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¿Qué mismo pasa en Hong Kong?

Como algo algo conozco ese rincón del Asia, intentaré explicar de la manera más descontraída, sencilla y simple posible la razón de las protestas. De paso, aderezo con  unas fotos de mi cosecha personal.

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A inicios de agosto, con el fondo de las playas de Río de Janeiro, a mi papá se le ocurrió preguntarme en qué país, de todos los que conozco, me gustaría vivir.

Era la primera vez que me ponía a pensar en eso, pero la respuesta fue casi inmediata y sin dudas: Hong Kong.

¿Por qué? Con la mitad del territorio del Quito Metropolitano y 8 millones de habitantes, el viejo “Puerto Fragante” (ese es el significado de Hong Kong en cantonés) es un sitio cosmopolita, universal, moderno y libre como pocos en el mundo.

Para explicarles qué es Hong Kong, voy a ser simple. En cuanto a ambiente, les cuento que es una mezcla entre Guayaquil y Nueva York. Rascacielos en medio de un cálido ambiente tropical. Computadora y guayabera dándose la mano. Rolls Royce junto a carretillas donde venden fruta.

Mercado de pescado en Hung Hom.

Mercado de pescado en Hung Hom.

Esto es, precisamente, lo que hace la diferencia entre Hong Kong y, por ejemplo, Japón. Todo es parecido, salvo que los nipones son más fríos y estructurados, formales hasta un punto incómodo.

El hongkonés es profundamente cívico y respetuoso. Aparte, en su tierra se respira un ambiente de  tranquilidad único. No recuerdo haber visto jamás un policía. En los innúmeros bancos que hay en la ciudad, nunca me topé con un guardia y los riesgos de sufrir un asalto o pasar un mal rato son ínfimos. El board de turismo de esta ciudad – estado presume que el último atraco bancario tuvo lugar en 1982.

Creo que es mi idea, pero esta zona de Kowloon (Nathan Road, esq. Salisbury) tiene un aire a Malecón con 9 de Octubre, en Guayaquil.

Creo que es mi idea, pero esta zona de Kowloon (Nathan Road, esq. Salisbury) tiene un aire a Malecón con 9 de Octubre, en Guayaquil.

¿De dónde viene todo esto? Lo atribuyo a una mezcla de factores. Primero, la tradición oriental, cuyas costumbres se pueden resumir en la búsqueda de la armonía entre el hombre y su entorno. Luego, está el peso del coloniaje británico. Hasta 1997, Hong Kong fue una dependencia de la Corona del Reino Unido, cuyas instituciones (judiciales, políticas, sociales, económicas) fueron perfectamente transplantadas a este rincón asiático y funcionan, aún pese a la enorme sombra que significa China.

Rascacielos en Queens Road (Central).

Rascacielos en Queens Road (Central).

Creo que pocos datos verifican mejor la singularidad de Hong Kong que su sistema monetario. Ante la inexistencia de un banco central o de reserva, la moneda (el dólar) es emitida por los tres principales bancos que operan en la localidad: el HSBC, el Standard Chartered y el Banco de China. Los dos primeros son privados.

Dólares de HK emitidos por dos bancos diferentes.

Dólares de HK emitidos por dos bancos diferentes.

Esta situación totalmente desregulada, que en América Latina habría significado un festín de atraco y especulación, en HK se ha traducido en una estabilidad sin paralelo en el mundo, que abrió uno de los grandes mercados financieros, influyente y privilegiado como pocos.

Entonces, ¿por qué la gente se lanzó a protestar? La situación de HK frente a China es muy incómoda. De acuerdo al principio de “Un país, Dos sistemas”, esta región tiene una autonomía extrema de Pekín, salvo en dos puntos fundamentales: las relaciones internacionales y la defensa.

Por el hecho de vivir en un ambiente cosmopolita, el hongkonés promedio mira con espanto la censura, la violación sistemática de los derechos humanos y la corrupción que florece en el Mainland. Les espanta verse relacionados y, lo que es peor, representados por un país que ostenta tales prácticas.  Hay un hecho digno de considerar: la  Universidad de Hong Kong, de acuerdo a una encuesta de junio pasado, calcula que el 67% de la población se siente hongkonesa y no china. Aparte, los desvincula el idioma (en HK se habla cantonés, mientras que en China usan el mandarín) y el sistema de escritura.

