experiencia, conocimiento del fútbol ecuatoriano en sus múltiples dimensiones. Y si ponemos, face to face, el CV del argentino con el de Rueda, el del anterior técnico resulta superior.

Detrás de la defensa al “proceso” (de explicar esta palabra me encargaré en una futura entrega) hay más esperanzas que realidades. Esto, en el caso de quienes creen que su estilo futbolístico se trasplantará del Capwell a Monteolivo en forma exitosa. Pero noto que hay un sector que está con Quinteros porque estar con él significa acceder al poder.

Pasó lo mismo con el Bolillo. Aún en los momentos más impresentables del colombiano, nunca le faltó un periodista que saque la cara por él. Que hasta justifique lo injustificable. Hoy, lamentablemente, pasa lo mismo, pero con el agravante ya expuesto de que (todavía) Quinteros no es nadie en la historia de la Selección.

El acceso al poder, hoy, consiste en tener la notita, el número del celular del profe, almorzar con su cuerpo técnico, tener “la primicia” del uñero que X jugador sufrió en la última práctica.  Hay periodistas felices de que el DT escuche o lea la defensa que de él hacen, aún cuando haya mucho por observar. Por eso, no había que sorprenderse el aplauso masivo que de este sector recibió Quinteros cuando descalificó a quienes, supuestamente, lo quieren ver fuera de la Selección.

Pero, la historia ha visto, que estos personajes son los primeros en saltar del barco cuando empieza a hacer agua. Se distancian y buscan un personaje a cuya sombra vivir, hasta que venga otro. Así, sucesivamente.

Por eso, cuando Quinteros comience a flaquear (no puedo predecir el momento en que suceda, ojalá sea lo más después posible del 2018), no faltarán quienes abjuren de este presente. Si a Chiriboga, quien les hizo conocer el mundo y al cual sirvieron incondicionalmente ahora le dicen horrores, todo se puede esperar.

Mañana. Cuadernos de la Copa América (II). ¿Cuál proceso?