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Mi Código (O)deontológico

Saludos. Salto a la cancha profesional aplicando estos principios que la vida, no una universidad carera y aburrida, me enseñó. Están advertidos.

1. La fama es cuento. El que más la busca, más lejos la tiene. Los famosos de verdad (pocos) que conozco en este camello son tipos que, irremediablemente, siguieron una línea de autenticidad y talento, sin ponerse como meta firmar autógrafos o que les saluden en el supermercado . Acá, más que nunca, se aplica el refrán “el que muestra el hambre, no come”.

2. Evitar las “primicias”. Si le aceptas “una exclusiva” a alguien (empresario, dirigente, técnico, jugador) estás entregado a pagarle con tu integridad. Mis profundas investigaciones personales establecen que el 98% de las “exclusivas” son producto del amiguismo. No te luces como periodista, sino como recadero. Primicias, sin comillas, no son esos datitos sueltos, noticias de poca monta. Primicia es ayudar a pensar desde un comentario, una opinión.

3. Mantener distancia. Veo con recelo a los coleguitas que no se pierden un cóctel, una invitación de la empresa de moda. Descreo de las cofradías, agremiaciones, más por razones de moral personal que por otra cosa. Si tienes que reunirte con un jugador dirigente, técnico, lo haces a la luz del sol y, si es posible, con testigos y pagando la cuenta del café.

4. Estar para todas. Es chévere que te citen, que te pidan una opinión. Diría que es hasta orgásmico y reivindicador. Pero el rato que la cagues, tampoco andes pidiendo indulgencia ni justificándote. Mucho menos escondiéndote. Acepta cualquier crítica, por ruda o despiadada que parezca.

5. No mezclar periodismo con RR.PP. Los periodistas que blanden sus cuentas de publicidad como principal razón para que los contraten no son periodistas. Son, en el mejor de los casos, relacionistas públicos. Y ya ha quedado demostrado que las RR.PP. son una mutación anormal del periodismo. Proyecta tu capacidad, tus valores personales y profesionales.

6. Desmarcarte de “el poder”. El rato que te crees un “líder de opinión”, si piensas que tus 23934949 seguidores validan cualquier cosa que digas, la cagaste. Si existen los “referentes”, los “maestros”, uno ha de esperar que sea el resto quien nos endilgue semejante insulto. Periodista que se respeta, duda cuando lo nominan en esos concursitos hechos hacen para ganar clicks y guardar datos personales de los “votantes”. Periodista que se respeta, no cree cuando gana esas encuestas.

7. Somos fichas y fusibles. De la misma forma en que nos contratan,nos botan. No hay que apostarlo todo por la amistad con el dueño, director o gerente. En el fondo, hay que tener claro que somos simples obreros y que, cuando no sirvamos o les caigamos mal, nos pondrán de un patazo en la calle. Y, si eso pasa, hay que asumirlo con grandeza.

8. Jamás reclames reconocimiento. Si algo dentro tuyo te obliga a reclamar crédito o figuración por un trabajo, posiblemente no lo hiciste bien. Las cosas con calidad se venden solas, llevan tu sello implícito.

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Cuadernos de la Copa América (I). Entre “corruptos” e “idiotas”

¿Qué hay detrás de la defensa a ultranza y del blindaje al DT de la Selección. Sin duda, la participación en juegos de poder (aunque sean mínimos) capitaliza el trabajo de un buen sector de la prensa. 

Quinteros, parece, olvida que ya no conduce a Emelec, sino a la Selección.

Quinteros, parece, olvida que ya no conduce a Emelec, sino a la Selección. (foto de EL COMERCIO).

Gustavo Quinteros ha dicho que “hay empresarios del fútbol que tienen contactos con el periodismo corrupto y que inventan”. También invitó a “no dar espacio a los idiotas”, en referencia a quienes hablaban de su inminente salida de la Selección.

Complicada labor la de este técnico, que le ha dedicado más tiempo a las supuestas conspiraciones mediáticas que existen en su contra, antes que a la autocrítica. Una maniobra que puede entenderse, planteadas como están las cosas.

Quinteros, por sus múltiples ocupaciones, jamás dirá quienes son parte del “periodismo corrupto”. Comete el error de generalizar. Lamentablemente, esta actitud no sorprende. Es parte del Ecuador de hoy, donde pensar opuesto y expresarlo es razón suficiente para ser objeto de descalificación. Es el país de las confrontaciones, de la grieta entre quienes dicen “blanco” y quienes dicen “negro”. A toda escala.

Hace mal el técnico. Olvida que ya no dirige a Emelec, Blooming. Actúa igual que cuando acusó a Roddy Zambrano de las derrotas de su equipo. A escala local, aunque impropias, estas salidas de tono son entendibles. Pero dirigir a una Selección es otra cosa, hay una representatividad que no puede ser obviada.