Restaurante típico en Nathan Road (Kowloon).

Restaurante típico en Nathan Road (Kowloon).

Y la gota que rebalsó la fuente fue la radical posición del gobierno chino a la hora de impedir cualquier variedad dentro de los candidatos para elegir el jefe ejecutivo de HK. Los aspirantes a presentarse a las elecciones se designan, dedazo mediante, desde Pekín.

Esto golpea duro en el ánimo de la sociedad. Es que al hongkonés le aterra la mínima posibilidad de pasar por lo que pasan sus vecinos. Para ellos no es oculto, por ejemplo, Tianamen, la situación del Tibet o lo gris, triste e insalubre que resulta la vida en el Mainland fuera de los circuitos turísticos. Aparte, saben de la situación neurálgica de HK en Asia y el mundo. Al fin y al cabo, se trata de un puerto equidistante de los grandes mercados, a no más de tres horas en avión de Singapur, Seúl, Tokio, Kuala Lumpur. Y se sienten vulnerados.

Central. Esta es la zona que fue ocupada por los manifestantes.

Central. Esta es la zona que fue ocupada por los manifestantes.

Por eso, cientos de miles de habitantes olvidaron su profundo espíritu individualista y pacifista para unirse en colectivos puramente ciudadanos, sin intervención de gremios políticos. Lo que pasó en semanas pasadas, con la ocupación de Central, fue grave. Es lo más alto que pueden alzar la voz los hongkoneses. No pudieron estar más molestos. Lo que hicieron, a escala latinoamericana o africana, habría equivalido  a una guerra civil. Sin exageración.

¿Qué les queda? ¿Independencia? No hay forma. La lucha entre HK y China sería igual a la de un huilli huilli frente a un tiburón. No existe ejército y la resistencia civil sería insuficiente. Cuentan con el ejemplo de Taiwán, un país tan rico y desarrollado como HK,  de raíz y origen militarista, con unas fuerzas armadas más que respetables, pero que sabe que ante cualquier contienda con el Ejército chino (uno de los más grandes del mundo) sería aplastado sin mayor esfuerzo.

¿Entonces? Nada más que esperar, negociar y que China vaya aflojando. La visión de Deng Xia Ping, el promotor de “Un país, Dos sistemas” es que el Mainland  poco a poco se irá convirtiendo en un gran Hong Kong. Algo que habría pasado mucho antes, de no  haber existido Mao Tse Tung.

Su servidor y amigo (?) en el Paseo de las Estrellas (Kowloon).

Su servidor y amigo (?) en el Paseo de las Estrellas (Kowloon).

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#YoPorquePuedo Tour: Tarjetitas

El soundtrack oficial para leer este post

¿Se va a acabar la época del papel moneda? ¿Los billetes entrarán en desuso y todo será electrónico o, en el peor de los casos, plástico? No quiero entrar ese debate al que contribuirán, con sobra de conocimientos, economistas y profesionales afines. Lo que quiero es hablar de mi experiencia sobre el uso del dinero ‘virtual’.

Empezaré por Hong Kong, donde la tarjeta Octopus es reina madre. Este sencillo pedazo de plástico es tan útil como un paraguas en medio del aguacero, pues prácticamente sirve para todo.

El ocho es el símbolo chino de la buena suerte, de ahí su uso en el nombre de la tarjeta.

El ocho es el símbolo chino de la buena suerte, de ahí su uso en el nombre de la tarjeta.

Esta tarjeta nació, principalmente, para pagar el transporte público (metro, buses, trenes, ferrys), pero su uso fue tan práctico que ahora sirve, incluso, hasta para entrar a edificios, casas o clubes.

El procedimiento es sencillo. Vas a cualquier estación del MTR (el meto de Hong Kong), pagas 150 dólares hongkoneses, cerca de USD 20, y está listo. No hace falta mostrar identificación ni otra cosa. Pero claro, si pierdes la tarjeta, te fregaste porque no te reconocen el saldo que tenías.

