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Mi Código (O)deontológico

Saludos. Salto a la cancha profesional aplicando estos principios que la vida, no una universidad carera y aburrida, me enseñó. Están advertidos.

1. La fama es cuento. El que más la busca, más lejos la tiene. Los famosos de verdad (pocos) que conozco en este camello son tipos que, irremediablemente, siguieron una línea de autenticidad y talento, sin ponerse como meta firmar autógrafos o que les saluden en el supermercado . Acá, más que nunca, se aplica el refrán “el que muestra el hambre, no come”.

2. Evitar las “primicias”. Si le aceptas “una exclusiva” a alguien (empresario, dirigente, técnico, jugador) estás entregado a pagarle con tu integridad. Mis profundas investigaciones personales establecen que el 98% de las “exclusivas” son producto del amiguismo. No te luces como periodista, sino como recadero. Primicias, sin comillas, no son esos datitos sueltos, noticias de poca monta. Primicia es ayudar a pensar desde un comentario, una opinión.

3. Mantener distancia. Veo con recelo a los coleguitas que no se pierden un cóctel, una invitación de la empresa de moda. Descreo de las cofradías, agremiaciones, más por razones de moral personal que por otra cosa. Si tienes que reunirte con un jugador dirigente, técnico, lo haces a la luz del sol y, si es posible, con testigos y pagando la cuenta del café.

4. Estar para todas. Es chévere que te citen, que te pidan una opinión. Diría que es hasta orgásmico y reivindicador. Pero el rato que la cagues, tampoco andes pidiendo indulgencia ni justificándote. Mucho menos escondiéndote. Acepta cualquier crítica, por ruda o despiadada que parezca.

5. No mezclar periodismo con RR.PP. Los periodistas que blanden sus cuentas de publicidad como principal razón para que los contraten no son periodistas. Son, en el mejor de los casos, relacionistas públicos. Y ya ha quedado demostrado que las RR.PP. son una mutación anormal del periodismo. Proyecta tu capacidad, tus valores personales y profesionales.

6. Desmarcarte de “el poder”. El rato que te crees un “líder de opinión”, si piensas que tus 23934949 seguidores validan cualquier cosa que digas, la cagaste. Si existen los “referentes”, los “maestros”, uno ha de esperar que sea el resto quien nos endilgue semejante insulto. Periodista que se respeta, duda cuando lo nominan en esos concursitos hechos hacen para ganar clicks y guardar datos personales de los “votantes”. Periodista que se respeta, no cree cuando gana esas encuestas.

7. Somos fichas y fusibles. De la misma forma en que nos contratan,nos botan. No hay que apostarlo todo por la amistad con el dueño, director o gerente. En el fondo, hay que tener claro que somos simples obreros y que, cuando no sirvamos o les caigamos mal, nos pondrán de un patazo en la calle. Y, si eso pasa, hay que asumirlo con grandeza.

8. Jamás reclames reconocimiento. Si algo dentro tuyo te obliga a reclamar crédito o figuración por un trabajo, posiblemente no lo hiciste bien. Las cosas con calidad se venden solas, llevan tu sello implícito.

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Cuadernos de la Copa América (I). Entre “corruptos” e “idiotas”

¿Qué hay detrás de la defensa a ultranza y del blindaje al DT de la Selección. Sin duda, la participación en juegos de poder (aunque sean mínimos) capitaliza el trabajo de un buen sector de la prensa. 

Quinteros, parece, olvida que ya no conduce a Emelec, sino a la Selección.

Quinteros, parece, olvida que ya no conduce a Emelec, sino a la Selección. (foto de EL COMERCIO).

Gustavo Quinteros ha dicho que “hay empresarios del fútbol que tienen contactos con el periodismo corrupto y que inventan”. También invitó a “no dar espacio a los idiotas”, en referencia a quienes hablaban de su inminente salida de la Selección.