Esta postura desafiante, estridente del DT tiene antecedentes en el Bolillo Gómez. El colombiano, sobre todo después de la clasificación al Mundial 2002, mandaba a volar a quien osaba cuestionar su omnipotencia. Desde Carlos Villacís hasta Rodrigo Paz pasaron por su lengua.

El Bolillo, un ejemplo de impunidad que está a punto de ser igualado.

El Bolillo, un ejemplo de impunidad que está a punto de ser igualado. (Foto El Comercio).

Pero era el Bolillo. Un técnico, se quiera o no, trascendente para la historia del fútbol ecuatoriano. En cambio, Quinteros todavía tiene mucho que hacer si quiere llegar a ese sitial. Honestamente, no creo que llegue.

Pero, igual que el Bolillo, Quinteros también tiene sus corifeos. Un grupo periodístico que se ha abanderado con el “proceso” y cuyo esfuerzo diario se divide entre destruir todo lo que signifique el pasado reciente (Rueda, Vizuete) y aplaudir con arrobo de fan enamorada cualquier cosa que diga el nuevo DT.

No me cabe en la cabeza la posibilidad de que Reinaldo Rueda se refiera al “periodismo corrupto”. El colombiano, objeto de una cacería feroz que solamente bajó banderas con la clasificación al Mundial, tenía el gran mérito de dar la cara, aún en los momentos complicados (la eliminación de la Copa América 2011) y deslizaba inconformidad por la falta de reconocimiento a su trabajo solamente off the record. Nunca se dio el lujo de ahondar en diferencias, se manejo con admirable dignidad.

Pero hoy, cuando ya no está y no puede defenderse. Rueda ha pasado a formar parte de aquello que hay que olvidar y dejar atrás. Y quien, según un sector del periodismo, hará llover maná del cielo y es portador de la piedra filosofal es Quinteros.

Rueda, el culpable de todo lo malo. Claro, se lo dicen cuando se fue y no puede argumentar. (Foto El Comercio).

Rueda, el culpable de todo lo malo. Claro, se lo dicen cuando se fue y no puede argumentar. (Foto El Comercio).

¿Qué hay detrás de este abanderamiento con el hoy DT? Por currículo, Quinteros no tiene mayor cosa que ofrecer. Digamos, para no entrar en detalle, que aún dentro del medio local hay técnicos con mayor experiencia, conocimiento del fútbol ecuatoriano en sus múltiples dimensiones. Y si ponemos, face to face, el CV del argentino con el de Rueda, el del anterior técnico resulta superior.

Detrás de la defensa al “proceso” (de explicar esta palabra me encargaré en una futura entrega) hay más esperanzas que realidades. Esto, en el caso de quienes creen que su estilo futbolístico se trasplantará del Capwell a Monteolivo en forma exitosa. Pero noto que hay un sector que está con Quinteros porque estar con él significa acceder al poder.

Pasó lo mismo con el Bolillo. Aún en los momentos más impresentables del colombiano, nunca le faltó un periodista que saque la cara por él. Que hasta justifique lo injustificable. Hoy, lamentablemente, pasa lo mismo, pero con el agravante ya expuesto de que (todavía) Quinteros no es nadie en la historia de la Selección.

El acceso al poder, hoy, consiste en tener la notita, el número del celular del profe, almorzar con su cuerpo técnico, tener “la primicia” del uñero que X jugador sufrió en la última práctica.  Hay periodistas felices de que el DT escuche o lea la defensa que de él hacen, aún cuando haya mucho por observar. Por eso, no había que sorprenderse el aplauso masivo que de este sector recibió Quinteros cuando descalificó a quienes, supuestamente, lo quieren ver fuera de la Selección.

Pero, la historia ha visto, que estos personajes son los primeros en saltar del barco cuando empieza a hacer agua. Se distancian y buscan un personaje a cuya sombra vivir, hasta que venga otro. Así, sucesivamente.

Por eso, cuando Quinteros comience a flaquear (no puedo predecir el momento en que suceda, ojalá sea lo más después posible del 2018), no faltarán quienes abjuren de este presente. Si a Chiriboga, quien les hizo conocer el mundo y al cual sirvieron incondicionalmente ahora le dicen horrores, todo se puede esperar.

Mañana. Cuadernos de la Copa América (II). ¿Cuál proceso? 

La argentinización del fútbol ecuatoriano o cómo estar en el sistema

¿Por qué tiene éxito el discurso de Fox? Se aprovecha de la falta de memoria o, en el mejor de los casos, de la vagancia de todos los sectores del fútbol ecuatoriano por tener una identidad fuera de la cancha

¿Este escándalo es digno de ser llamado "El Clásico de Sudamérica? (Foto: diario As de Madrid).