De esos 150 dólares hongkoneses que pagas, 50 son por concepto de la tarjeta y 100 de recarga inicial. Con esos 100 dólares andas tranquilo y sin pesares unos dos días.

Toma en cuenta que el costo del pasaje en bus (un medio de transporte por demás útil, seguro, limpio y cómodo en esta ciudad) es de  USD 50 centavos y el tramway –al que dedicaré un capítulo especial- cuesta USD 30 centavos el viaje.

El metro es un poco más caro, te cobra de acuerdo a la distancia. Cuando entras a la estación, acercas tu tarjeta al molinete, piiiiiiiiiiiii, y listo, puedes entrar. A la salida tienes que hacer lo mismo y así te van descontando de tu saldo. La ventaja es que, si pagas con Octopus, hay un descuento en relación a si tienes que comprar el boleto.

Hablaba de lo útil que es la Octopus porque con ella puedes pagar hasta en los restaurantes de comida rápida, los Seven Eleven (minisuper) y hasta los taxis. Se puede programar la tarjeta también para que sirva de llave para entrar a edificios de departamentos. Un amor (?).

"Suica" en japonés quiere decir sandía.

“Suica” en japonés quiere decir sandía.

En Tokyo pasa algo parecido. La diferencia es que acá hay varias opciones de tarjetas, pero la más popular es la Suica.

La Suica es emitida por Japan Railways y cuesta 2 mil yenes (USD 20), de los cuales 500 son por concepto de la tarjeta y 1500 de saldo. Hay máquinas dispensadoras en inglés y japonés donde compras tu tarjeta y la recargas. En estas máquinas incluso puedes averiguar el detalle de uso de la tarjeta y te lo entregan impreso en una tarjetita.

En el caso de la capital japonesa, la Suica te sirve para pagar en el metro (cualquiera de las empresas que manejan el metro, sea Toei o Tokyo Metro), en el tren, los combinis (minisuper en japonés), máquinas dispensadoras, lockers para equipaje en las estaciones y demás. En cuanto al autobús, aparte de no ser un medio de transporte friendly para el turista, hay algunas líneas que no la aceptan.

Su funcionamiento es igual al de la Suica. La posas sobre el lector a la entrada y la salida. Recuerda que acá el pasaje en metro o tren se paga de acuerdo a la distancia recorrida.

Tiene incluso una modalidad para teléfonos móviles, que es un chip que se adapta y hace que pagues con el saldo que tienes disponible en tu plan celular.

No tienes idea la forma en que evitas colas si tienes esto.

No tienes idea la forma en que evitas colas si tienes esto.

En Ciudad de México, finalmente, hay la Tarjeta del Distrito Federal que te sirve exclusivamente para el metro y el metrobus. De hecho, en este último sistema de transporte solamente puedes pagar con ella, pues no aceptan dinero. Su funcionamiento es sencillo: en la misma ventanilla donde compras el boleto para el metro haces que te la recarguen y, para entrar al andén, la pasas por el lector.

En el metrobus lo haces el momento de entrar a la estación o, en el caso de las líneas que tienen parada sin puertas, pagas en el lector que está en la entrada del bus. Cuesta 10 pesos (como USD 80 centavos) y aparte lo que le cargues.

Modalidades prácticas y sencillas que tan fácil pueden hacerte la vida. ¿Cuándo algo de eso por acá?

#YoPorquePuedo Tour: La invasión de las empleadas filipinas en Hong Kong

En el 2010, había 284 mil 901 empleadas domésticas del sudeste asiático en Hong Kong. Representan no menos del 3% de la población y sus costumbres impactan en esta ciudad – estado. ¿De qué manera? Aquí trataré de explicar.

Se llama Josefina Peregrino y, contrario a lo que puede dar a entender su nombre, no habla español. Es filipina y tiene 24 años, 4 de los últimos viviendo en Hong Kong. En el puerto libre más grande del mundo, Josefina trabaja como empleada doméstica.