Complicada labor la de este técnico, que le ha dedicado más tiempo a las supuestas conspiraciones mediáticas que existen en su contra, antes que a la autocrítica. Una maniobra que puede entenderse, planteadas como están las cosas.

Quinteros, por sus múltiples ocupaciones, jamás dirá quienes son parte del “periodismo corrupto”. Comete el error de generalizar. Lamentablemente, esta actitud no sorprende. Es parte del Ecuador de hoy, donde pensar opuesto y expresarlo es razón suficiente para ser objeto de descalificación. Es el país de las confrontaciones, de la grieta entre quienes dicen “blanco” y quienes dicen “negro”. A toda escala.

Hace mal el técnico. Olvida que ya no dirige a Emelec, Blooming. Actúa igual que cuando acusó a Roddy Zambrano de las derrotas de su equipo. A escala local, aunque impropias, estas salidas de tono son entendibles. Pero dirigir a una Selección es otra cosa, hay una representatividad que no puede ser obviada.

Esta postura desafiante, estridente del DT tiene antecedentes en el Bolillo Gómez. El colombiano, sobre todo después de la clasificación al Mundial 2002, mandaba a volar a quien osaba cuestionar su omnipotencia. Desde Carlos Villacís hasta Rodrigo Paz pasaron por su lengua.

El Bolillo, un ejemplo de impunidad que está a punto de ser igualado.

El Bolillo, un ejemplo de impunidad que está a punto de ser igualado. (Foto El Comercio).

Pero era el Bolillo. Un técnico, se quiera o no, trascendente para la historia del fútbol ecuatoriano. En cambio, Quinteros todavía tiene mucho que hacer si quiere llegar a ese sitial. Honestamente, no creo que llegue.

Pero, igual que el Bolillo, Quinteros también tiene sus corifeos. Un grupo periodístico que se ha abanderado con el “proceso” y cuyo esfuerzo diario se divide entre destruir todo lo que signifique el pasado reciente (Rueda, Vizuete) y aplaudir con arrobo de fan enamorada cualquier cosa que diga el nuevo DT.

No me cabe en la cabeza la posibilidad de que Reinaldo Rueda se refiera al “periodismo corrupto”. El colombiano, objeto de una cacería feroz que solamente bajó banderas con la clasificación al Mundial, tenía el gran mérito de dar la cara, aún en los momentos complicados (la eliminación de la Copa América 2011) y deslizaba inconformidad por la falta de reconocimiento a su trabajo solamente off the record. Nunca se dio el lujo de ahondar en diferencias, se manejo con admirable dignidad.

Pero hoy, cuando ya no está y no puede defenderse. Rueda ha pasado a formar parte de aquello que hay que olvidar y dejar atrás. Y quien, según un sector del periodismo, hará llover maná del cielo y es portador de la piedra filosofal es Quinteros.

Rueda, el culpable de todo lo malo. Claro, se lo dicen cuando se fue y no puede argumentar. (Foto El Comercio).

Rueda, el culpable de todo lo malo. Claro, se lo dicen cuando se fue y no puede argumentar. (Foto El Comercio).

¿Qué hay detrás de este abanderamiento con el hoy DT? Por currículo, Quinteros no tiene mayor cosa que ofrecer. Digamos, para no entrar en detalle, que aún dentro del medio local hay técnicos con mayor experiencia, conocimiento del fútbol ecuatoriano en sus múltiples dimensiones. Y si ponemos, face to face, el CV del argentino con el de Rueda, el del anterior técnico resulta superior.

Detrás de la defensa al “proceso” (de explicar esta palabra me encargaré en una futura entrega) hay más esperanzas que realidades. Esto, en el caso de quienes creen que su estilo futbolístico se trasplantará del Capwell a Monteolivo en forma exitosa. Pero noto que hay un sector que está con Quinteros porque estar con él significa acceder al poder.

Pasó lo mismo con el Bolillo. Aún en los momentos más impresentables del colombiano, nunca le faltó un periodista que saque la cara por él. Que hasta justifique lo injustificable. Hoy, lamentablemente, pasa lo mismo, pero con el agravante ya expuesto de que (todavía) Quinteros no es nadie en la historia de la Selección.