¿Este escándalo es digno de ser llamado “El Clásico de Sudamérica? (Foto: diario As de Madrid)

Dentro de la cancha, estoy convencido que el fútbol ecuatoriano goza de una identidad. Basta con preguntar afuera, a aquellos que no tienen interés determinado. Ellos sabrán decir que, efectivamente, nuestros equipos más representativos y la Selección se caracterizan por un despliegue físico respetable, la velocidad de sus elementos por las bandas y el uso, habitualmente, eficiente que se hace del valor agregado que significa jugar en la altitud de Quito.

Eso es en la cancha. Afuera, decididamente, no ostentamos ningún rasgo que nos distinga. 

Y, a falta de disfrutar de una identidad institucional, periodística, social, nos hemos visto forzados a adaptar otras, totalmente ajenas a nuestra idiosincrasia. ¿Por qué ha sucedido esto? Nada menos que por el poder y penetración de los medios “transnacionales”.

No hay otra opción para ver la  Libertadores y la Sudamericana que Fox Sports. Hace un par de años, también era la única opción para seguir la Champions League. Fox es producida por Torneos y Competencias (TyC), una empresa que hace 30 años y más empezó como una modesta realizadora de TV y que, con el paso del tiempo, se convirtió en uno de los amos del fútbol sudamericano. A toda escala.

TyC es argentina. Eso no se pudo obviar nunca. Por eso, han hecho lo obvio: imprimir el sello característico del fútbol y el periodismo de este país como una suerte de fórmula que se divulga 24 horas al día, “de Canadá a Tierra del Fuego” como ellos ostentan

Lo que hasta finales de la década de 1990 hizo la revista El Gráfico (con menos espectacularidad, por su condición de medio escrito) ahora lo hace Fox, aprovechando su alcance. Su línea editorial es clara: la sublimación del fútbol argentino como el santo grial de América. Los jugadores de ese país, los técnicos,  son los mejores. El resto de países, o está en capacidad de contar con su sapiencia y capacidad, o aténgase a las consecuencias de fracasar y perder.

Caso aparte es la actitud editorial frente al gran rival de Argentina en el continente. En el 2013, el discurso en la final de la Libertadores fue abyecto, inmoral y vergonzoso. No jugaban argentinos, estaban Olimpia (Paraguay) y Atlético Mineiro (Brasil) y el embanderamiento a favor de los guaraníes cayó en las prácticas más cuestionables de la actividad. No ahondo en detalles, ustedes mismos vean y recuerden.

Y buena parte del posicionamiento de Fox y de su discurso argentinizante ha tenido que ver con menospreciar al fútbol brasileño. Para darnos cuenta de esta actitud, solamente caigamos en cuenta cuál fue el discurso cuando el azar obligó a que River y Boca. “El Clásico Sudamericano”.

Para decir que River – Boca (partido importante y llamativo, si los hay) es el Clásico de Sudamérica, tienes que pasarte por el fundillo la enorme historia del fútbol brasileño. Abjurar de Sao Paulo, Corinthians, Flamengo, Vasco, clubes tan o más grandes que sus pares argentinos, pasar por alto su gigante aporte a la actividad a escala mundial. Eso hace, sistemáticamente, Fox.

Y la lección no pudo ser más oportuna. El que fue vendido como “El Partido del Siglo”, “La Madre de todas las Batallas” y demás obscenidades terminó siendo, en su primer chico, un partido inmamable, horrendo y que se definió por un penal.

Ese sería solamente el punto de partida. Y lo que sucedió el jueves pasado, en el partido de vuelta, nos terminó por mostrar la cara más impresentable del fútbol argentino. Todas sus miserias, truculencias y ripios quedaron expuestas con el escándalo de La Bombonera. Fox se vio en medio de una situación embarazosa: su producto bandera, el “clásico de Sudamérica”, se desarrolló como un espectáculo cavernario y delictual.

¿Qué hacer? Defenderlo. El discurso fue claro desde el comienzo: no nombrar nunca a la dirigencia del equipo local, evitar las menciones a la Confederación Sudamericana de Fútbol y buscar, hasta el final, la aséptica solución de que el resto del partido se siga jugando uno, dos días después. Como si nada hubiera pasado.

Detrás de esto, existe, al menos en Ecuador, una gran audiencia que cree y asimila este modelo. Están futbolistas (varios copian hasta la forma de vestir de sus pares gauchos), hinchas (que creen que escándalos como el del jueves son un ejemplo digno de copiar) y periodistas (que asimilan frases, dichos y mueren por fotografiarse con Niembro, Closs y demás).