En el lobby del edificio del HSBC Banco es el epicentro de la reunión de las empleadas filipinas.

En el lobby del edificio del HSBC Banco es el epicentro de la reunión de las empleadas filipinas.

Su rutina no difiere de la del resto de sus compatriotas que trabajan en las casas de los ricos habitantes de la región. De lunes a sábado, desde el alba al ocaso, atienden a sus patrones, quienes las eligen entre varias agencias colocadoras o gracias a recomendaciones.

Así llegó Josefina a la casa de una familia cuyo nombre no me quiere revelar. No hace falta tampoco. Una tía que trabaja hace 20 años en Hong Kong la trajo y la ubicó en un departamento del privilegiado sector de Admiralty. Ahí, cuida que todo esté hecho un anís y que su sazón se imprima en cada plato del desayuno, almuerzo o cena.

Ella se siente afortunada de no tener que cuidar niños, por el momento. Es que su patrona está embarazada de tres meses y la preparación para tal acontecimiento está en curso.

Pero, mientras, disfruta sus domingos. El único día libre para las domésticas es gozado masivamente en las calles del centro de Hong Kong. Como no tienen residencia, tienden cartones en el piso y ocupan vías, parques, pasadizos, terrazas, subsuelos para sentarse a comer, beber, charlar. Pasar el rato lo más ameno posible, a fin de cuentas.

Algunas se dan cita desde el sábado en la noche, pero la invasión se hace pronunciada el domingo. Aparte del encuentro entre compatriotas y amigas, se juntan por afinidades tales como su región de origen y practican bailes típicos.

Ellas son oriundas de la región de Ilocos Norte y bailan música típica de su tierra.

Ellas son oriundas de la región de Ilocos Norte y bailan música típica de su tierra.

El punto básico de encuentro es el lobby del edificio del banco HSBC. El que en su momento fue el predio más moderno del mundo, alberga a estas mujeres y lo que podría ser un desierto se convierte en una fortaleza de cartón. Hay platos en el piso, servidos con adobo de cerdo y pollo, longannissa, menudo y pandesal, todas delicias típicas del archipiélago asiático que fue colonizado por España.

Ellas lucen sus mejores galas y presumen de la tecnología que en Hong Kong está al alcance de todos. Tabletas (la mayoría son Galaxy), teléfonos (Galaxy también) sirven para comunicarse con la familia en casa. Claro que la mejor forma de hacerse presente es con las remesas. Los locales de Western Union, Travelex y demás empresas del rubro tienen filas interminables que transforman los dólares hongkoneses en pesos filipinos y que en el lar natal ayudarán al sustento de padre, madre, hijos, esposos…

A la hora del almuerzo, la comida se reparten entre todas.

A la hora del almuerzo, la comida se reparten entre todas.

Josefina, 1,70 de estatura, cuerpo macizo sin un gramo de grasa, ojos rasgados y piel tostada, se ríe cuando le pregunto cuánto gana. Al final, se hace la loca y no me lo dice. Tuve que acudir a otras fuentes para enterarme que el sueldo promedio de las asistentes domésticas es de USD 1200 al mes. Según me dijo un empleado del Western Union del edificio Central Park (mole dedicada en sus pisos inferiores a esta clase de negocios), cada una manda entre 150 y 200 USD cada semana a Filipinas.

Al pie del edificio y del parque Statue Square están los negocios que aprovechan la invasión. Ropa, zapatos, chips de teléfono que ofrecen minutos gratis a cualquier ciudad filipina, periódicos gratis y demás son ofrecidos, al  parecer con suerte para los comerciantes.

Uno de tantos periódicos gratuitos dirigidos a las migrantes filipinas.

Uno de tantos periódicos gratuitos dirigidos a las migrantes filipinas.

Son las 20:00 y recién se empiezan a levantar. Dejan todo tal como encontraron. Más limpio, incluso. Solamente así se entiende que uno de los bancos más grandes del mundo les permita usar sus instalaciones. En grupo, se van en metro, tranvía, ferry a sus hogares. Para Josefina, ya es hora de pensar en el desayuno del lunes y en el planchado de las camisas de su patrón.