El acceso al poder, hoy, consiste en tener la notita, el número del celular del profe, almorzar con su cuerpo técnico, tener “la primicia” del uñero que X jugador sufrió en la última práctica.  Hay periodistas felices de que el DT escuche o lea la defensa que de él hacen, aún cuando haya mucho por observar. Por eso, no había que sorprenderse el aplauso masivo que de este sector recibió Quinteros cuando descalificó a quienes, supuestamente, lo quieren ver fuera de la Selección.

Pero, la historia ha visto, que estos personajes son los primeros en saltar del barco cuando empieza a hacer agua. Se distancian y buscan un personaje a cuya sombra vivir, hasta que venga otro. Así, sucesivamente.

Por eso, cuando Quinteros comience a flaquear (no puedo predecir el momento en que suceda, ojalá sea lo más después posible del 2018), no faltarán quienes abjuren de este presente. Si a Chiriboga, quien les hizo conocer el mundo y al cual sirvieron incondicionalmente ahora le dicen horrores, todo se puede esperar.

Mañana. Cuadernos de la Copa América (II). ¿Cuál proceso? 

Tres…cinco…ocho patadas

Javier Mascherano sale en el carrito ambulancia. Un hecho usual y repetido en cada partido. De repente, todo se vuelve anormal. Hay forcejeo, gritos y el partido Ecuador – Argentina pasa a segundo plano, porque se arma una pelotera alrededor del mencionado carrito, fuera de la cancha.

Quienes estaban en el Atahualpa y son gente de fútbol de verdad, saben que el carro lo maneja Juan Paredes, Juanito, el hijo de Don Paredes, el mítico cuidador del estadio de El Batán. Pero Juanito tiene historia propia, no es ningún improvisado: es el técnico campeón del fútbol colegial. Dirige al equipo del Instituto Nacional Mejía, el Patrón, tan popular como el Aucas.

Luego, la TV ampliaría. Mientras estaba acostado en la camilla, Masche la emprende a patadas con Paredes. Son exactamente tres. El escandalete insumió siete minutos, que enfriaron a Ecuador y que el árbitro descontó.

Ya Juan era personaje, tanto o más que cuando fue campeón colegial. Todos nos impusimos la meta de encontrarlo (algo no tan difícil, es ubicable) y, claro, hacer la nota.

En Últimas y El Comercio lo hicimos también. Y la consigna fue: no hacer lo mismo que el resto

¿Qué presentaron?

Veo las portadas de los rotativos populares Extra, Súper y Últimas. Todas resaltan a Juan Paredes.

Pero Extra y Súper venden la misma idea que, en resumen es contarnos lo que todos vimos el MARTES, casi 48 antes de que circulen estos periódicos.

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Lo llamativo es que ambos titulan igual. Sin embargo, para Extra fueron más patadas (8) que para Súper (5). Ninguno es fiel al video.


Se notan claramente TRES patadas. No hubo tiempo para cinco u ocho (Cortesía Fútbol para Todos)

En Últimas, con Mauricio Bayas, el reportero encargado, preferimos dar el giro por la reacción posterior que tuvo Mascherano sobre el tema y enfocarlo por lo que Paredes pensaba sobre las disculpas que el argentino pidió. Creo que fue una forma  distinta de salir de un tema que ya estaba quedándose colgado.

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Pero lo de El Universo no se justifica. Titula un JUEVES con las disculpas que Mascherano dio el MARTES. Nulo seguimiento a la pista, no aportaron nada bueno y vendieron como nueva una noticia rancia.

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¿Qué opinan ustedes?

PD: Esta es la primera nota de análisis periodístico. No crean que me dedicaré a lanzar flores a lo que hacemos en El Comercio y Últimas. También serán motivo de crítica cuando amerite. No tengo obligación de quedar bien con nadie.