Así, la argentinización del fútbol ecuatoriano va a todo vapor. Estar dentro de ella es ser parte del sistema. Se ostenta haber pasado por la escuela de Niembro y Araujo (centro educativo que, por otra parte, cerró en medio de cuestionamientos a su calidad académica) como si eso significara un valor agregado equiparable a otros más importantes, como el crecimiento profesional en base a méritos y cultura. Ser parte de este sistema implica copiar formatos, puestas en escena. Es decir, alienar con versiones criollas (muchas de ellas no muy bien logradas) de lo que Fox hace a su escala.

Lo de las barras es un tema más profundo y grave. A su alcance está la estética, el despliegue de sus pares argentinos. Los ven, semana a semana, y los imitan. No podría hablar de que copian lo bueno porque, simplemente, las barras bravas no tienen nada de positivo. Son grupos delictuales, que viven en absoluta complicidad con poderes de todo tipo. Sin embargo, acá son epítome de “pasión, aguante”. Y por eso tienen llegada.

¿Qué hacer? Ser más genuinos. Creo que detrás nuestro (hinchas, periodistas, dirigentes) existe una cultura futbolística propia, con la que nacimos y nos desenvolvemos. Debemos asumirla con decoro y proyectarla. Está el caso de Chile, donde el discurso de Niembro y compañía cayó en un pozo insalvable de rechazo y la cadena no tuvo otra opción que vincular periodistas locales. Eso, siendo objetivos, no podría pasar acá, pues no somos un mercado del tamaño del araucano. Pero, de alguna forma, habrá que empezar a tomar con pinzas y desinfectante todo lo que viene de este vehículo alienante, que ha colonizado el fútbol ecuatoriano.

Para decir adiós…

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Esta fue la primera nota que escribí en Últimas Noticias. Fue en julio del 2002. Cuando llegué allá, nunca pensé en quedarme 13 años más.

13 años. Se dice fácil, pero no se viven igual. Ahora que dejo El Comercio, tras haber pasado toda esa etapa que empieza con los sueños postadolescentes y termina con la crudeza del panorama vital ya planteado casi por el resto de tu existir, me doy cuenta de una sola cosa.

Fui feliz.

Feliz. En todo ámbito. No digo, de modo alguno, que El Comercio haya sido una suerte de aldea de los Teletubbies donde todos somos feliz hasta el almíbar. No. Es una empresa grande, con mucho en juego, con todo lo bueno y malo que ello entraña.

Y lo bueno siempre fue más. Todos los problemas, inconvenientes, desacuerdos  no son nada junto al aprendizaje, los momentos de alegría  por aquellos triunfos y la dicha de haber conocido personas que han sumado en mi vida. Algunas de las cuales me definieron. Sin exagerar.

No quiero nombrar a nadie. Tampoco quiero recordar nada en concreto porque, pese al esfuerzo que hago, no soy de piedra y la nostalgia me termina embargando hasta provocarme un derrumbe interno. El mismo derrumbe que he sentido en estos días de despedida, donde el afecto y respeto espontáneo de la gente (de varios que no esperaba, incluso) se ha hecho presente de una forma que me deja titubeante. Como casi nunca.

Tengo el orgullo de ser de los  últimos que entramos a esta profesión casi como aquellos muchachos que eran confiados por sus padres al mecánico, radiotécnico o carpintero del barrio para que aprenda un oficio. Llegué en circunstancias parecidas y, ahora que recuerdo, nunca tuve una meta. Me dejé llevar y no me arrepiento.

Y los designios de Dios y el destino son tan perfectos que me pusieron en el lugar para cumplir mis sueños. Sueños que se voliveron palpables gracias a mi trabajo y a una empresa cuyos valores terminé intentando adaptar en mi vida. No me ha ido mal.

Por último, creo que algo de autoridad tengo para hacer una recomendación a quienes quieren ingresar a este oficio. Replieguen aquel deseo tan humano de fama, reconocimiento y notoriedad. Déjenlo atrás del deseo de aprender, de la curiosidad, de la humildad para reconocerse ignorantes. Diez segundos en televisión nunca valdrán más que años y años de ejercer la palabra escrita, expresión de toda la mecánica del pensamiento.

Los grandes periodistas no se hicieron en medio de los reflectores, los ternos finos. Lo hicieron recurriendo a los libros, al deseo de saber y el respeto enorme que te infunde una página en blanco y un jefe exigente y sabio.

Adiós a El Comercio, Últimas Noticias. Thanks for the memories. Gracias a todo y a todos.

Telón lento para Franklin Salas

¿Qué puede aportar Salitas a Deportivo Quito? ¿Qué puede estar detrás de su contratación, más allá de lo futbolístico? Un intento de análisis de una situación que puede tener connotaciones tristes.

Salas, el día de su presentación en Deportivo Quito. (Foto de El Comercio)

Salas, el día de su presentación en Deportivo Quito. (Foto de El Comercio)

¿Qué puesto le dará la historia del fútbol nacional a Franklin Salas? No jugó en la élite internacional, jamás fue el timón o el guía de un equipo épico (en la  Liga 2008-2009 era apenas un suplente de lujo) y su nombre no está en los puestos privilegiados de las estadísticas.

Su lugar es otro. Salas fue el último futbolista cuya sola presencia convocaba y levantaba a las tribunas. Con una jugada era capaz de saldar el precio de la entrada y las ovaciones que recibía no eran exclusivas de los hinchas de Liga. Salas fue un ídolo, acaso el último del fútbol ecuatoriano. Y eso que, profesional y deportivamente, vinieron jugadores superiores.

Si queremos entrar en el terreno de las comparaciones, Salitas fue al fútbol ecuatoriano lo que Óscar Bonavena al box argentino: un elemento popular, sin vitrinas colmadas de trofeos –Ringo nunca fue campeón mundial- y cuyas tribulaciones fuera del campo deportivo eran un espejo donde se podía reflejar el hombre común, el que como ellos viene de abajo y busca todos los días ser alguien mejor.

Puedo concluir, en este rubro, que Salas estará en un escalón similar al de Polo Carrera o Jorge Bolaños, con la diferencia de que ellos fueron claves y decisivos para ganar títulos. Sin embargo, el carisma del aún activo volante ofensivo supera al de los nombrados.

Carisma. Ese es el punto. Si algo mantiene en el campo de juego a Salas es eso. Despojémonos de la magnética figura del jugador y analicemos con frialdad su carrera posterior a la Copa Sudamericana del 2009. En el 2010, con el regreso de Edgardo Bauza a Liga y la salida de su padrino Jorge Fosatti, el Mago entró en una debacle de la que jamás pudo levantar.

Su paso a Imbabura (2011) fue el inicio de un tobogán que, como intentaré explicar luego, aún no termina. Jugó en Argentina, en un equipo del interior (Godoy Cruz), lejos de River, la institución que en su mejor momento lo quiso y a la que no llegó por aquel lastre que le impidió posicionarse en un nivel superior: las lesiones.

En Liga de Loja su expresión futbolística apareció restablecida, pero una cosa es tener 25 años y otra 32. Y si hay una carga de problemas físicos, ni se diga. Hago memoria, voy a archivos y llego a la penosa conclusión que Salitas es el futbolista más lesionado de la historia. Y esta ‘condecoración’ no es menor.

Dos años en Olmedo, uno en la Serie A y otro en la B, definieron que Salas está cerca del retiro. De remate, hace un año, el Mago sufrió una lesión que lo tuvo  media temporada afuera.

Pero, seguramente, este detalle está fuera del alcance de quienes arrancaron una campaña mediática desproporcionada, a fines del año pasado, con el fin de ubicar a Franklin Salas en Deportivo Quito. Tampoco seguramente saben que no pasó de ser suplente en Olmedo, de uno de los dos equipos que descendió en la temporada pasada.

¿Cuál era la intención de propagandearlo mañana, tarde y noche? A la luz pública, el interés de ciertos ¿periodistas? partidarios y operadores de prensa se circunscribía a molestar a Liga de Quito. Un capítulo más de la desestructurada y ya hartante necesidad que quienes están cerca del Quito tienen de rivalizar con Liga. Salas pasó a ser una suerte de trofeo de guerra. 10 años después de su cénit, pero trofeo de guerra al fin.

El tiro les salió por la culata. En Liga, cundió la indiferencia ese viernes que Salas se puso la azulgrana. La primera batalla estaba perdida. Y por goleada.

¿Qué hacer, entonces, con Salas? Promocionarlo como la “gran” contratación, la que hará diferencia, la que llenará estadios y ganará partidos. No queda otra, por más que las evidencias deportivas sean adversas.

El tema me empezó a preocupar el viernes, luego de ver el dramático esfuerzo de Salas por ser el que fue, pero sin tener los recursos de su buena era. Su sudor, la entrega y la voluntad se van de bruces frente a la realidad. Esa realidad cruda que, por ejemplo, pintaron Luis Zubeldía y Esteban Paz a inicios de año: Salitas ya no está ni para entrenar.

Tras la derrota frente al Cuenca, no faltaron hinchas y ¿periodistas? de Deportivo Quito preguntando “¿Por qué no juega Salas?”. Cuando ellos lo que deberían preguntarse es por qué Salas sigue jugando.

En el mismo equipo que dejó ir por la puerta de atrás a Christian Lara y Walter Calderón, pese a sus valientes esfuerzos para evitar el merecido descenso del año pasado, detecto que las esperanzas en hacer “una gran campaña, pelear el campeonato o la clasificación a la Copa” dependen de lo que pueda hacer un futbolista que está más cerca del adiós que de la práctica activa. Dramático.

Quienes revolotean por Carcelén quieren ocultar un detalle innegable: Salas fue un crack. Ya no lo es. Pero esto no es lo peor. Conociendo los alcances y modus operandi de ciertos personajes, considero muy seriamente la opción de que estén utilizando al futbolista para tapar a la afición hechos más graves.

El Quito es una institución colapsada e inviable. Ha hecho, como dije, méritos para descender y también para desaparecer del mapa. Sus graves problemas internos solamente pueden pasar por alto en un país donde el ente que regula el fútbol considera que barrer la basura bajo la alfombra es “defender” la actividad.

Si alguien llevó a Salas al Quito, convencido de que podría hacer la diferencia futbolista es un ignorante absoluto de la actividad, pero también un mentiroso o un perverso. Cargarle de responsabilidades a alguien que tiene el 25% de su capacidad física y deportiva entra en cualquiera de esas categorías.

Dentro de todo este circo, no falta una luz. Tabaré Silva, el DT del Quito, no tiene dudas en reconocer que Salas no está para ser titular (lo dijo el viernes). El tema está en que no lo entienden. Y el paso de la temporada, contrario a lo que puede pasar con un futbolista con menos años o menos lastimado por las lesiones, confinará cada vez más al Chicharra a la banca.

No hay salida. Salas no volverá a ser el del 2010. Ni se diga el del 2004. Por eso, si el Quito confirma su candidatura al descenso y termina yéndose a la Serie B, no será difícil que los mismos genios que lo pintan como la ‘salvación’ lo señalen como el responsable de un hecho que se generó mucho antes de que Salas llegue al Quito.

Este no es el final que su carrera merece. Habría preferido verlo en Liga, jugando los 5 minutos finales de un partido ante River o Mushuc Runa, saliendo aplaudido. Salas no merece cargar con un muerto cuyos signos vitales se irán extinguiendo a lo largo del año.

¿Qué mismo pasa en Hong Kong?

Como algo algo conozco ese rincón del Asia, intentaré explicar de la manera más descontraída, sencilla y simple posible la razón de las protestas. De paso, aderezo con  unas fotos de mi cosecha personal.

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A inicios de agosto, con el fondo de las playas de Río de Janeiro, a mi papá se le ocurrió preguntarme en qué país, de todos los que conozco, me gustaría vivir.

Era la primera vez que me ponía a pensar en eso, pero la respuesta fue casi inmediata y sin dudas: Hong Kong.

¿Por qué? Con la mitad del territorio del Quito Metropolitano y 8 millones de habitantes, el viejo “Puerto Fragante” (ese es el significado de Hong Kong en cantonés) es un sitio cosmopolita, universal, moderno y libre como pocos en el mundo.

Para explicarles qué es Hong Kong, voy a ser simple. En cuanto a ambiente, les cuento que es una mezcla entre Guayaquil y Nueva York. Rascacielos en medio de un cálido ambiente tropical. Computadora y guayabera dándose la mano. Rolls Royce junto a carretillas donde venden fruta.

Mercado de pescado en Hung Hom.

Mercado de pescado en Hung Hom.

Esto es, precisamente, lo que hace la diferencia entre Hong Kong y, por ejemplo, Japón. Todo es parecido, salvo que los nipones son más fríos y estructurados, formales hasta un punto incómodo.

El hongkonés es profundamente cívico y respetuoso. Aparte, en su tierra se respira un ambiente de  tranquilidad único. No recuerdo haber visto jamás un policía. En los innúmeros bancos que hay en la ciudad, nunca me topé con un guardia y los riesgos de sufrir un asalto o pasar un mal rato son ínfimos. El board de turismo de esta ciudad – estado presume que el último atraco bancario tuvo lugar en 1982.

Creo que es mi idea, pero esta zona de Kowloon (Nathan Road, esq. Salisbury) tiene un aire a Malecón con 9 de Octubre, en Guayaquil.

Creo que es mi idea, pero esta zona de Kowloon (Nathan Road, esq. Salisbury) tiene un aire a Malecón con 9 de Octubre, en Guayaquil.

¿De dónde viene todo esto? Lo atribuyo a una mezcla de factores. Primero, la tradición oriental, cuyas costumbres se pueden resumir en la búsqueda de la armonía entre el hombre y su entorno. Luego, está el peso del coloniaje británico. Hasta 1997, Hong Kong fue una dependencia de la Corona del Reino Unido, cuyas instituciones (judiciales, políticas, sociales, económicas) fueron perfectamente transplantadas a este rincón asiático y funcionan, aún pese a la enorme sombra que significa China.

Rascacielos en Queens Road (Central).

Rascacielos en Queens Road (Central).

Creo que pocos datos verifican mejor la singularidad de Hong Kong que su sistema monetario. Ante la inexistencia de un banco central o de reserva, la moneda (el dólar) es emitida por los tres principales bancos que operan en la localidad: el HSBC, el Standard Chartered y el Banco de China. Los dos primeros son privados.

Dólares de HK emitidos por dos bancos diferentes.

Dólares de HK emitidos por dos bancos diferentes.

Esta situación totalmente desregulada, que en América Latina habría significado un festín de atraco y especulación, en HK se ha traducido en una estabilidad sin paralelo en el mundo, que abrió uno de los grandes mercados financieros, influyente y privilegiado como pocos.

Entonces, ¿por qué la gente se lanzó a protestar? La situación de HK frente a China es muy incómoda. De acuerdo al principio de “Un país, Dos sistemas”, esta región tiene una autonomía extrema de Pekín, salvo en dos puntos fundamentales: las relaciones internacionales y la defensa.

Por el hecho de vivir en un ambiente cosmopolita, el hongkonés promedio mira con espanto la censura, la violación sistemática de los derechos humanos y la corrupción que florece en el Mainland. Les espanta verse relacionados y, lo que es peor, representados por un país que ostenta tales prácticas.  Hay un hecho digno de considerar: la  Universidad de Hong Kong, de acuerdo a una encuesta de junio pasado, calcula que el 67% de la población se siente hongkonesa y no china. Aparte, los desvincula el idioma (en HK se habla cantonés, mientras que en China usan el mandarín) y el sistema de escritura.

Restaurante típico en Nathan Road (Kowloon).

Restaurante típico en Nathan Road (Kowloon).

Y la gota que rebalsó la fuente fue la radical posición del gobierno chino a la hora de impedir cualquier variedad dentro de los candidatos para elegir el jefe ejecutivo de HK. Los aspirantes a presentarse a las elecciones se designan, dedazo mediante, desde Pekín.

Esto golpea duro en el ánimo de la sociedad. Es que al hongkonés le aterra la mínima posibilidad de pasar por lo que pasan sus vecinos. Para ellos no es oculto, por ejemplo, Tianamen, la situación del Tibet o lo gris, triste e insalubre que resulta la vida en el Mainland fuera de los circuitos turísticos. Aparte, saben de la situación neurálgica de HK en Asia y el mundo. Al fin y al cabo, se trata de un puerto equidistante de los grandes mercados, a no más de tres horas en avión de Singapur, Seúl, Tokio, Kuala Lumpur. Y se sienten vulnerados.

Central. Esta es la zona que fue ocupada por los manifestantes.

Central. Esta es la zona que fue ocupada por los manifestantes.

Por eso, cientos de miles de habitantes olvidaron su profundo espíritu individualista y pacifista para unirse en colectivos puramente ciudadanos, sin intervención de gremios políticos. Lo que pasó en semanas pasadas, con la ocupación de Central, fue grave. Es lo más alto que pueden alzar la voz los hongkoneses. No pudieron estar más molestos. Lo que hicieron, a escala latinoamericana o africana, habría equivalido  a una guerra civil. Sin exageración.

¿Qué les queda? ¿Independencia? No hay forma. La lucha entre HK y China sería igual a la de un huilli huilli frente a un tiburón. No existe ejército y la resistencia civil sería insuficiente. Cuentan con el ejemplo de Taiwán, un país tan rico y desarrollado como HK,  de raíz y origen militarista, con unas fuerzas armadas más que respetables, pero que sabe que ante cualquier contienda con el Ejército chino (uno de los más grandes del mundo) sería aplastado sin mayor esfuerzo.

¿Entonces? Nada más que esperar, negociar y que China vaya aflojando. La visión de Deng Xia Ping, el promotor de “Un país, Dos sistemas” es que el Mainland  poco a poco se irá convirtiendo en un gran Hong Kong. Algo que habría pasado mucho antes, de no  haber existido Mao Tse Tung.

Su servidor y amigo (?) en el Paseo de las Estrellas (Kowloon).

Su servidor y amigo (?) en el Paseo de las Estrellas (Kowloon).

¿A quién le interesa el circo de la Selección?

Valencia y Montero, ejes de una tormenta exagerada e innecesaria.

Valencia y Montero, ejes de una tormenta exagerada e innecesaria.

Estuve  una semana fuera del país y me creo, por lo pronto, lo suficientemente descontaminado para tener una opinión final de esta vaina de los premios,la indisciplina y demás asuntos de la Selección.

Un día antes de irme, me invitaron al noticiero A Primera Hora de radio Majestad,para  opinar del asunto. Lo hice basándome en la reflexión que hasta entonces tenía. Si quieren, me pueden escuchar acá.

Ojo. No me desdigo de nada de lo que ahí afirmé. Pero tengo más elementos para redondear mi criterio.

Sigo creyendo que lo que ganes tú, yo o cualquiera es un tema particular, casi íntimo. Sobre todo sí respondemos a entidades privadas, como en este caso es la Federación Ecuatoriana de Fútbol.

Al exponer al aire, alegremente, cuánto gana alguien que no pertenece a una entidad pública, se incurre en una falta de delicadeza extrema. No es un tema de “interés general”. No tiene nada que ver con el desarrollo del fútbol local. Es morbo del más corriente.

Si, por ejemplo, Antonio Valencia ganó 120 mil dólares por clasificar al Mundial, no me queda más que decirle ¡buen provecho! Es su problema y el de su familia. Mientras pague sus impuestos y sus ingresos sean lícitos, nada tengo que hacer ahí.

El recurso más fácil ha sido relacionar el mal rendimiento de Ecuador en el Mundial con este tema de la plata y “la interna” (cerdoso término repetido ad náuseam por los coleguitas). Este vínculo es groseramente simplista. Se hace creer que “sin problemas a la interna” y con un arreglo económico diferente por los premios, se podía cumplir con aquel aventurero pronóstico  de clasificar “por lo menos” a octavos de final.

Tal concepto es tan pobre como el del Ingeniero Chiriboga, quien incapaz de hacer autocrítica, culpa a “los 15 segundos de Arroyo” de toda la borrasca que vive su administración.

El punto es que, hermanados los jugadores cual Teletubbies y sin problemas de dinero, la Tri igual iba a quedar afuera del Mundial en primera fase. No jodan más. No hubo (ni hay) técnica, calidad colectiva suficiente como para superar a Suiza y Francia. Eso es todo. Y por ahí habría que analizar, construir.

Creer -o hacer creer- lo contrario es defender el funesto postulado bolillista del “grupo de amigos al que unido no le gana nadie”. Tal falacia sustentó al fútbol ecuatoriano durante una década y desplazó criterios técnicos y deportivos. Los resultados, a la vista.

Su 'legado' sigue vigente. Lamentablemente.

Su ‘legado’ sigue vigente. Lamentablemente.

Si hay trincas o no, algo que no puedo asegurar ni a favor ni en contra, poco le hace al resultado final. Lo que influye es la calidad, el trabajo, los procesos, la organización. El resto, es relativo y accesorio.

Morbo. Vuelvo a la palabra citada en el tercer párrafo. Estos temas de platas, trincas y demás atraen a la gente. Y la prensa lo sabe. No hay mejor forma de ganar fama que meter la cuchara en ellos, sentirse parte, “investigar” y hasta ofrecerse para ser utilizado y llevar carne podrida de terceros. De ahí la aparición de “denuncias” (de alguna forma habrá que llamarlas),”exclusivas” y demás pretenciosas coartadas para lucirse ante el público con información, supuestamente, “privilegiada”.

¿Qué habrá que decir ante esto? Nada. Salvo felicitar a los portadores de tal material por su enorme capacidad para distraer a la afición de los temas realmente importantes. A veces, creo que se lanzan “exclusivas” coordinadamente, con el afán de que la FEF y la dirigencia pasen de agache en los cuestionamientos pesados. Honestamente, no me sorprendería.

Uno puede darse cuenta lo mal que va el fútbol ecuatoriano al ver que el cuento este de los premios ha tenido más espacio que el informe de Reinaldo Rueda, el cual, dicho sea de paso, al no contener ni morbo ni circo, fue casi desechado por los medios. Importa lo patético, el cuento, la pendejada, el correveidile, el chisme. ¿El fútbol, sus verdades, proyectos? Que esperen. Así somos, pues.

PD: Me animé a escribir este post data, luego de la revisión final del texto. Y lo hago porque no terminé de encontrar relación entre la calidad moral de algunos “fiscales” y su pasado. Sería bueno saber por qué no fueron tan “acusiosos” investigadores en el caso Luna, el emblema de las irregularidades del fútbol ecuatoriano. Bueno fuera saber, por ejemplo, si alguna vez no estuvieron invitados a algún partido de la Tri fuera del país, o a un Mundial (¿Alemania 2006?). Interesaría mucho conocer cuál fue su participación en aquel sistema de pauta publicitaria que un empleado de la FEF gestionaba ante una empresa pública de Quito. sistema que favorecía a quienes tenían cierta actitud ante la dirigencia y del cual, si Dios quiere, nos hemos de encargar en una futura entrada de este blog. En fin, el rabo de paja no se puede esconder tras la toga de fiscales y justicieros.